Noticias del español

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| J. Antonio Aspiros V.
www.yancuic.com, México
Viernes, 27 de julio del 2007

ESPAÑOL, ¿IDIOMA DEL FUTURO?

Con el escritor y Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez como centro de atención tanto de los participantes como de quienes siguieron el suceso a través de los medios, este año se celebró en Cartagena de Indias, Colombia, el IV Congreso Internacional de la Lengua Española (CILE); una lengua que tienen como idioma materno más de 400 millones de personas en el mundo.


Esa reunión sirvió para que las integrantes de la Asociación de Academias de la Lengua Española lograran nuevos consensos para unificar las reglas ortográficas en 23 de los países donde el español es idioma oficial —España, Filipinas y los de América Latina y el Caribe en su mayoría—, además de Estados Unidos, donde existen 25 millones de hispanohablantes. También en Guinea Ecuatorial y la República Árabe Saharahui (anexada por Marruecos) hablan español, pero no tienen academias ni participan en los congresos.

El tercer idioma más extendido del mundo se está difundiendo rápidamente en China (donde ya hay un periódico en español), Brasil (donde es desde 2005 el segundo idioma oficial), Japón e India; 48 millones de personas lo estudian en Europa y Asia. En el Reino Unido es la lengua extranjera que más se imparte en las escuelas públicas, mientras que en Polonia, Lituania, Eslovaquia, Hungría, Ucrania, Bulgaria, Croacia y Rusia, «sin duda… registra el crecimiento más dinámico» en tanto que otros lenguajes «parecen haber tocado techo», según declaraciones a la agencia Efe del director del Instituto Cervantes en Varsovia, Abel Murcia Soriano.

En su opinión, quienes estudian español como segunda lengua, se caracterizan tanto por su alto nivel cultural y sólida formación, como por su pasión «desinteresada» por el idioma, ya que «no se trata de personas que (lo) necesiten para ganar más dinero o conseguir un trabajo», ni para los propósitos comerciales y financieros de la globalización, o como canal de expresión de los avances científicos y tecnológicos.

Más bien son gente deseosa de aprenderlo, por la riqueza y atractivo culturales del mundo hispanohablante. En palabras del paleontólogo ibérico Juan Luis Arsuaga durante el II CILE en Valladolid, España (2001), la lengua española es literaria y no filosófica y científica, disciplinas en las que predominan el inglés y el francés.

Pero, sin duda, la importancia de la población hispanohablante del mundo en la economía global, también determina el interés por el español y su expansión hacia todos los continentes. Además de que, según el ex presidente de Colombia Andrés Pastrana —ponente en el congreso de Valladolid—, este idioma será el habla del «tercer milenio porque es la lengua de la solidaridad y la paz».

Palabras como acero y siderurgia tienen origen español, por cuanto sus raíces son latina y griega, respectivamente. La expresión medieval acero procede del latín vulgar aciarium y ésta de acies (filo agudo), y siderurgia del griego sideros (hierro), y ergon (obra). Bien sabemos que el español es una lengua romance derivada del latín, y que éste tuvo préstamos de diversa procedencia, pero principalmente del griego.

En la última década se han realizado cuatro congresos internacionales como los ya citados de Cartagena y Valladolid (el primero fue en Zacatecas, México —1997— y el tercero en Rosario, Argentina —2005—), y en todos ellos sus participantes han discutido sobre diversos tópicos e inquietudes, en especial acerca de la «buena salud» de la lengua de Cervantes frente a los vaticinios de su desintegración, las implicaciones de su propagación global, su aún limitada presencia en la red virtual y la necesidad de preservar su identidad en la diversidad de las culturas que lo hablan.

Para la mayoría de los pueblos nativos de América, el antiguo castellano fue, junto con la religión, una de las armas ideológicas de los conquistadores hace medio milenio, mientras que en la actualidad los mestizos y todos los latinoamericanos en general, ya lo tenemos como algo propio y querido. Pero a la vez, con el descubrimiento y sometimiento del Nuevo Mundo, el destino de esta lengua cambió para siempre, pues se enriqueció con la aportación de voces autóctonas, amplió su campo de aplicación y aseguró su existencia.

Ciertamente el español sigue siendo uno de los idiomas del tercer mundo, pero de acuerdo con lord Tristan Garel-Jones, presidente de Canning House en Inglaterra y ponente en Cartagena, avanza con pasos de gigante en su carrera expansionista.

