Noticias del español

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| Nelly Sánchez
noroeste.com.mx, México
Jueves, 24 de julio del 2008

ENTREVISTA A XOSÉ CASTRO ROIG: TRADUCTOR DE EMOCIONES

El conductor de televisión ha sido intérprete de películas como Matrix y Spiderman, en las que ha asumido el reto de inventar palabras


Es traductor audiovisual y le encanta el cine, pero cuando ve una película «mal hecha», el ojo crítico de Xosé Castro Roig se abre, levanta las cejas y entonces ya no ve las historias. Se fija en el plano, el contraplano y sobre todo en los diálogos. No es crítico de cine pero su mayor pasión es el idioma.

«Uno se levanta y se acuesta siendo traductor, no podemos desconectarnos de esto… por las calles voy leyendo los carteles, haciendo un análisis sintáctico. Voy fijándome en las erratas, en las comas, somos paranoicos del idioma», admite.

El conductor de Palabra por Palabra —programa de concursos en el que ponen a prueba los conocimientos de la gente en torno a la lengua y que se trasmite en Culiacán por el canal de paga TVE Internacional— y traductor de Matrix y Spiderman se ha enfrentado al reto más difícil: inventar palabras.

«En Matrix hay un personaje llamado The Key Maker, literalmente es El que hace las llaves, un cerrajero es locksmith, el guionista no ha elegido cualquier palabra y yo tengo que plantearme eso, entonces El hacedor de llaves da la sensación que es una expresión más adecuada que una tan simple como cerrajero. Tienes que emular la intención del guionista que seguramente se pasó muchas horas buscando el término».

¿Cómo surge su amor por las palabras?

El cariño por el idioma lo tienes que haber mamado y yo tuve la suerte de que mis padres, a pesar de tener otras profesiones, propiciaron en casa un ambiente para que nos gustase mucho. Yo siempre asumí que tener una biblioteca en casa era normal, luego me di cuenta de que era un lujo, y nosotros teníamos. Criarse en un ambiente en el que hay una sala a la que uno va a leer, tus padres leen y se discute sobre cultura, ese amor surge con naturalidad.

Navegante de los diccionarios

En su infancia, Xosé pasaba las horas navegando por los tomos de la enciclopedia Espasa Calpe, brincando de una palabra a otra. A los 14 años leyó la Biblia; a los 15, la obra de Nietzsche, enciclopedias temáticas, cuentos de Óscar Wilde, literatura juvenil y muchas revistas de información y opinión, que se publicaban en la España que transitaba de la dictadura militar a la democracia. En febrero de 1990, a sus 22 años, se asumió como traductor.

«La profesión me vino dada, me ofrecieron un trabajo de traducción que fue horroroso y que hoy me doy cuenta de que debí haberlo rechazarlo, pero pienso que gracias a ser tan osado ahora estoy aquí», recuerda, «ahí me di cuenta de mis carencias, de que me gustaba muchísimo pero necesitaba instruirme. Me dediqué a leer, entré a las facultades como oyente y un día imprimí mis tarjetas de presentación como traductor».

¿Cada trabajo implica el mismo reto?

No, hay dos reglas casi tácitas en el mundo de la traducción: cuanto más bonita es la especialidad, peor pagada está. La gente que no sabe mucho de traducción piensa 'qué bonito ha de ser traducir libros o películas', pues justo eso es lo peor pagado, porque hay más gente que se ofrece a traducir por menos dinero y la traducción más árida, como la de códigos, computación, manual de instrucciones, es muy bien pagada.

Obviamente hay muchísimas diferencias, por ejemplo, en Matrix, una película moderna, fue una traducción especial porque trabajas con un lenguaje ficticio, hay palabras inventadas y tienes que inventar neologismos que sirvan para el público hispano. Los guionistas decidieron nominar objetos, conceptos o palabras seudomodernas, que no puedes encontrar en un diccionario. Como traductor tienes que plantear un trabajo de creatividad para que funcione ese tipo de terminología en español. De pronto te encuentras con la gran responsabilidad de ser el primer soldado en el campo de batalla con el enemigo.

