Noticias del español

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| Ivana Costa
Clarín, Argentina
Domingo, 14 de septiembre del 2008

«ES ERRÓNEO CULPAR A LOS MEDIOS POR EL MAL USO DEL IDIOMA ESPAÑOL»

ENTREVISTA A CARMEN CAFFAREL, DIRECTORA DEL INSTITUTO CERVANTES


La lingüista dice que unificar los estándares de enseñanza del español como lengua extranjera beneficiará a los 22 países que lo hablan.


Con 400 millones de hablantes, el español —una de las pocas lenguas que, contrariamente a la tendencia global, está creciendo en el mundo— es un faro cultural, una usina de variantes, particularidades y riquezas locales, y también un mercado en ascenso. Así lo han comprendido las instituciones dedicadas, tanto en España como en América Latina, a enseñar el español «como lengua extranjera».

Al frente del Instituto Cervantes, poderoso organismo del Estado español que, como brazo ejecutivo de la Real Academia y de las diversas Academias de la Lengua, procura difundir la buena enseñanza del idioma y su cultura letrada, Carmen Caffarel estuvo en Buenos Aires por dos días. Su breve y ajetreada visita tuvo como objetivo principal entrevistarse con el Ministro de Educación, Juan Carlos Tedesco, y con el rector de la Universidad de Buenos Aires, Rubén Hallú, entre otros, a quienes les transmitió la invitación a sumarse al Sistema Internacional de Certificación del Español como Lengua Extranjera (SICELE) y al marco que éste desarrolló para unificar en Hispanoamérica ciertos estándares de calidad en la enseñanza del idioma.

Carmen Caffarel, formada en lingüística pero profesora de Comunicación Audiovisual en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, fue directora General de Radio y Televisión Española (RTVE) antes de incorporarse al Instituto Cervantes. Le tocó lidiar con el inmenso conglomerado de medios públicos en un difícil momento de transición política y de discusión legislativa nacional sobre el rol de los medios estatales: «RTVE —explica—tenía 14.000 empleados, nueve millones de euros de déficit, además de una estructura empresarial y una legislación de medios propias de la época del monopolio. Y había que reivindicar, frente a los grupos privados, el derecho de RTVE a participar del mercado publicitario». De modo que frente a «más de un bofetón dialéctico» que recibió allí, los motivos de conflicto que hoy pudiera presentar la divulgación de la lengua y la cultura hispánicas a través del Instituto Cervantes, «esta institución maravillosa», son una panacea. Obtener la voluntad política de sumar los centros argentinos al SICELE, ya aceptado por varios países latinoamericanos, es una de estas batallas por delante.

En la Argentina existen marcos y certificaciones diversas, no unificadas, para la enseñanza del español como lengua extranjera, como el CELU (Certificado Español Lengua y Uso), que desarrolló el Consorcio Interuniversitario, formado por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA con facultades de otras universidades nacionales, pero que no es el mismo que utilizan muchos de los institutos de enseñanza del español para extranjeros nucleados en el SEA (Asociación de Centros de Idiomas) o el Centro Universitario de Idiomas, con eje en la Facultad de Agronomía de la UBA.

Probablemente con motivos históricos y escenarios económico-políticos atendibles, pero también con una visión parcial de los intereses en juego (en Brasil, valioso mercado facilitado por la cercanía geográfica, prefieren las certificaciones españolas a la que se ofrecen desde la Argentina, dicen muchos profesores), desde el Consorcio se ve cualquier participación de España en el tema como un intento de invasión lingüística. Pero Carmen Caffarel, que se entrevistó aquí con la directora del Consorcio, Leonor Acuña, emprende su tarea con una sonrisa.

«Soy una mujer positiva, alegre», dice. Y se le nota. «Yo vine a presentarles mis respetos al ministro, al rector, a la directora del Consorcio –explica Caffarel– porque me parece que cuando una accede a un cargo está bien ir conociendo a todos personalmente. Buscamos sumarlos al Sistema Internacional de Certificación del Español de acuerdo con estándares internacionales. En diferentes partes de América se están sumando a este Sistema, que establece los ítems máximos que hay que solicitar para que un estudiante tenga una buena competencia y reconoce la particularidad de cada uno de los certificados, pues sin duda cada uno debe recoger la realidad del ámbito en el que está. Cada una de estas certificaciones debe buscar el reconocimiento de unas a otras y si fijamos ciertos estándares de calidad comunes esto va a repercutir en mejoras de los profesorados, de los métodos didácticos, de la experiencia y la discusión común».

Aquí se ha objetado que si los estándares se fijan en España se niega la singularidad de los diversos modos del español en América.

Quizás haya habido algunos malentendidos. Pero yo creo que hay que sumar porque se aprende mucho de los demás y además si nos unimos nos fortalecemos y salimos todos beneficiados. Somos bien conscientes de que el español tiene muchos acentos: 22 acentos que son los de los 22 países que compartimos la lengua. En el Instituto Cervantes procuramos que todos esos acentos se conozcan y tenemos profesores de muchos países de América Latina. En los todos los centros del Instituto Cervantes repartidos por todo el mundo tenemos profesores de diversas nacionalidades.

Usted ha dirigido antes RTVE. La radio y la TV suelen considerarse fuente principal de contaminación de la lengua y la cultura.

La universidad enseña que la lengua es un organismo vivo, así que sería erróneo culpar a los medios de masas de las carencias que pudiera haber en el uso de la lengua de los jóvenes. Hemos pasado a una cultura de lo audiovisual. Los chicos aprenden a través de herramientas básicamente audiovisuales. Eso es lo que es. Pero en ellas podemos incluir contenidos atractivos que fomenten la lectura y el buen uso de la lengua. No podemos negarnos a los mensajes de sms ni horrorizarnos de la vida alrededor. En el Cervantes he potenciado mucho las páginas web y tenemos la primera televisión cultural en español por Internet, que alcanza un promedio de más de dos millones de visitas al mes.

¿Cómo fue recibida su gestión entre sus colegas de la universidad?

Se alegraron de que por primera vez un catedrático accediera a un puesto generalmente reservado a políticos o gente de medios; pero Zapatero quería a una persona que supiera reflexionar sobre la bondad de un servicio público de radiodifusión, que no estuviera contaminado por ningún grupo mediático ni al servicio del partido en el Gobierno.

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