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| Agencia Efe

Expertos económicos defienden su papel para explicar bien la crisis

Los economistas que han participado  en el Seminario de Lengua y Periodismo han defendido el papel que juegan los expertos en la correcta explicación de la crisis y sus consecuencias, aunque han admitido que, para ello, deben usar términos menos técnicos.

Victor Márquez, José Carlos Díez, Lucía Méndez, José Ignacio Conde-Ruíz y Soledad Gallego-Díaz (de iz. a dr.) Foto: © Agencia Efe/Abel Alonso

Victor Márquez, José Carlos Díez, Lucía Méndez, José Ignacio Conde-Ruíz y Soledad Gallego-Díaz (de iz. a dr.)
Foto: © Agencia Efe/Abel Alonso

En ello han coincidido el subdirector de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada, José Ignacio Conde-Ruiz; el director de Comunicación del Banco de España, Víctor Márquez; y el economista jefe de la agencia Intermoney, José Carlos Díez.

Los tres han participado en la mesa redonda «De la jerga técnica al lenguaje común», celebrada en el VIII Seminario Internacional de Lengua y Periodismo «El lenguaje de la crisis», organizado por la Fundéu BBVA y la Fundación San Millán de la Cogolla.

Conde-Ruiz ha reconocido que entre los economistas hay una corriente que defiende que esta ciencia es demasiado compleja para el público en general y que tratar de simplificarla podría confundir a la población.

Frente a ella, ha indicado que él participa de otra corriente que aboga porque los expertos «sean útiles y participen en el debate público», aunque «con cuidado y honestidad».

Cree que debe tenerse en cuenta que la ciencia económica y los economistas tienen «limitaciones», así como que trabajan sobre modelos que pueden ser erróneos, que en otros casos no se pueden comprobar y, además, tampoco saben de todo.

Pero, con esas limitaciones, ha defendido la aportación que pueden hacer los expertos a la sociedad, porque, hoy, «la economía nos afecta a todos; que sepamos o no determinada ciencia da igual».

«Las decisiones económicas de los políticos nos afectan a todos», ha insistido y ha defendido que «una sociedad mejor informada sabrá mejor diferenciar entre las medidas que aplican los políticos».

Díez ha asegurado que es «difícil» combinar «la parte divulgativa y la académica» en economía por la carga de «responsabilidad» que tiene la palabra y porque «los técnicos nunca asumimos la responsabilidad».

Pero, ahora mismo, cree que es necesario «contar la verdad» y «lo enmarañado que está todo» para intentar extraer conclusiones y anticipar consecuencias de futuro.

Méndez ha detallado los «códigos» en los que una institución como el Banco de España «empaqueta» la información que transmite y ha reconocido que el mensaje que transmite «no es apto para el común de los mortales», y hay muchas posibilidades de que «los medios de comunicación cometan errores».

Ha señalado que, a la hora de transmitir una información, el Banco de España tiene en cuenta una vertiente institucional, porque es una institución; otra legal, porque es «un regulador»; una económica, «con sus propios tecnicismos»; y otra de su propio sector, porque es un banco.

Por ello, el Banco de España tiene una «gran preocupación» por asegurar que sus mensajes llegan al público de forma íntegra, para lo que ha profundizado en sus medidas de transparencia a través de su web y en cursos y seminarios para periodistas, ha dicho.

En la mesa redonda también ha participado el catedrático de Lengua Española Salvador Pons, quien ha aludido a la retórica en la crisis y ha defendido que, en esta situación, en vez de producirse mensajes bidireccionales «entre un proponente y un oponente», solo los hay en una dirección.

«Estamos en una lucha en la que no hay igualdad; por un lado hay uno que tiene un arsenal (de lenguaje), y en el otro lado nadie se defiende», ha asegurado.

En esta crisis, ha dicho, se ha producido «una retórica orientada hacia abajo» y se han introducido en la sociedad expresiones como apretarse el cinturón y tras la borrachera, viene la resaca.

Se trata de una retórica que «no es democrática», sino que se basa en «la moral, la culpa y el sentido común» y, «por eso, es muy convincente, pero también peligrosa», ha concluido.

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