Noticias del español

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| María Teresa Ogliastri
Letralia, Cagua, Venezuela
Año XIII • Nº 192. 4 de agosto del 2008

¿EN QUÉ SENTIDO ES IMPORTANTE EL ESPAÑOL EN LOS ESTADOS UNIDOS?

ENTREVISTA


La poesía en español en los Estados Unidos


Luis Alberto Ambroggio habla sobre hispanismo


Luis Alberto Ambroggio es oriundo de Córdoba, Argentina, y vive en Washington DC desde hace 40 años. Partió para los Estados Unidos a los 22 años, en medio de los conflictos sociales de su país durante la dictadura militar de General Onganía. Miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y de PEN. Lucha desde Washington DC por rescatar y conservar la historia y cultura hispánica de los Estados Unidos. Ha publicado numerosos ensayos y artículos sobre identidad y bilingüismo, y sobre la literatura en español en los EE. UU. Algunos poemas suyos han sido incluidos en textos de literatura de los EE. UU., y se estudian en las instituciones educacionales del país.Merecedor de reconocimientos, su poesía está grabada en los Archivos de la Poesía Hispanoamericana en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

En octubre presentará en la Biblioteca del Congreso la Enciclopedia del Español de los EE. UU., en la que colaboró con la Real Academia de la Lengua con ensayos sobre la poesía y el teatro puertorriqueños. Ambroggio estuvo de visita en Caracas para participar en el recital llamado «Bilingüismo, dos idiomas para un asombro» en el que leyó sus textos el 29 de julio en el Centro Cultural Chacao. Asimismo, fue invitado por la Fundación Francisco Herrera Luque para dictar el 30 de julio una conferencia llamada «Hispanismo desde Alaska hasta la Patagonia». Entre actividades, cenas y largos coloquios con amigos, queremos rescatar en esta entrevista algunas de sus experiencias como hispano en los Estados Unidos.

¿Cuál es la razón de esta conferencia sobre hispanismo?

—El objetivo de esta conferencia es hablar sobre la presencia de este hispanismo en la poesía escrita en español en los EE. UU. Con la vigencia actual por la lucha de los derechos de los inmigrantes y la presencia cada vez más sobresaliente de la cultura hispanoamericana en el mundo estadounidense anglosajón. El panhispanoamericanismo que une desde el siglo XV a todo el continente americano, es también una realidad en los Estados Unidos, como parte del esfuerzo por rescatar la historia y la cultura hispana en este país que representa a la tercera nación hispanohablante del mundo. Una poesía que precede a la nación.

¿Qué es para usted la poesía y qué lo inspira?

—Diría que me inspira el asombro, la realidad de la imaginación, el poder erótico y desconcertante de la palabra y el universo, esa «risa de la inteligencia» de la que escribe Borges.

¿Cuál cree que sea la función de la poesía en la sociedad?

—Pienso que la poesía nace de la inconformidad y del compromiso que hacemos con nuestro tiempo y el espacio. Para mí la poesía tiene que ver con la solidaridad con los pueblos desde donde sale mi voz y con quienes hablo, aun en silencio.

Usted se fue a los EE. UU. a mediados de los años 60, ¿cómo vivió ese proceso de la dictadura militar en Argentina desde su poesía?

—En mi caso la poesía se convirtió en una forma de resistencia, de testimonio, basado en el hecho de que el poeta no es un turista, sino por el contrario, es un individuo que vive inmerso en una polis que lo afecta. El escribir le da al poeta la oportunidad de expresar libremente, dentro de los confines del arte, lo que siente de una manera muy íntima. Si bien no me gusta la poesía panfletaria, sí me inscribo en una poesía comprometida. Pienso en Paul Celan, César Vallejo, más que en Pablo Neruda. Dentro de los EE. UU. me ha tocado vivir el conflicto de la guerra de Vietnam, sumado a la experiencia que traía de la Argentina de las guerras y revoluciones internas, desapariciones políticas, en fin, la historia de la generación de los 60 y 70.

Como miembro de la Academia Norteamericana de la Lengua Española, ¿qué nos dice de la importancia del español y del uso del spanglish por comunidades hispanohablantes en algunos de los estados de los EE. UU.?