Durante el II Congreso, el rey Juan Carlos de España —quien ha asistido a todos— dijo que nuestra lengua «fortalece» la posición de los países iberoamericanos en sus relaciones con el resto del mundo, por tratarse de una «herramienta insustituible para potenciar la comunidad hispanohablante en el concierto de las naciones».

EL ESPAÑOL EN CIENCIA Y TECNOLOGÍA

El monarca pidió entonces defender el español en la sociedad de la información, ya que el instrumento básico de las nuevas tecnologías es, en última instancia, el idioma. Al respecto, el entonces presidente de Argentina, Fernando de la Rúa, expuso la necesidad de que nuestra lengua se incorporara a las posibilidades que la ciencia y la tecnología promueven, y destacó la importancia que en este campo desempeñan las redes informáticas de comunicación.

Por su parte, el ex presidente colombiano Belisario Bentacur (1982-1986) pidió en esa ocasión incorporar a las siguientes ediciones del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) los nuevos términos científicos y técnicos, pues «causa vergüenza que autoridades académicas de alto rango», tengan «como objetivo de sus propuestas pedagógicas la defensa del inglés como única lengua de comunicación académica y el oscurecimiento de las lenguas nativas».

Ciertamente, reconoció, «los conceptos científicos nos llegan importados con los nombres y los verbos de origen, pero nuestra lengua tiene receptividad, porque está abierta al lenguaje de la tecnología», y «es deber de nuestra comunidad académica tomar más en serio la investigación científica, explorar con más ahínco en la ciencia y en la tecnología y comunicar estos resultados en un buen español».

Ya hace unas tres décadas, el autor de la célebre obra Ciencia del lenguaje y arte del estilo, Martín Alonso, en su Diccionario del español moderno había considerado necesario «prestar cada día más atención a los tecnicismos». En su opinión, «para que el léxico científico-técnico se perfeccione basta que los escritores de estas materias, en libros y revistas, rechacen todo lo que vaya contra la pureza y la unidad del idioma».

EL CASO DE LA RED

Durante el III CILE, el director del periódico colombiano El Tiempo, Rafael Santos Calderón, opinó que la Internet, la televisión y los medios digitales se han vuelto «omnipresentes» e «influyen en la sociedad con todas sus perversidades y ventajas», y advirtió que «estamos perdiendo la batalla de la palabra contra la imagen, e Internet amenaza la preservación del idioma, sobre todo a través de los mensajes instantáneos, la tertulia ligera de estos tiempos, donde los jóvenes se acostumbran a una expresión telegráfica».

En otro sentido, esas inquietudes llegaron en marzo pasado hasta Cartagena, donde el rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, Juan Ramón de la Fuente, dijo al enviado del diario El Universal, Héctor de Mauleón, que el español corre el riesgo de debilitarse por su poca presencia en Internet y en las publicaciones científicas y tecnológicas. «A veces damos más crédito al trabajo de alguien por el simple hecho de que está publicado en inglés», reprochó.

Para evitar que nuestro idioma pierda esa batalla, propuso medidas como aumentar el número de usuarios de Internet en los países hispanohablantes; ofrecer contenidos más atractivos en las páginas en español de la red informática para no quedar reducidos a simples consumidores; hacer contribuciones de nuestra cultura al conocimiento universal, y definir el papel del español en la ciencia y la tecnología, disciplinas en las que —lamentó el dirigente de la universidad de habla hispana más grande del mundo—, en México se ha disminuido el gasto público.

Porque, como desde el congreso de Valladolid había advertido el economista Juan Velarde Fuentes, la lengua española no es per se sinónimo de desarrollo económico, aunque sí una pieza que repercute en las políticas y finanzas de todos los hispanohablantes. Velarde, miembro de la Academia de Ciencias Políticas de España, opinó que el hecho de que miles de personas hablen el mismo idioma, no significa que sea un generador de desarrollo económico, y además sostuvo que es un error creer que se puede competir con el inglés en materia económica y científica.

ORIGEN Y ACTUALIDAD

El maestro Antonio Alatorre, quien fue director y profesor emérito de El Colegio de México, escribió una muy sabrosa y nada oficial historia de nuestro idioma: Los 1.001 años de la lengua española (Bancomer, 1979; FCE, 1989), en la que hace consideraciones interesantes acerca de la ortografía, las voces extranjeras y los puristas del lenguaje, y celebra que hubiera desaparecido con el cambio de gobierno la Comisión para la Defensa del Idioma Español, que existió durante la presidencia de José López Portillo cuando molestaba que proliferaran en México los comercios con nombres extranjeros (que, por cierto, ganaron la batalla).

