Noticias del español

| María Crespo (El Mundo, España)

Esquirol, peluca, chiringuito… ¿pero, de dónde salen esas palabras?

No todo es arbitrario en el lenguaje. A veces, al conocer sus raíces, queremos más a las palabras. Como ocurre con todo lo que es más viejo que nosotros.

«He llamado a las cosas por su nombre, aunque el nombre rompa el hechizo», escribió el poeta José Hierro, como si al bautizar algunas cosas se hicieran más reales. Cuando arañamos en la piel de algunas y descubrimos su origen, se hacen más grandes. Decía Julieta a Romeo, «lo que llamamos rosa exhalaría el mismo perfume aún cuando de otra forma se llamase», para explicar que ciertas cosas -—as rosas, el amor también la alegría— son igual de verdaderas aunque cambien de nombre. Pero no todo es arbitrario en el lenguaje. A veces, al conocer sus raíces, queremos más a las palabras. Como ocurre con todo lo que es más viejo que nosotros.

1. Chiringuito

Ahora que Madrid es una sauna abierta hasta en la madrugada y que los urbanitas soñamos con terrazas y playas —y con aire acondicionado permanente— sepan que la palabra «chiringuito» viene de Cuba. Allí, en las plantaciones de café los trabajadores metían el café en una media y la apretaban para que saliera un chorrito. Al chorro lo llamaban chiringo. Luego se empezó a llamar así a los locales donde servían el café.

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