Noticias del español

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| Pedro G. Trapiello
diariodeleon.es, España
lunes, 27 de julio del 2009

ESPAÑOL SENTADO

Amablemente, Pedrín, dilo amablemente... ¿qué necesidad tienes de andar retorciéndote o luciéndote en palabros brutos y cultos o tacos malsonantes?... con los recursos que tienes te sobra todo esto... dilo amablemente...


… me dice esto a menudo y con afabilidad gente buena de los bancos más cercanos a este púlpito donde canto las mañanas, aunque siempre me gustó más ser un «cantamañanitas», de las mañanitas del rey David que «por ser tú tan bonita, te las cantamos a tí»… y me afean esta incontrolada manía mía de tender a lo tremendo y al exabrupto con estacazo al diccionario y patada en salva sea la parte.

No les falta razón… abuso y me pierdo en bocas… debería exigirme otro estilo, refinar lo crudo… pero les digo que muchas veces no puedo ni debo controlar cierta animosidad o desaire porque las cosas y esta vida acazurrada no dejan de darnos patadas también en la parte sin salvarla… y con bota herrada… o nos mean en el diccionario de las palabras sagradas.

A mis amables correctores les pido disculpas, pero alego en mi descargo que lo de revolverme o replicar es algo instintivo en todos los que tenemos canas en el pubis y el culo pelado de ir a bodas (y divorcios)… o que para tocar pitos y flautas sobran concertistas.

Ocurre, por otra parte, que en este púlpito he de hablar para gente muy diversa y tropa dispersa escribiendo a veces en broma, otras en lírico pedorri, algunas en confuso arameo babieco («si no puedes convencerles, confúndeles») y, siempre que puedo, en serio… y esto quiere decir cabreado… o encabronado… ¿puede hacerse de otro modo viendo lo que nos muestra la actualidad de cada día… o sospechando todo lo que se nos oculta?…

En fin, que viéndome obligado a tocar todos los palos por amenizar el programa y que la parroquia no se me duerma o se amuerme y me despidan, uno ha de hacer el pino o el payaso, trinar en vano como el jilguero enjaulado o poner boca de hacha…

… debe ser la condena de este oficio en el que ya he hecho casi de todo y en el que, al igual que Raúl del Pozo, «fui degenerando y me centré en el columnismo, esa furia y pedantería del español sentado».

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