Noticias del español

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| Lisandro Otero, director de la Academia Cubana de la Lengua.
Prensa Latina (La Habana - Cuba)
Jueves, 18 de mayo del 2006

¿ESPAÑOL O CASTELLANO?

Hace unos días de la BBC de Londres me pidieron que interviniera en un debate que no se agota sobre la denominación de la lengua que hablamos. ¿Debe llamársela español o castellano?


Algunos creen que español es solamente un gentilicio que denomina a los habitantes de una parte de la península ibérica. Otros estiman que llamarle español a nuestro idioma es un acto discriminatorio contra los demás idiomas que se hablan en España como el gallego, el vascuence, el valenciano o el catalán.


En realidad el idioma que originalmente se hablaba en la península ibérica era el latín, cuando esta se llamaba Hispania. Después de la conquista árabe, cuando se convirtió en el Califato de Córdoba, predominó el mozárabe que era una mezcla de latín y árabe. Se decía en mozárabe, en el siglo IX, conelyo, uello, nohte, senigor y kabalo que luego en castellano se convirtieron en conejo, ojo, noche, señor y caballo. Del mozárabe no se conservan documentos íntegros y resulta difícil reconstruirlo. El pueblo hablaba en romance. El dialecto castellano se mantenía en el norte y por su posición geográfica acopió las diversas tendencias del habla peninsular.

El más reciente Diccionario panhispánico de dudas aclara que español es la denominación más correcta de nuestro idioma. Castellano se reserva para el dialecto románico nacido en el Reino de Castilla durante la Edad Media o el dialecto del español que actualmente se habla en esa región.

El primer esbozo del español actual fue descubierto en unas plegarias halladas en el monasterio de San Millán de la Cogolla en el siglo X. Las famosas Glosas Emilianenses constituyen una reliquia fundacional que se refiere a Dios.

Dámaso Alonso señalaba este carácter religioso del español inaugural, en tanto que los primeros trazos del francés moderno se refieren a la política, hallados en textos de los nietos de Carlomagno, en Estrasburgo, en el año 842. Muy diferentes son los primeros conjuntos de palabras del italiano moderno que se remontan al año 960 y se refieren a un litigio por la propiedad de unas tierras. Así que el español nace religioso, el francés, político y el italiano, comercial. No en balde el emperador Carlos V solía decir que usaba el español para hablar a Dios y el alemán para entenderse con sus caballos.

Después el idioma se desarrolló con el Cantar de Mío Cid, de 1140, y más tarde aún con las obras de Gonzalo de Berceo, el Marqués de Santillana y Fernando de Rojas. Un paso importante hacia la institucionalización del idioma lo constituye la Gramática que Elio Antonio de Nebrija concluye hacia 1492 y la entrega a Isabel la Católica con la recomendación de que la lengua sea compañera del imperio. Es el año en que Colón llega al Nuevo Mundo y el idioma será una de las herramientas de la colonización americana.

Después Santa Teresa, Fray Luis, Cervantes, Quevedo, Garcilaso y Calderón le darán nuevos giros y brillos al idioma que ya es clara y definitivamente el español y no pertenece a ninguno de los reinos de la España primitiva sino a la nación donde se incubó y a los nuevas regiones de allende el mar que lo adoptaron.

El cardenal Richelieu tuvo la acertada visión de fundar la Academia Francesa para la confección de un diccionario que permitiese consolidar el idioma que venía imponiéndose desde que Ronsard y los poetas de la Pléyade comenzaron a usarlo con eficacia. En 1635 quedó fundada aquella sociedad literaria que, con el tiempo y la preponderancia francesa, se convertiría en el idioma de la diplomacia y la cultura.

Los ingleses no tuvieron tanta fortuna y hoy los editores del Webster´s, el más autorizado de los diccionarios de la lengua inglesa, tienen que asumir la responsabilidad de disciplinarla. Felipe V, primero de los monarcas Borbones en España, nieto de Luis XIV, tuvo la feliz ocurrencia de fundar la Real Academia Española, a semejanza de la creada por Richelieu.

Así que el debate quedaría zanjado favoreciendo la denominación de español por encima de castellano.

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