Noticias del español

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| Sara Domínguez Martín
sevilla.cafebabel.com, España
Lunes, 25 de febrero del 2008

FACTOR HUMANO 2008: EMILIO LLEDÓ Y LAS PALABRAS

Emilio Lledó Iñigo nació en Sevilla hace ya 81 años, pero se mantiene joven. Este filósofo es, quizás por encima de todo, un amante del lenguaje; mide y degusta cada palabra y consigue que quienes le escuchan disfruten de su discurso como del mejor de los platos. Y no porque sea un lenguaje complejo y poético, sino todo lo contrario, por la precisión y naturalidad con la que expresa las ideas más abstractas. Es uno de esos buenos ejemplos que corroboran que no es cierto que alguien sepa más cuanto menos se le entiende.


De talante más que optimista, Emilio Lledó comienza su conferencia con una advertencia: «Que no os convenzan de que la vida es hoy peor que nunca… no, no, no… Yo he vivido ya muchos años y os puedo asegurar que esto se ha dicho siempre y que la vida, ahora, es mucho mejor que antes. A pesar de la brutalidad, la violencia y la barbarie del ser humano, no tenemos derecho a dejar de luchar por la vida, por el amor, por la palabra… no tenemos derecho a perder la esperanza, porque no es tan cierto que mientras haya vida haya esperanza como que mientras haya esperanza habrá vida».

Y, ¿cuál es la clave del progreso, de la vida? La palabra. Porque «somos humanos por el ejercicio de la palabra», nos asegura. Y sobre la palabra discurre su discurso, el lenguaje como hilo conductor de la vida. «El mundo está lleno de lenguas maternas, pero no son ellas las que nos definen, sino las lenguas matrices». Esas lenguas matrices, más allá de las fronteras que las lenguas maternas marcan, son «la huella dactilar de nuestro ser, propia de cada cual». Y esta variedad de lenguas matrices es lo que, según Lledó, enriquece al Mundo.

«La escritura nos permite dialogar con las lenguas matrices del pasado, con Kant, con Descartes… Y el habla nos permite hacerlo con las lenguas matrices que nos rodean». Por eso, la diversidad no es un impedimento al estilo del planteamiento que muchos tienen de la Torre de Babel, sino una posibilidad de enriquecernos. Encontrar los puntos en común que nos permiten comprender al otro para, a partir de ahí, conversar con cada individuo, dialogando con otras lenguas matrices, con otras personas.

Europa, aunque de eso Lledó no habló, es un claro ejemplo de la búsqueda de la unión no en la unificación sino en el enriquecimiento que desde la diversidad se puede alcanzar cuando existe un entendimiento. Lo es, o al menos puede serlo.

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