Noticias del español

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| V. M. Niño
nortecastilla.es, España
Miércoles, 20 de diciembre del 2006

ENTREVISTA A MARÍA ÁNGELES SASTRE, PREMIO MIGUEL DELIBES DE PERIODISMO 2006

Tiene alma de auditora gramatical, pero luego la vence la tolerancia. Así que habla de 'desviaciones', no de 'errores' cada sábado en la sección 'Uso y norma del Castellano' y 'De nuestra tierra'.


Doctora en Filología Hispánica, su trabajo como investigadora se ha centrado en la gramática del español, la lengua y la enseñanza a extranjeros. Escribió una monografía sobre 'El indicativo' y otra de 'El subjuntivo en español'. Es coautora de 'Lengua y discurso sexista' (2003), 'Género sin dudas en el ámbito profesional' (2005) y el 'Atlas lingüístico de Castilla y León' (1999).Aprendió a leer en el periódico donde ahora escribe, pero entonces, dice María Ángeles Sastre (Valladolid, 1964), «no se hacía lectura compresiva, se leía sin entender». Así que Sastre interpretaba aquella cabecera gótica de EL NORTE como 'Sillorte de Castilla'. Se hizo filóloga y se interesó por la lengua. Ahora cada sábado nos aclara su 'uso y norma'. Es la primera mujer premiada con el Delibes de Periodismo, un galardón que otorga la Asociación de la Prensa de Valladolid y que inauguró su admirado colega, Lázaro Carreter.

El artículo ganador hablaba de plurales, ¿tenemos problemas con ellos?

– El premio destaca sobre todo la sección. No tenemos problemas con esos plurales, es que no habíamos caído en la cuenta. En cuanto al artículo, llamó la atención, quizá sea el menos gramatical, no tiene términos complicados.

¿Qué defectos detecta en nuestra escritura y habla?

– En el habla, muchos de pronunciación: las 'd' finales se transforman en 'z' (Valladoliz, Madriz), las 'x' como 's', por ejemplo decimos 'esamen'. En la escritura, muchos casos de concordancia. A veces hay problemas con sujetos múltiples como 'un grupo de alumnos' ¿entró o entraron? Pues ambas son correctas. Casos de 'queísmo y 'dequeísmos' por el régimen prepositivo. Por ejemplo 'tengo miedo que' está mal, o 'dicen de que', casos de esos.

Ha tratado todas las incorrecciones de Valladolid en su sección.

-Sí, el caer por dejar caer, quedar por dejar, leísmo, laísmo. Siempre parto de una supuesta desviación, no un error y luego al final decidir si es un error o no. No todas las desviaciones son incorrecciones.

¿No se están relajando mucho filólogos y académicos?

– La lengua es uso, la Academia lo único que hace es constatar el uso y lo regula, pero no te pone una multa. Al final lo que hace es normalizar el uso. En el Diccionario panhispánico de dudas se ve que muchas veces no considera algo incorrecto en atención al uso tan extendido de algo, pero no lo convierte en correcto. Lo que sí hay que achacar en el buen sentido a la Academia es el espíritu panhispánico, que haya una norma para todo el español. La Gramática de marzo también será panhispánica y probablemente el próximo diccionario también lo sea.

¿Dónde encuentra inspiración para sus artículos?

– Unas veces en lo que oigo en televisión, en la radio, leyendo periódicos o en la propia gramática.

¿Y sus alumnos, no le proporcionan dudas?

– Los míos no porque doy una gramática muy básica, de primero. A veces los de otro compañero que da una asignatura llamada creación literaria. Muchos de sus trabajos me los ha dejado no para lo literario sino para lo lingüístico. Ellos escriben con cuidado sobre un tema literario, lo leo para ver la diferencia entre la calidad literaria y la lingüística.

¿Y en la ingente producción literaria actual?

– Es más difícil, porque a nada de prestigio que tenga la editorial, hay correctores. El escritor puede escribir genial pero cometer faltas lingüísticas, ortográficas o puntuar mal. Pero lo que nos llega al público está bien. Leo mucha literatura hispanoamericana y encuentro muchas diferencias con respecto al español, no digo fallos sino diferencias.

¿Hace rápida la radiografía gramatical de cualquier texto?

– Me gustaría ser una auditora en los periódicos, cuando están ya en la calle y han pasado todos los filtros. No leo el periódico para ir a la caza, pero a veces me encuentro cosas muy llamativas.

La otra parte de su trabajo en la sección es 'De nuestra tierra'.

– Suelen ser palabras que están por diccionarios. Esa parte me atrae menos pero como era coautora de un 'Diccionario de castellano tradicional' y a la gente le gusta mucho, me propusieron que dedicara un apartado a esto. Hay muchos vocabularios de Castilla y León con palabras en trance de desaparición.

Trató el género en un libro. ¿Qué le parece la actualización anual del diccionario del Instituto de la Mujer?

– No estoy de acuerdo. Entiendo que todo lo marginado en la realidad, las personas, las lenguas, si se las quiere sacar de esa marginación hay que protegerlas. Desde el momento que intentas proteger algo lo das más importancia, lo sacas de su contexto y es muy fácil saltarse los límites y proteger por exceso, de algo que estaba por defecto. Se dice que la mujeres han estado discriminadas en la vida pública. Todo eso es verdad en lo social y se dice que también en la lengua. La lengua es el reflejo de lo social. Desde el momento en que lo proteges, cobra protagonismo en todo. De hecho, hay concejalías y consejerías de la mujer. Y creen que eso tiene que tener un paralelismo en la lengua y se piensan que la mejor manera de protegerla es nombrarla. Es verdad, pero no a toda costa.

¿Lo abordará en otro artículo?

– Está de moda. Es un tema que no he tratado porque me parece espinoso para las 60 líneas que tengo. Lo voy dejando pero con el libro que escribimos diciendo que el desdoblamiento de género es un exceso incorrecto ya nos enfrentamos. El masculino designa varones por un lado, pero en plural al conjunto de varones y mujeres y la prueba está en diez siglos de lengua, donde nunca ha habido el más mínimos problema.

¿Qué incidencia tiene la lengua en la vida diaria?

– A la gente le importa un pimiento la lengua. Cometes un error en la declaración de la renta en un número y pagas una multa. Te equivocas en 12 construcciones y no te rebajan el sueldo, a mí tampoco. Esa es la prueba de que importa poco. Nadie deja de ver un programa porque el locutor hable mal, nadie deja un periódico por sus errores gramaticales.

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