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| Redacción
infanciahoy.com, Argentina
Jueves, 13 de enero del 2011

¿FALTAS DE ORTOGRAFÍA O NUEVO LENGUAJE?

Años atrás, las mamás asociaban las faltas de ortografía de los chicos con el escaso apego a la lectura.


Algunos adultos mal llevados con las reglas se justificaban con un contundente «no me someto a normas impuestas».

Tranquilos todos. Hoy hay dos muy buenas coartadas: los sms y el chat.

Algunos docentes se parecen ya a los egiptólogos, o a los farmacéuticos, a la hora de corregir monografías y exámenes.

Sí, para muchos chicos, apócopes, abreviaturas, signos, íconos, neologismos y la nueva —o inexistente— puntuación, forman parte del lenguaje regular, han escapado de las pantallas. Las horas, y horas, en la computadora y los celulares les borraron la frontera.

¿Es un problema?

La biblioteca se divide en este punto, como en casi todos.

Para muchos, el lenguaje es un sistema vivo, y como tal nace, crece, se reproduce, envejece, muere. Tal vez, sea parte de muestra naturaleza ir abandonando algunos, asociando, ganando otros.

Los lenguajes, y la música, reproducen la geografía de los lugares y los ritmos de las personas que los habitan. Como no iba tener una huella en el nuestro las nuevas, e impactantes, formas de comunicación a las que asistimos. Tal vez, solo, se trate de una aceleración del proceso «natural».

Sabido es, que no prospera ninguno que no sirva para entrelazar personas (si lo sabrá el esperanto).

Otros analistas temen que provoque un efecto de encapsulado, que los encierre y solo les permita comunicarse entre pares.

Otros otros dirán que es causa y efecto de un esquema de pensamiento. Ponen como ejemplo la «facilidad» que tienen los alemanes en la filosofía por la posibilidad de unir palabras que su idioma permite. Esto genera un impacto al nivel de la asociación de ideas.

El grupo de los primeros tal vez replique que el inglés sería la suma de las faltas de ortografía del alemán.

Las estadísticas y los peritos internacionales en educación internacionales sostienen que el país más integrado digitalmente es Corea.

Es muy interesante ver las ¿aulas? —no son aulas, al menos no en términos argentinos— con decenas de pequeños, muy pequeños (alrededor de 6 años) conectados con el docente y, sobre todo, entre sí. Aprenden «leyendo la hoja» del de al lado, y del otro, y del otro…

Este esquema, sostenían, reproduce el cerebro humano. Cada chico hace las veces de pequeña neurona, multiconectada con las demás. Esas interacciones dispararían el progreso de ideas que, de forma individual, quedarían demoradas.

¿Hacia dónde lo disparan? no se sabe.

Siguiendo este plan de asociaciones, la sociedad digital acelerará los procesos de un modo semejante al provocado en la historia por la aparición de las ciudades y, dentro de ellas, un espacio decisivo: el bar.

¿Por qué? Porque allí se encontraban, sin proponérselo, gentes de distintos lugares, experiencias y saberes. Ese intercambio de bagajes enriquecía al conjunto.

Algo de esto pasará con nuestros chicos «conectados». Seguramente, el cambio en el lenguaje es una, y solo una, de las manifestaciones de estos nuevos consumos culturales, de estas nuevas tecnologías de la comunicación.

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