Noticias del español

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| Daniel Verdú
El País, Madrid
Lunes, 5 de junio del 2006

ESPAÑOL POR SIGNOS PARA ESTADOUNIDENSES

Jóvenes sordos de la Universidad Gallaudet de Washington aprenden en Aranjuez el idioma de Cervantes.


Cada año unos 160.000 extranjeros vienen a España a aprender la lengua de Cervantes. Pero sólo 12 lo hacen sin la posibilidad de oírlo ni hablarlo jamás. Son sordos. Pero gracias a una iniciativa pionera España del CES Felipe II de Aranjuez, la Universidad Complutense y la Universidad Gallaudet de Washington, pueden aprender a comunicarse a través del Lenguaje Español de Signos (LES) y conocer las características culturales de nuestro país.


Una experiencia que, en el futuro, podría servir para integrar a decenas de inmigrantes que cada año llegan a España con problemas auditivos.

A las 11.30, 12 jóvenes cortan el aire con los afilados y expresivos gestos de sus manos en un aula del CES Felipe II de Aranjuez. Están aprendiendo algunos episodios del Cantar del Mío Cid en la clase de teatro. No paran de reírse. Su profesora también es sorda. Para que el periodista se comunique con ellos, Linda Thompson, su maestra de español en Washington, hace de intérprete.

Al principio son un poco reacios al contacto con los medios de comunicación. «Tienen miedo a que se frivolice su lenguaje, un código que para ellos lo es todo y que a veces para los que no lo conocen resulta un poco pintoresco», explica Carlos Rubio, el director del proyecto. Todos los presentes insisten varias veces en que no se use el término sordomudos para referirse a los alumnos. «No son mudos, no tienen ningún problema en las cuerdas vocales. Referirse a ellos así resulta ofensivo», advierte Rubio.

«Se habla mucho del español como lenguaje universal, pero a veces no se tiene en cuenta a la gente con discapacidades, del tipo que sean», cuenta el director del programa. «Ahora se trata de expandir el idioma de forma vertical y no horizontal. Hay que ir a grupos concretos que lo necesitan», arguye.

Además de las clases, el curso, que cuesta a cada alumno unos 1.600 euros, incluye varias actividades y excursiones. Los alumnos pueden entrar en contacto con sordos españoles, «la mejor manera», según ellos, de practicar el idioma.

El lenguaje de signos no está sujeto a la tradición lingüística de las regiones sino que viene determinado por la cultura del país. «En Noruega, por ejemplo», cuenta Rubio, «para decir azul se llevan el dedo índice al ojo». Así, por ejemplo, en España se usa un código totalmente diferente que en otros países de habla hispana. «El francés, por ejemplo, es más parecido al ASL (American Sign Language), debido a la mejor relación que mantuvo Estados Unidos con Francia durante la guerra de independencia y a lo poco que querían compartir con los ingleses», continúa Rubio.

Uno de los alumnos asiente y añade: «El LSE se parece más al hebreo en signos que al inglés». Es Shmuel Khorsandi, alumno de 22 años. Nació en Israel. Es hijo de judíos iraníes. Vivió hasta los 12 años en Tel Aviv. Su hermana también es sorda. Su familia decidió mudarse a los EE. UU. para que ambos recibieran una educación adecuada a sus características. Ahí aprendieron el ASL (American Sign Language) «En los EE. UU. la gente está más concienciada y acostumbrada a los sordos. Hay mucha más información sobre nuestro mundo. En otros países es más fácil ser mal interpretado», gesticula. Rubio lo confirma: «Estamos a mil años luz de las facilidades que tienen en los Estados Unidos. Ahí todos los colegios están obligados a tener un intérprete si tienen un alumno sordo». A pesar de ello, a Shmuel le gustaría venir a vivir a España en el futuro para trabajar como empresario.

La clase de teatro sigue. El curso está dividido en 40 horas de arte dramático y 40 de lenguaje de signos. Los chicos cada vez están más cómodos y con ganas de contar su experiencia española. Summer Crider, una chica californiana de ojos preciosos explica sus impresiones sobre el país. «En España los sordos tienen una historia más larga», explica mientras recuerda que quedó impresionada con la documentación que vio en la asociación de sordos española que visitó unos días atrás. «Pero la identidad de los sordos en España es menos fuerte que en otros sitios», matiza. Summer explica que el próximo verano volverá a España a una reunión mundial de sordos que se celebrará en Madrid.

Carlos Rubio lleva 30 años organizando cursos de español para extranjeros, pero está especialmente orgulloso de la iniciativa que le mantiene ocupado estos días. «Esto es lo que más me interesa ahora, reforzar los lazos solidarios a través de la enseñanza del lenguaje», explica. Para el año que viene, los organizadores quieren que jóvenes de otros países y universidades asistan al curso. Rubio está especialmente interesado en que vengan japoneses.

El examen de final de curso será la representación teatral del Cid, la más silenciosa de cuantas se hayan hecho.

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