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| Marcelo Arduz Ruiz, de la Academia de la Lengua
laprensa.com.bo, Bolivia
Viernes, 26 de febrero del 2010

ETIMOLOGÍAS

Bacanal y báquico


BACANAL.- En la mitología griega eran las fiestas de las Bacantes, vestales que oficiaban los misterios del dios Baco —una de las deidades más importantes del parnaso romano—, en los que coronadas de flores corrían de un lado a otro, bailando, cantando y exclamando: Evohe, Bache, Evohe (Muy bien, valor Baco, hijo mío), grito que rememora a Júpiter incitando a los dioses del Olimpo, encabezados por el hijo, en su lucha contra los gigantes.

Su culto fue muy difundido en Grecia, Roma y Egipto, consagrándose numerosas fiestas en su honor, como las grandes dionisias, agrionias y principalmente las Bacanales, en las cuales solamente se admitían a iniciados que juraban no revelar a nadie sus secretos. Al interpretarse en la fecha representaciones líricas y teatrales, Baco se convirtió en Protector de la comedia y dramaturgia griega, alcanzando difusión la máscara sonriente con sarcillos de uva, similar al de la Casa de la Moneda de Potosí. Sin embargo, al salir la festividad del recinto sacro para desbordarse por las calles romanas en desfile de carruajes y doncellas que bailaban semidesnudas, dieron lugar a excesos que atentaban contra la moral y buenas costumbres, por lo cual el Senado las prohibió el año 186 a. C.

A raíz de la denuncia de una vestal que quebró su juramento, se descubrieron más de 700 cómplices entre hombres y mujeres, quienes como escarmiento fueron ejecutados en la vía pública. No obstante, a partir de entonces la palabra quedó en el léxico como sinónimo de orgía desenfrenada o festín licencioso.

Se dice que los actuales carnavales tienen su más remoto origen en las Bacanales, seguidas por las Saturnales. Según Ovidio, Baco influyó en las estaciones al morir en invierno para resucitar cada año con la vegetación, por lo cual al inicio de los antiguos carnavales en Tarija se liberaba a Baco, que en un desborde de alegría repartía granos de uva y copas de vino. Simpática tradición que en los últimos años ha sido reemplazada en la capital del vino y la sonrisa por la grotesca costumbre (aunque solamente sea en broma) de soltar al diablo para que cometa sus fechorías…

BÁQUICO.- Relativo al culto del vino y de Baco, dios alegre y bonachón de las viñas, la naturaleza, la poesía y el éxtasis, al cual se atribuye la invención del vino. Según la leyenda, cierto día encontró una plantita delicada de leves brotes verdes, que para protegerla la cobijó en un hueso de pájaro, pero al crecer rápidamente la trasladó a un hueso de león, que también pronto resultó insuficiente, por lo cual la introdujo en un fémur de mulo, donde dio sus frutos que Baco supo transformar en vino, comprobando maravillado que el licor había conservado las cualidades de los seres que le cobijaron en sus huesos: …¡alegría, fuerza y estupidez!; por lo cual se dice que al beberlo se experimenta primero la dicha de un ave; inmediatamente después la fuerza y astucia de un león; pero si se abusa de la bebida aguarda inevitablemente el embrutecimiento del jumento.

Baco recorrió la India y otros pueblos enseñando la bebida de los dioses a los simples mortales, que hasta entonces tenían que conformarse con aguardientes de cereales, luego relegados a los bárbaros. En la pintura, se suele representarlo con aspecto joven y jovial, coronado de hiedras, portando una copa de vino o racimos de uva con frutas. Entre los más célebres lienzos, destaca el Triunfo de Baco, de Velásquez, en el Museo del Prado, en Madrid.

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