Pero tanto en el libro de Alatorre, como en Origen y evolución del idioma español, obra que editó esa efímera Comisión, se informa lo mismo, aunque no con igual erudición y estilo: que nuestra lengua tuvo su origen en el latín que hablaban los romanos cuando poblaron el actual territorio de España, y que el primer texto literario escrito en castellano (idioma que se llama ‘español’ desde 1925) es el Cantar (o Poema) de Mio Cid (anónimo, 1140 DC), en cuyos «casi 4.000 versos hay no pocas bellezas». Mio Cid Roy Díaz / por Burgos entróve, / en sue conpaña / sessaenta pendones. / Exién lo veer / mugieres e varones, / burgeses e burgesas / por las finiestras sone, se lee en una parte de esta historia.

El español ha escrito los capítulos más recientes de su andar en los últimos once años, con la celebración de los cuatro congresos ya citados, organizados por la Real Academia Española (RAE), el Instituto Cervantes de España y las 22 academias nacionales «correspondientes», agrupadas en una asociación. Han tenido la participación de los reyes de España y presidentes de algunos países, así como de académicos, escritores, lingüistas, periodistas, empresarios de medios, economistas, cineastas y hasta técnicos en telecomunicaciones.

El primer Congreso Internacional de la Lengua Española (Zacatecas, México, 1997), tuvo como lema «La lengua española y los medios de comunicación», y entre sus acuerdos estuvieron crear un sitio cibernético, abrir en El Salvador el Museo de la Palabra, y establecer normas de uso común para los periódicos de España y Latinoamérica.

El lema del segundo (Valladolid, España, 2001) fue «La lengua española en la sociedad de la información», y trató sobre los desafíos e implicaciones sociales, económicas y culturales del idioma ante las nuevas tecnologías, especialmente Internet. Se acordó en esa oportunidad crear un «observatorio» de neologismos, ante la avalancha de expresiones provenientes de lenguajes específicos como la ciencia, el deporte, la economía y la técnica, además de los vocablos de uso común, o considerados de concepción social.

Justificaron esta decisión, para defender la unidad de la lengua española y sus códigos establecidos —el diccionario, la gramática oficial y la ortografía—, por el respeto al idioma y el conocimiento de las modificaciones idiomáticas en el mundo de habla hispana.

Los congresos regresaron a América en su tercera versión (Rosario, Argentina, 2004), con el lema «Identidad lingüística y globalización», y fueron presentados allí el Diccionario panhispánico de dudas y una edición conmemorativa del cuarto centenario de la principal novela escrita en el idioma de Cervantes por él mismo: Don Quijote de la Mancha.

El gran ausente de esa reunión fue el escritor colombiano Gabriel García Márquez, y los anfitriones argumentaron que no había sido invitado porque lo rechazaban las Academias de la Lengua después de que en Zacatecas pidió «jubilar la ortografía, terror del ser humano desde la cuna». El director de la RAE, Víctor García de la Concha, rechazó y protestó por esa justificación.

No sólo para reivindicarlo por ello, sino también porque este año coincidió con los 80 de vida del autor, 40 de la primera edición de Cien años de soledad, y 25 desde que recibió el Premio Nobel de Literatura, García Márquez fue objeto de un cálido homenaje durante el cuarto congreso (Cartagena de Indias, Colombia, 2007), que tuvo como lema «Presente y futuro de la lengua española: unidad en la diversidad». Además, fue lanzada una edición conmemorativa de la citada novela, que incluye comentarios de otros famosos escritores.

INTERNET EN ESPAÑOL

En esta reunión, dentro del panel «El español, lengua de intercambio comercial», la presidenta de Proexport Colombia, María Elvira Pombo, dijo que nuestro idioma ocupa el cuarto lugar en el ciberespacio después del inglés, el chino y el hindú, y recordó cómo el fenómeno de la migración ha incrementado el comercio en el mundo hispano.

Otro ponente, Antonio Soler, destacó que la literatura americana confirma el hecho de que no hay una sola lengua sino, por el contrario, «hay un español para cada escritor», mientras que «lo demás, vale (solamente) para el mundo uniforme de los negocios». Reivindicó también las maneras, los ritmos, los usos y las aportaciones que cada país y cada cultura han legado al español de América.

