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Yorokobu (N.º 15). España

Febrero 2011

ESTO SE SABE DESDE LOS TIEMPOS DE LA TORRE DE BABEL


Ilustración Luis BLos hombres, cuando se comuni­can, cuando se entienden, pueden llegar a hacer cosas tan heroicas como construir un torreón que llegue hasta el cielo. Cuando no se entienden, en cambio, no tienen nada que hacer. Por eso, la torre nunca llegó al cielo. Porque Yahveh hizo que cada hombre hablara un idioma distin­to cuando aún quedaban muchos ladrillos que poner.


 Hubo un tiempo, hace miles de años (independien­temente de lo que cuente la Biblia), que los idiomas empezaron a crecer por el mundo. Hubo un tiempo des­pués, hace unas décadas, que las lenguas comenzaron a desaparecer (250 desde 1950, según la UNESCO).

Muchas palabras morían para siempre. Pero nacía otra forma de hablar. Eran los lenguajes de signos. El filósofo austriaco atto Neurath conocía la moraleja de la leyenda de Babel. Pensó que un lenguaje de símbolos sería com­prensible para todo el mundo, independientemente de su lengua natal, y se afanó en inventar un idioma que todo lo contaba en dibujos. Lo llamó Isotype (International System of Typographic Picture Education), allá por 1934, y con el tiempo se convirtió en el impulsor de la señalítica moderna o, dicho de otro modo, la prehistoria de ese lenguaje que hace que una persona, hable el idioma que hable, sepa a qué baño tiene que entrar en un aeropuerto con solo mi­rar el dibujo de una señora o un caballero en la puerta. 

En aquel tiempo las máquinas comenzaban a estar por todas partes. Empezaban a hacerse irremplazables y, entre ellas, los ordenadores en su estadio más primitivo. Tanto fue así que empezaron incluso a tener sus propias len­guas. En 1960 nació el primer lenguaje informático, Cobol. Llegaron después Basic, Java, SNUSP, SPL (Shakespeare Programing Language o un intento de hacer un código fuente dotado de belleza)… Y hoy, a diferencia de los len­guajes humanos, los informáticos van en aumento. 

Los ordenadores no solo tienen sus lenguajes pro­pios de programación. Están cambiando la forma de hablar, escribir y comunicarse de los humanos. 

No hace tanto tiempo que los cambios en el idioma se dejaban ver, antes que en ningún otro sitio, en los medios de comunicación. La Agencia EFE y BBVA lo sabían y, por eso, en 2005, crearon una institución sin ánimo de lucro, llamada Fundéu BBVA, para «contribuir al buen uso del idioma espa­ñol en los medios de comunicación». En cinco años la fórmula ha caducado. Donde más se ve ahora la evolución del idioma es en la Red, en las tabletas, en los dispositivos móviles… 

La Fundéu lo sabe. Su director, Joaquín Muller-Thyssen, también. Un día de octubre de 2009 Muller-Thyssen y el pe­riodista Mario Tascón se encontraron en Argentina. Estaban en el II Congreso Internacional 'El Guarani Idioma Oficial del Mercosur'. Hablaron de todo esto. Las redes sociales y los blogs iban más rápido aún que los medios de comunicación en su afán por adaptarse a los nuevos usos comunicativos de las personas. «Hablamos de hacer un manual de recomen­daciones sintácticas, gramaticales, léxicas y semánticas del español en Internet y las nuevas plataformas», explica Tascón. 

La conversación se convirtió en proyecto y cuando se publique, dentro de pocos meses, será el primer 'Manual de estilo del español para el mundo digital y las redes sociales'. La obra, en coherencia con su filosofía, estará en la Red. Un documento que muestra que el lenguaje ha de estar vivo también. «Queremos que sea un laboratorio de observación de usos del lenguaje. Es un manual abierto que se revisará constantemente y fomentará el debate». 

Pero, además, según el consultor de proyectos en Internet, «tiene que estar en línea porque será fruto de la experiencia colectiva (aunque algunos contenidos estarán también en formato para imprimir). No va a ser una obra de uno o dos autores. Es una obra pública y participativa. Recogeremos los comentarios y recomendaciones que nos lleguen en las redes sociales y también habrá muchas piezas firmadas». 

El español se entiende aquí en toda su amplitud. No es solo cosa de España. En el manual participarán lingüistas, periodistas, editores… de Argentina, México, Perú, Chile, Venezuela, Estados Unidos y otros países americanos. 

Esa amplitud se extiende a otros tres aspectos. «No es un manual solo para escribir mejor. Es para comunicarse mejor», aclara Tascón. «No trata solo el lenguaje. Habla sobre la utili­zación de los iconos», añade. Y para el énfasis se guarda esta frase: «No es un manual normativo. Es de recomendaciones». 

Por eso, ni aprueba ni desaprueba. Recogerá lo que está pasando en las conversaciones de la Red. ¿Por ejemplo? Los emoticonos (secuencia de caracteres que expresa una emoción), emojis (dibujos japoneses utilizados en las conversaciones online) y signos de todo tipo que matizan y enriquecen las frases de los mails, los SMS y los social media. «El lenguaje de las redes sociales tiene mucho de oral. Por este motivo se utilizan tanto los emoticonos. En la comu­nicación oral es muy fácil ver los sentimientos, los juegos y las ironías que van con las palabras. En la comunicación escrita es más difícil. Los emoticonos añaden esa parte del mensaje que el lenguaje escrito no refleja», explica Tascón.

El manual no juzga El periodista, en cambio, hace una valora­ción. «Los ordenadores nos permiten comunicamos mejor que utilizando solo letras. Si tenemos más recursos, ¿por qué tenemos que ceñimos a las posibilidades de una máquina de escribir?». 

El periodista no solo acepta, y celebra, los nuevos usos del lenguaje cuando una computadora se mete por medio. Tascón habla de forma inusual sobre el uso que hacen del español los quinceañeros. «La escritura de los adolescentes es muy interesante. No utilizan puntos como acto de rebeldía. Nosotros lo hacíamos de otra manera. Ellos, ahora, lo hacen también mediante la escritura. Utilizan códigos propios que no entienden sus padres. Por ejemplo, emplean las siglas PM para decir: 'Padres mirando', Usan la k en vez de la q porque es más agresiva. La clave es distinguir entre lo que es una licencia y lo que supone un uso incorrecto de la lengua. La línea divisoria se sitúa entre lo que es comprensible y lo que no. Lo importante, en definitiva, es comunicarse».

Con signos, sin signos, con k, con q … El lenguaje está a las puertas de una época emocionante. Para Tascón esto es una «explosión de escritura pública y eso está haciendo que cada vez nos esforcemos más por escribir bien». Puede incluso que, si todos nos entendemos, la torre llegue al fin al cielo.

 

Por Mar Abad

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