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Barcia: «España ya no maneja la lengua de modo imperial»

Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras.

 

Y nada a media luz

Recuerda el doctor en Letras y lingüista Barcia que la carga gestual es capital para los argentinos («si nos apagan la luz, no nos comunicamos»), y con esa fuerza expresiva presentará el miércoles en su país la nueva Gramática del español, obra necesaria porque «la lengua es el tejido conjuntivo de la sociedad».

Ha pasado por Madrid para presentar junto a los presidentes y directores de las Academias hermanas la nueva Gramática, fruto maduro de un trabajo ejemplar.

Ojalá las cumbres iberoamericanas lograsen en el terreno político lo que consigue el esfuerzo conjunto de las Academias en el ámbito de la lengua.

-Precisamente esto es un modelo de trabajo político. Durante mucho tiempo hubo la idea de que España manejaba las cosas de un modo imperial, pero desde que la RAE empezó a considerarse hermana y no madre se produjo un acercamiento de las academias y se descubrió la potencia que había en esto de trabajar obras en conjunto, como el Diccionario panhispánico de dudas, el de Americanismos, la Ortografía o ahora la Gramática.

Fértiles ejemplos.

-Como decís vos, si las instituciones políticas o culturales tomaran esto como modelo, avanzarían mucho más. La búsqueda de la unidad respetando la diversidad es un hecho, y en vísperas de la celebración de los bicentenarios de las independencias, entre 2010 y 2016, la Gramática elaborada entre iguales robustece la lengua común.

Adentrémonos en su territorio. ¿Qué argentinismos hemos importado los españoles?

-Por ejemplo, el de «putear» con el significado de insultar.

Y, en esa corriente de intercambio, ¿qué nos han comprado ustedes?

-Hemos recibido una expresión muy nociva para los medios, que es el «y nada». Con la guillotina del «y nada» se corta cualquier contestación en una entrevista. ¡Va contra la comunicación!

¿El lenguaje periodístico es el que más ha pesado en la elaboración de esta Gramática?

-En número quizá sí, o al menos, equiparado con la literaria, lo que es muchísimo, porque, por tradición, la literatura estaba considerada el «non plus ultra» de la lengua. Vos fijate que la unidad de la lengua depende esencialmente de dos factores: de la escuela y del periodismo. Pero como la escuela ha renunciado en gran medida a exigir una lengua correcta, queda el periodismo. Y en estos momentos la lengua periodística es buena.

Coincido. ¡Se nos ataca en exceso!

-Pero sí se están perdiendo en el lenguaje periodístico los matices lingüísticos de intencionalidad fina, porque para eso se requiere un manejo del sistema más minucioso que el periodista no suele tener.

¿Vivimos tiempos de abuso y devaluación del insulto, en una y otra orilla del Atlántico?

-Sí, y el exceso deteriora el insulto. Es grave el avance de la grosería y, paradójicamente, no ha habido más congresos sobre la cortesía en la historia del español que ahora. ¡Llegó la consideración académica cuando desapareció de la plaza!

Aquí triunfan ahora las películas de su compatriota Campanella, con sobredosis de uso de lo de «boludo» y «pelotudo». ¿De verdad se dice tanto?

-Todo eso disminuirá en la medida en que choque con el negocio y dificulte la venta del producto a otros países. En las películas protagonizadas por Darín se ha quitado mucho porteñismo expresivo que tenían al principio. Desde Nueve reinas se está neutralizando más la lengua. La palabra «boludo», «bolu» o «bo» ha perdido su carga inicial y se usa para lo apelativo, para mostrar que aún estamos en contacto hablando. Sin embargo, «pelotudo» mantiene un peso específico totalmente diferente…

¿Digiere bien los tópicos sobre argentinos que manejamos los españoles?

-Sí, pero casi todos son tópicos de porteños. El argentino del interior es diferente. Cuando ustedes dicen que al argentino conviene comprarlo por lo que vale y venderlo por lo que dice que vale… ¡eso es más para el porteño!

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