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| Efraín Osorio
lapatria.com, Colombia
Martes, 6 de octubre del 2009

ENTRE; OFERTAR; INVERSOR; TANTO-TAN; MISMO-A

Con una asiduidad antiquísima y digna de expresiones castizas, ocurre esto con la preposición entre, empleada en vez de los adverbios mientras y cuanto.


Todas las partes de la oración tienen cada una un oficio específico en ella. Razón por la cual no se pueden reemplazar las unas con las otras, verbigracia, no podemos echar mano de una preposición para que haga las veces de adverbio. Con una asiduidad antiquísima y merecedora de expresiones castizas, ocurre esto con la preposición entre, empleada en vez de los adverbios mientras y cuanto.

La columnista Claudia López escribe: «Entre más estén en enredos criminales más se acercan los políticos a Uribe» (El Tiempo, IX-15-09). Esta oración (desgalichada, por cierto), analizados los elementos que la componen, debió ser construida así: «Mientras más (o cuanto más) estén ciertos políticos enredados con criminales, más cerca están de la ‘guandoca’ ». —¿Que no es su frase?— ¡Claro que no! Pero ésta es desapasionada y mejor estructurada. Acerca del origen de esa tan común corruptela afirma don Rufino J. Cuervo: «‘Entre más bebe, más sed le da’, ‘Entre menos tiene, más gasta’, son locuciones comunes en Colombia (y también en Méjico y Costa Rica): provienen sin duda de la contaminación de ‘Entre tanto que bebe, más sed le da’ = ‘Mientras más bebe, más sed le da’, Esta última es la construcción castellana corriente» (Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano). Por esto, un conocido refrán fue redactado así: «Mientras más conozco a los hombres, más quiero a mi perro».

La señora Ana María Forero T. escribe: «Ofertar, Inversor. Estas son palabras que actualmente están siendo usadas por las personas que hacen negocios, para referirse, en el primer caso, al hecho de presentar una oferta de contrato; y, en el segundo caso, como sinónimo de inversionista». A pesar de que son palabras que ya entraron en el caudal del léxico castellano, la señora Forero tiene razón en sorprenderse ante su uso. En efecto, son términos que hace apenas unos pocos lustros fueron aceptados por la Academia de la Lengua.

El primero, no existía: siempre decíamos ofrecer, con sinónimos como brindar, ofrendar, presentar, etc. El segundo se empleaba con esta acepción: Astronomía. Capa inversora: «Zona media de la envoltura gaseosa del Sol, formada por gases incandescentes que tienen la propiedad de invertir el espectro, haciendo brillantes sus rayos» (El Diccionario, edición de 1970). El de María Moliner lo define así: «Inversor, -a 1 adj. Que invierte algo. *m. Dispositivo que permite invertir el sentido de rotación de un eje. * Electr. Aparato que permite convertir una corriente continua en alterna. 2 adj, y n. Inversionista»

De inversionista asienta: 'Persona que invierte dinero en cierta cosa'. Según mi gusto, y de acuerdo con esta definición, sobra inversor (como sinónimo de inversionista), palabra de la cual se puede decir lo que de ofertar afirma don Manuel Seco: «La Academia registra este verbo en el sentido, usado en comercio, de ‘ofrecer en venta’ (un producto). En América se usa en el sentido general de ‘ofrecer’. En ninguno de los dos casos parece tener razón de ser el nuevo verbo, que ocupa sin necesidad el lugar de ‘ofrecer’» (Diccionario de dudas). Estamos de acuerdo, muy de acuerdo.

De la siguiente manera se expresó el doctor César Montoya Ocampo: «… le estaba notificando a Sabas Pretelt y Diego Palacios que ellos eran tan, o más delincuentes que esta parlamentaria» (LA PATRIA, X-1-09). Así está en la entradilla, y así, en el texto correspondiente. Pues bien, señor, tan es la apócope del adverbio de cantidad tanto, que se usa únicamente cuando precede inmediatamente al nombre que determina, por ejemplo, tan bueno, tan lejos, tan así. Cuando no se cumple esta condición, debe usarse completo. La frase del columnista, bien construida, sería ésta: «… que ellos eran ‘tanto’ o más delincuentes…» Como en la expresión tan frecuente tan es así, que, castizamente, es tanto es así. ¡Ah!, y le sobra la coma, doctor.

Napoleón, no el que usted se imaginó, sino un cibernauta, me comenta: «En vez de durante una jugada o después de la misma, ¿no debería ser durante una jugada o después de ella? Se apoya, dice, en el Diccionario panhispánico de dudas. La frase es de mi columna de la semana pasada. Como es una expresión que utilizo con frecuencia (la considero enfática), consulté. En efecto, la fuente citada sostiene que, por tratarse de un elemento anafórico (que repite), «es innecesario y desaconsejable su uso». «Puede sustituirse —continúa— por otros elementos más propiamente anafóricos» (demostrativos, posesivos o pronombres personales).

Seguí consultando, y me topé con esta oración, propuesta por don Manuel Seco como ejemplo de la sustantivación del adjetivo mismo-a por medio del artículo: «Se prohíbe la entrada en esta oficina a toda persona ajena a la misma» (Diccionario de dudas). ¿Será cuestión de gustos?

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