En este IV CILE también hubo inquietudes por las nuevas tecnologías y su impacto en el idioma, que fueron expuestas durante el panel «El español en el ciberespacio». Diversas voces opinaron que a pesar del aumento de sitios y dominios en español, la demanda es mayor y se requieren más y mejores contenidos en Internet.

Otros participantes hablaron de la aparición de nuevos géneros narrativos en Internet. Por ejemplo, Norma Carricaburo, del Instituto de Filología y Literaturas de Argentina, indicó que esa tendencia ha llevado al hipertexto un paso adelante y lo ha catapultado hacia una narrativa interactiva, simultánea y multimedial, en la que el lector decide para dónde quiere ir y cómo llegar.

Ramón Tijeras, director del Centro Virtual del Instituto Cervantes, expuso su inquietud porque Google, You Tube y Yahoo se estén quedando con una gran cantidad de contenidos en español (digitalización de archivos, bibliotecas y archivos de audio y video), cuando la comunidad hispana debería ser obligadamente la principal proveedora de ellos. En especial, dijo, de los que divulgan la cultura hispanoamericana, y evitar así que «el mundo anglosajón lo haga». El nueve por ciento de los usuarios de Internet en el mundo hablan español.

LAS REGLAS DE LA RAE

También se habló, desde luego, de la ortografía y el uso de las normas gramaticales en Internet. Los ponentes Miguel Amigot y Omar Rincón recordaron la evidencia de que los cánones están siendo replanteados en la red por una necesidad de expresión multimedial, en la que no importa tanto la forma (kiero k vengas, dicen ahora ciertos mensajes por correo electrónico), sino escribir mucho y en tiempo real.

A juicio de Amigot, «el mundo avanza hacia una convivencia lingüística en la que el uso del idioma sólo puede ser de una manera: claro, inmediato y rápido».

Mientras que la voz oficial, la del presidente de la RAE García de la Concha, fue en el sentido de que el habla popular —las jergas— son un «español válido» sólo en donde se gestan. Es misión de la Academia recolectar la mayor cantidad posible de palabras, para estudiar si su uso es tan difundido y continuo como para incluirlas en el DRAE, que es uno de los pilares de la difusión y cuidado del idioma, junto con la Ortografía y la Gramática del idioma español, y el Diccionario panhispánico de dudas.

La edición impresa más reciente del Diccionario es la número 22 (2001) que contiene seis mil americanismos, y el problema con esta obra es, para muchos, que incluye además numerosas expresiones como, por ejemplo, esponsorizar y esponsorización, que son burdas adaptaciones del inglés a nuestro idioma, para las palabras patrocinar y patrocinio. En la página virtual de la Academia —a la que se puede acceder a través del portal Educaterra— ya se encuentran 12.000 enmiendas, adiciones y supresiones, entre ellas 5.000 vocablos que se incorporarán a la próxima versión del DRAE en papel, entre ellas la propia palabra internet, además de digitalización, acoso moral, correo electrónico, terapia ocupacional y muchas otras, no todas conocidas en México.

En el pasado, el periodista mexicano Raúl Prieto criticó a la que llamó «Madre Academia» en sus libros y columnas firmadas como Nikito Nipongo, por su obsolescencia y conservadurismo, pero hoy se le reprocha a la institución la manera como adopta cualquier extranjerismo. Según la filóloga Bárbara Pastor, de la Universidad Complutense, lejos de corregir y fijar el uso de la lengua, la RAE «sólo ha buscado subirse al carro de la moda» en su actual edición del diccionario.

Con ello, dice esta especialista que sin embargo se declara «en contra del purismo del idioma», la Academia quiere «recuperar una legitimidad que ha ido perdiendo por su aislamiento y separación de la vida social», pues aun cuando «hace muy bien en modernizarse, en escuchar lo que pasa en la calle», ha «puesto un muro en su día entre lo que es la lengua, la norma, y el habla».

En la visión del conocido periodista peninsular Álex Grijelmo a través de su libro La punta de la lengua, «la Academia recoge con suma atención los usos que están en la prensa, los lleva al Diccionario cuando los considera muy extendidos y, como tales usos son a menudo empobrecedores, se empobrecen de este modo el Diccionario y los recursos de nuestro idioma. Y seguramente con ello se empobrece nuestro pensamiento».

