Noticias del español

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| Luz Nereida Pérez
Claridad, Puerto Rico
Viernes, 25 de septiembre del 2009

ENTRE SANTOS Y SANTAS

Los diccionarios suelen indicar que un santo o santa es una persona reconocida por la Iglesia Católica como alguien que ha llevado una vida de perfección y espiritualidad que conlleva el que se les venere con posterioridad a su muerte.


El sacerdote capuchino Michael Cosby cita una mejor definición, en su libro Finding Francis, Following Christ, y señala que en palabras de Lawrence Cunningham un santo o santa es una persona tan aferrada a una visión religiosa que ello se convierte en el motivo central de su vida de modo tal que cambia radicalmente y lleva a otros u otras a apreciar el valor de esa visión religiosa. En nuestra lengua española, cuando una persona alcanza tales reconocimientos lleva antes de su nombre la palabra santa, si se trata de mujer, o la forma apocopada san, si se trata de un varón, con la excepción de Tomás, Tomé, Toribio y Domingo ante cuyos nombres se antepone el vocablo santo en su forma completa.

Es curioso y muy interesante el observar que de los nombres completos de muchos santos y santas se han formado palabras de uso cotidiano en algunas de las modalidades regionales de la lengua española. El Diccionario de uso del español actual Clave acoge y define en sus páginas al sustantivo femenino plural sanfermines para denominar a las «fiestas populares que se celebran en Pamplona (capital de la comunidad autónoma navarra) durante una semana a partir del 7 de julio», fecha seleccionada por ser ese preciso día el de San Fermín. Seguidamente tras este vocablo nos sorprende encontrar el sustantivo masculino sanfrancisco para «bebida sin alcohol elaborada con una mezcla de zumos de diferentes frutas». Es decir, una especie de sangría sin vino o un ponche de frutas.

Por otro lado, los naturales de la isla de Santa Lucía reciben el gentilicio de santalucense —formado evidentemente del nombre de esta santa considerada por el santoral católico como la patrona de la vista— y la patrona de los artilleros nos brinda su nombre para aludir a la santabárbara que es el «lugar o compartimiento en una embarcación donde se guardaban la pólvora o las municiones». También contamos, en el léxico y fauna hispánicos, con un insecto que recibe su nombre de la patrona de España. Se trata de la santateresa hembra o la santateresa macho, que es un «insecto masticador, de cuerpo verdoso y patas anteriores erguidas y juntas cuando permanecen en reposo cuya hembra suele devorar al macho después de la cópula».

Si esto de que involucren el nombre de Santa Teresa con el asunto del insecto hembra que se almuerza al macho después de… cae un poco pesado, peor es que le endilguen a uno el sambenito, voz alusiva a la «mala fama o descrédito que pesa sobre alguien». Se habla comúnmente de poner, colgar o palabras equivalentes al aludir al sambenito por alusión directa a su significado original como «capotillo o escapulario que se ponía a los penitentes reconciliados por el Tribunal eclesiástico de la Inquisición» y «letrero que se ponía en las iglesias con el nombre y castigo de los penitenciados, y las señales de su castigo».

El Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico acopia en sus páginas a otros santos y santas que nos han dado pie para formar palabras acá en nuestras tierras caribeñas y antillanas, los que abonan al amplio santoral de palabras acuñadas a partir de nombres de santos y santas con que cuenta la lengua española. Así contamos con el sambito, baile de San Vito o de San Víctor, que es un nombre vulgar para el mal de Parkinson. En la naturaleza tenemos al sampedrito, ave que abunda en los pueblos del oeste y sur de la Isla Grande de Puerto Rico, que es de color verde, cuello rojo y vientre gris por lo que algunos le llaman 'papagayo' y otros lo denominan 'mediopeso'.

Para la semana final del mes de junio se celebra —específicamente el 24 de junio— el día del patrón de nuestra ciudad capital San Juan Bautista de Puerto Rico con fiestas en las playas del país a partir de la medianoche del 23 de junio, acompañadas de un sinnúmero de actos que son una amalgama de tradiciones, folklore y superstición. Estas fiestas que se celebran de noche en la playa reciben el nombre de sanjuanada, como bien se afirma en esta fuente acopiadora de vocablos nuestros. El Bautista también nos da el sustantivo femenino sanjuanera con varias acepciones citadas en el Tesoro, en la primera de las cuales designa a una «mata leñosa cuyas ramas se sostienen sobre otros vegetales», de nombre científico Forsteronia corymbrosa. También se indica que recibe este nombre cualquier fruta cosechada fuera de estación y en particular las que se dan para las fechas del día de San Juan. De igual modo se indica que en la hermana Cuba y en Puerto Rico llamamos 'sanjuanera' a una «paloma más pequeña que la torcaz» (Columba Zenaida).

Contamos también en nuestro caudal regional boricua con el sanmartinazo o sanmartín para denominar a un «regaño grande», según afirman las autoras del Tesoro. Aunque hemos repasado la vida de San Martín de Tours, nada hemos encontrado sobre el tal 'sanmartinazo', a menos que surja de la reacción de sus superiores en la milicia cuando Martín se negó a seguir participando en combates. También llamamos sanserení, en Puerto Rico a un juego infantil entre los muchos que hemos heredado de la tradición europea, particularmente de la española. Y finalmente llamamos santamaría a una planta de flores azules que sirve para baños medicinales. Los que nos son ni santos ni santas son el sancocho y la sambumbia.

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