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| Mónica Fernández-Aceytuno
ABC, España
Viernes, 5 de junio del 2009

ENVARBASCAR

Me preocupa que no esté muy claro de qué especie somos, y que por ello se nos trate como a los peces que atontan o envarbascan en las pozas de los ríos para pescarlos.


En los archivos de algunos ayuntamientos de Badajoz, ha encontrado el naturalista Juan Carlos Delgado Expósito, ordenanzas en las que se prohibía «embarbascar los charcos» para narcotizar los peces y pescarlos con más facilidad, en este caso escrito con «b».

Esto se hacía, envarbascar, con una planta llamada por aquí gordolobo, y por Badajoz gordolo o güerdolobo, pero que está casi por todas partes, con su roseta basal de hojas grandes y de un verde plateado como el del olivo, y de tacto suave y de terciopelo, blanquecino, como las hojas de la hierbabuena cuando emergen de la tierra. Después, de esa roseta, sale una suerte de vara enhiesta con uno, pocos o muchos candiles en una misma inflorescencia que se cubre de flores más bien pequeñas y amarillas, como si la planta, siendo tan alta como una persona, fuera en el fondo humilde.

El nombre científico de esta hierba bianual es Verbascum sp. y de ahí la etimología del término envarbascar, que también es 'confundir, enredar, atascar', porque se envarbasca el arado cuando no avanza por culpa de una gruesa raíz. Esta palabra es a su vez una especie silvestre en el Diccionario, un verbo más en peligro de extinción que la planta que le dio origen.

Por eso hoy escribo que hay que dejar de envarbascar los días.

Hoy además, es el Día Mundial del Medio Ambiente, y está en las sierras floreciendo el gordolobo de amarillo, como este sol de junio.

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