Noticias del español

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| Elfidio Alonso
La Opinión de Tenerife, España
Sábado 04 de abril de 2009

ETIMOLOGÍA DEL FANDANGO

El cubano Fernando Ortiz, en su Glosario de afronegrismos, define el fandango como «cierto baile alegre muy antiguo y común en España», siguiendo al Diccionario de la Real Academia. También recoge las acepciones de «pendencia», «riña», «alboroto», «desorden», en el sentido de «se armó un fandango», lo mismo que en Canarias como ya hemos visto.


Como Selva repara en el sufijo despectivo ango, que encaja bien en los significados de pendencia y alboroto, cabe preguntar si primero fue el baile y luego el jaleo; o bien sucedió al revés, como da a entender Ortiz: «Acaso sea ésta realmente la acepción propia y luego se aplicaría el vocablo a cierto baile, por lo agitado».

En cuanto a los orígenes del vocablo, algunos autores como Calandrelli (Diccionario etimológico) optan por considerar que tiene procedencia árabe (de tuntuq + fondoc = caraván, serrallo). Y añade Ortiz: «Parece confirmar esta etimología árabe la voz alfandoque que, según Cuevo, significa en Colombia «un canuto lleno de semillas o piedrecitas que acompañan el baile bambuco, diferenciándose de la maraca en que ésta es de calabazo o güiro».

Para el Diccionario de Autoridades el fandango fue introducido en España por los que han estado en los reinos de las Indias. Y, según Cotarelo, la introducción debió producirse a finales del siglo XVII. De ahí que no se mencione en los entremeses ni en los bailes anteriores. Tampoco en el Tesoro de la lengua castellana, de Covarrubias. Sin embargo, más adelante, Fernando Ortiz llega a decir que el origen indiano del fandango parece negar la etimología árabe, para luego optar por la procedencia africana, que cuenta «con una verosimilitud aceptable».

El sabio cubano pasa a analizar algunas formas como fandanga (voz congo), participio de funda, que significa «sentarse a estilo de sastre», o «acusar ante un tribunal», vocablos cuya relación con el baile confiesa no haber descubierto, «como no sea la referente a la actitud de los espectadores sentados alrededor de los danzantes o bien alrededor de los jueces o litigantes en asambleas públicas».

Más fácil es suponer una etimología mandinga, añade Ortiz, cuando repara en la voz fanda (convite) seguida del despectivo ango. Dada la notable presencia mandinga en la España de los siglos XVI y XVII, «esta terminología nos parece aceptable», acaba diciendo Fernando Ortiz, cuando deduce que el término fandango equivaldría a «fiesta donde se come, fiesta de convite y diversión; algo así como un te dansant de estos días que corren entre gente blanca; y de ahí al baile hubo breve paso semántico». Dando por válida esta bien razonada hipótesis de Fernando Ortiz, el término fandango habría pasado de España a las Indias, para luego retornar con nuevos elementos coreográficos y musicales.

De ahí que el vocablo no fuera recogido por Esteban Pichardo en su Diccionario provincial (Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1985), cuya primera edición data de 1836. Ni tampoco figure en la Lexicografía antillana, de Alfredo Zayas (La Habana, Imprenta Siglo XX, 1914).

Menos verosímil nos parece la hipótesis de que fandango provenga de fado (canción y baile populares en Portugal, lanzada por Corominas en su Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (Edit. Gredos, Madrid, 1980-1991). Salta a la vista que, por lo dicho, no encaja en el planteamiento realizado por Fernando Ortiz, lógico y brillante a la vez.

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