Noticias del español

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| Marcelo Arduz Ruiz, de la Academia de la Lengua
laprensa.com.bo, Bolivia
Viernes, 5 de febrero del 2010

ETIMOLOGÍAS: CURIOSIDADES EN EL LENGUAJE

AYMARA


Palabra creada a inicios del siglo XVII por el misionero jesuita Ludovico Bertonio, aunque sin referirse en principio a ningún grupo étnico en particular, sino para rescatar el vocabulario del llamado J’aque Aru o lengua del Hombre, que siglos más tarde Emeterio Villamil de Rada, en su libro La lengua de Adán (1881), considera la Lengua Madre de todas las demás, nacida de «la nada» en la milenaria Tiwanaku.

La zona geográfica que ocupaba esta civilización ha sido relacionada en diversas épocas a las Sagradas Escrituras, refiriendo los mitos que fue el centro de la creación del mundo y en tiempos del Diluvio se construyó allí el Arca de Noé o patriarca Ñoqqe (junto a otras arcas menores «en las que se salvaron las reliquias de la religión») que tras una larga travesía fue a parar a la otra orilla del océano.

El destacado investigador Carmelo Corzón Medina, en una serie de lúcidos artículos publicados en la prensa nacional, señala que la floreciente civilización de sacerdotes y sabios de la Huiñaymarka (Ciudad Eterna) fue invadida y destruida por las tribus aymaras procedentes del norte de Chile, que luego de establecerse alrededor de sus ruinas, terminaron adoptando su idioma, cultura y religiosidad, de la misma manera que los romanos en relación a la antigua Hélade.

La leyenda refiere que Tunupa (el «Cristo Andino» que se dice fue crucificado a orillas del lago Titicaca) petrificó a Tiwanaku y castigó a los invasores transformándolos en monolitos, prometiendo al marcharse por el río Desaguadero volver pasados los siglos. Sin embargo, la misma leyenda cuenta que el mismo Tunupa anunció que, tras una larga etapa expiatoria, había reservado para los aymaras en el porvenir una misión muy elevada en la salvación del planeta, en la cual recuperarían su antiguo señorío espiritual.

Algunos cronistas describen a este enigmático personaje como un Apóstol de Cristo y Antonio de la Calancha supone que se trataría del mismo Jesucristo, que tras la huida a Egipto pasó a tierras americanas a predicar la doctrina de la Cruz, antes de retornar al Viejo Continente a cumplir el designio divino. Sin duda, se plantea aquí uno de los mitos más inquietantes de todos los tiempos, pues aunque ciertas corrientes deducen que durante ese tiempo estuvo en la India, a la vez es posible que este criterio corresponda a la inicial interpretación de los «descubridores» que creyeron arribar a tierras del Oriente y no americanas.

Fundados en estos mitos, hay escritos que citan a los aymaras como la tribu perdida de Israel, es decir, el pueblo extraviado o condenado a vivir como parias por remotas latitudes, señalando entre otras afinidades, los cabellos largos que llevaban sus sacerdotes a la manera de nazarenos; algunos vocablos de similar pronunciación y significado; el fuego sagrado que encendían delante de sus wacas; los sacrificios animales que ofrendaban en sus altares; el entierro de los muertos con toda su riqueza y finalmente (de la misma manera que los hebreos) que cometieron idolatrías e ingratitudes para con Dios.

Sin embargo, las corrientes que sostienen que el Nuevo Mundo es el más antiguo, desde el cual inicialmente la humanidad se fue expandiendo por todo el planeta, señalan que de la misma manera se podría pensar que los judíos son la tribu aymara extraviada por lejanas tierras, que rescató en el Antiguo Testamento los mitos provenientes de otras culturas en relación con la creación del mundo, el paraíso y el diluvio universal, difundiéndolos entre los pueblos del mal llamado «Viejo Mundo».

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