Según Grijelmo, el español «está preso actualmente» en ese «círculo preocupante», pues «los periodistas carecen por lo general de una buena formación lingüística, y su gusto por el idioma se halla en un nivel inferior a la media de la sociedad; algo les impide consultar sus dudas en los diccionarios y libros de estilo, y así su lenguaje plano, acomplejado ante el inglés y el francés, se esparce por todos los lugares».

EL ESPAÑOL EN MÉXICO Y AMÉRICA

En cuanto al Diccionario panhispánico de dudas, que se publicó en el 2005, no obstante su indiscutible utilidad aún sostiene que es correcto escribir «Méjico», y también con «j» todos sus derivados, si bien recomienda utilizar la «x» en esas palabras a pesar de considerarlo un «arcaísmo ortográfico… por ser las usadas en el propio país y, mayoritariamente, en el resto de Hispanoamérica». Como curiosidad, se encuentra también el término «mexiqueño» como gentilicio para quienes nacieron en el Distrito Federal, mientras que el DRAE incorpora, además, la expresión «chilango».

A los habitantes de América Latina les permite utilizar las expresiones inglesas bluejean y jean para referirse a lo que los españoles llaman pantalones vaqueros o tejanos (texanos, para los hispanohablantes del Nuevo Mundo), «siempre que se haga con las (feas) grafías adaptadas bluyín (pl. bluyines) y yin (pl. yines)».

Y acerca de la Ortografía de la lengua española, cuya edición «revisada» por las Academias de la Lengua Española se publicó apenas en 1999, resulta que será editada una nueva versión que ya se dio a conocer en el congreso de Cartagena, porque según el presidente de la Academia Mexicana, José Moreno de Alba, en la actual «persisten varias imprecisiones y reglas mal expresadas», debido a que «se privilegió el consenso (entre las 22 academias) y hubo que tener flexibilidad» en algunas cuestiones que planteaban dudas.

Pero mientras tanta gente está ocupada en la mejora y el debate del idioma español, no todo el mundo le da la misma importancia. Por ejemplo, hace cuatro años en las páginas de la revista estadunidense Vanity Fair, el comediante australiano Barry Humphries afirmó que en español no hay nada que valga la pena leer excepto Don Quijote, y para eso basta escuchar el disco de El Hombre de la Mancha.

En un comentario que levantó protestas y obligó a la publicación a disculparse con sus lectores para evitar un boicot al que se convocó a los hispanos, también calificó al poeta Federico García Lorca como «menor», y preguntó que para qué se necesita el español: «¿para comunicarse con el que limpia el patio?».

Hace seis años, el entonces presidente Vicente Fox «dio la nota» a la prensa cuando equivocó el nombre de Jorge Luis Borges y dijo «José Luis Borgues» durante la inauguración del II CILE en Valladolid. Esa pifia dejó en el olvido el resto de su discurso, y en especial el que pronunció la víspera ante los miembros de la RAE, a quienes dijo que México está comprometido en el fortalecimiento del español, pero también en defender las lenguas indígenas, pues se sabe un país multicultural y pluriétnico en el que viven 8.5 millones de indígenas de 92 grupos autóctonos que conservan sus idiomas y costumbres.

Aseguró que «el español seguirá siendo en México uno de los más sólidos cimientos de nuestra nacionalidad e identidad», e hizo notar que la suerte de esta lengua en América «no pudo ser más feliz, ya que creció y se diversificó con las voces de su nueva patria, y hoy se ha convertido en 'lingua franca' que une a la mayor parte de los pueblos del nuevo mundo, antes separados por sus idiomas indígenas».

De acuerdo con Fox, la Real Academia Española «ha comprendido muy bien su misión: unir, más que regir, conformar con sus hermanas una gran misión extendida por los cuatro rumbos del mundo para que en el imperio del idioma español, cada vez más dilatado y rico, jamás se ponga el Sol en su esplendor».

Aseguró que su gobierno buscaba impulsar la enseñanza del español y dar un gran impulso a la promoción de la lectura, para tener «un país de lectores».

La realidad es que su costosa Biblioteca ‘José Vasconcelos’ —que tiene muy poco acervo bibliográfico— está cerrada por fallas en su construcción, y que México fue reprobado por la Unesco y la OCDE en la enseñanza de materias como el lenguaje, mientras que en las escuelas no públicas, desde pequeños los niños aprenden más inglés que español.

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