¿Y cómo le hace?

Disparando por ti y por todos tus amigos. La labor del neólogo, del creador de neologismos, es dar solución. El planteamiento fácil es dejar el término en inglés, una práctica muy habitual, pero cuando me encuentro con un término nuevo yo siempre pienso una cosa: que del inglés nadie se tiene que preocupar porque entrará como un tanque en nuestro idioma, pero hay que hacer un poquito de esfuerzo por el español, si no llega a ser aceptado, al menos voy a darle un término en español.

¿Es culturalmente valorado el trabajo del traductor?

No, y yo creo que es un mal común, nuestra profesión no es suficientemente reconocida. La gente no entiende muy bien cuál es tu papel, te preguntan incluso si ganas mucho dinero o no. Cuando una profesión es reconocida la gente tiene claro que se gana mucho dinero.

El español ficticio

Para el originario de La Coruña, aun cuando la subtitulación es más apreciada por los espectadores que el doblaje, ambos son imperfectos.

«El español del doblaje es ficticio, es una especie de español paralelo y lleva su propia ruta, con la subtitulación aprecias mucho más la obra original, el matiz y la calidez de las voces, es más fidedigna pero tampoco es perfecta», admite.

«Estamos hablando de 70 caracteres por cada cuatro segundos… yo he traducido películas en las que se ha llegado a perder hasta el 70 % del mensaje. Tienes que hacer verdadera labor de síntesis para poder trasmitir el mensaje sin que se pierda demasiado».

¿Es más difícil que meter palabras en la boca del actor?

Sí, el mayor inconveniente de la subtitulación es que tienes 12 palabras por cada cuatro segundos. Yo me he visto en situaciones en las que hay un coloquio en una cafetería y no traduzco a todos, tengo que decidir cuál de ellos está diciendo lo más importante para el argumento porque sólo tengo dos renglones.

¿Hasta dónde es el trabajo del guionista y dónde del traductor?

Yo creo que tenemos que ser totalmente fieles a las intenciones del guionista, lo que pasa es que a veces en la traducción audiovisual somos tradutore e traditore, es donde más traidores somos. Si tengo que traducir una película y en cierto momento un espectador estadounidense se ríe a carcajadas, tengo que lograr que el mexicano también se ría a carcajadas. Si se ríe con una referencia cultural totalmente ajena al mexicano, tengo que traicionar el texto y buscar algo que lo haga reír, porque no estoy traduciendo palabras sino emociones. Si llora el alemán, tengo que hacer que el mexicano llore.

¿Hay límites?

Sí, claro. Uno tiene que traicionar con cuidado… no podemos olvidar que el espectador mexicano sabe que es una película estadounidense, que hablan español porque es doblaje, la adaptación tiene que ser relativa y eso lo hace más difícil.

¿Qué película le ha gustado más traducir?

Yo les tomo cariño a todas, he traducido verdaderos bodrios como decimos en España, horrores, pero les tengo cariño. Lo que más me ha gustado sin lugar a dudas son los documentales, porque me han dado muchos quebraderos de cabeza y también muchas satisfacciones. Con los documentales he encontrado muchas cosas interesantes por el camino que me han servido en la vida.

El Museo del Horror

Uno de los segmentos más gustados de Palabra por Palabra es el El Museo del Horror, que se nutre de los errores que se publican en la prensa y que pueden tener una interpretación chusca. El antecedente fue el Diccionario de Burradas, que Xosé creó desde pequeño y está Internet desde 1994.

«Siempre que salía algo mal en el periódico yo lo coleccionaba, en Internet tengo un diccionario muy informal de burradas que surgió de toda la vida, es algo con lo que he convivido, y al programa la gente envía erratas graciosas de prensa, carteles, cosas escritas».

EN MÉXICO

Xosé Castro inauguró el Congreso Internacional de Traductores San Jerónimo, celebrado en diciembre en Guadalajara, Jalisco.

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