—El español es acaso el lenguaje que ha despertado la mayor hostilidad en los EE. UU. Una hostilidad que se expresa tanto por parte de los que no lo hablan como por parte de los que lo hablan, no sólo por su competencia con el inglés sino también como vehículo de una identidad cultural antagonizada y por la proclividad a distorsionar y deformar el idioma casi diría de una manera fatal. Es el español que valora Pablo Neruda cuando dice: «se nos llevaron el oro y nos dejaron el oro». Y hablo de español (no castellano), por tratarse del lenguaje que aprendimos en la escuela y nos une a los hispanoparlantes, por encima de todos los dialectos, transformaciones regionales, provincialismos, nacionalismos, convivencias lingüísticas identitarias (como, por ejemplo, el caso del guaraní y el español en Paraguay), con los matices sociolingüísticos, socioeconómicos, geopolíticos, de esta mezcla (melting pot) que es la población hispanoparlante de las Américas, incluyendo a los EE. UU.

¿En qué sentido es importante el español en los Estados Unidos?

—La importancia del español se da no en un sentido clasista o purista, ya que los lenguajes (y el español también) son dinámicos. Si bien el spanglish es una realidad, pienso que debemos cultivar y cuidar del idioma de Cervantes, de Andrés Bello, de Neruda, por citar sólo a algunos autores, que son expresión de nuestra cultura e identidad, con todas las posibles idiosincrasias y sincretismos, pero evitando que conquisten nuestra esencia con infiltraciones anglicistas que conllevan otra cosmovisión.

¿Por qué optó por escribir en español su poesía en los EE. UU. y no en inglés?

—A pesar de la atracción comercial de escribir en inglés (el mercado es mucho más grande y pudiente), el aferramiento en mí al español, como lenguaje de mi escritura en los Estados Unidos, es una afirmación orgullosa de mi identidad cultural. A pesar de las pérdidas, dado que pueda ser una voz sin voto o sin público. Pero incluso esto está cambiando ahora, dado que pertenezco a la América hispana que vive en los Estados Unidos y que está creciendo no sólo demográficamente, sino también como presencia política, económica y cultural.

Un poema suyo llamado «Comunión» se ha publicado en más de medio millón de ejemplares de textos escolares y se estudia en diversos organismos educacionales de los Estados Unidos. ¿Este poema habla sobre la relación entre bilingüismo e identidad?

—El poema refleja ese cuestionamiento ontológico de identidad a partir del lenguaje. Se refiere al por qué para poder entender a una persona hay que compenetrarse con su idioma, porque al expresar los mismos sentimientos en un lenguaje diferente no sé si uno continúa siendo la misma persona.

¿Qué influye en la popularidad de un poema?

—Un poema para ser popular no sólo debe tocar la sensibilidad por el otro, sino también debe tener la facultad de vivir, ser recreado y formar parte de la diversidad de razas, culturas y creencias del ser humano.

¿Cuáles son las influencias más significativas en su creación poética?

—Mi escritura poética va a alcanzar casi los cincuenta años. Cuando joven, estuve inspirado por lecturas de los clásicos, Homero, Virgilio, Dante, poetas del Siglo de Oro y escritores franceses. En clases de literatura comencé a escribir junto con poemas de un romanticismo decadente o modernistas de Bécquer y Amado Nervo. Hubo un lapso de unos 12 años de silencio, sin escribir poesía entre los quince y los veintisiete años. Al nacer mi primer hijo, esa misma noche, me reencontré con la escritura poética para expresar lo inefable, la experiencia de ser padre. Estos poemas se compilaron en el primer poemario publicado trece años más tarde, llamado Poemas de amor y vida. También en esos años, a mediados de los setenta, tuve un encuentro revelador con Jorge Luis Borges en la Universidad de Georgetown que relato en Poemas desterrados. Además de Borges, César Vallejo, Cernuda, Salinas, Aleixandre; y más recientes, Rafael Alberti, José Hierro, Ángel González y Gonzalo Rojas. Entre los de habla inglesa: Edgar Allan Poe, T. S. Elliot, William Carlos Williams. Debo agregar que no existiría como poeta sin ellos y sin poetas como Rilke, Kavafis, Pessoa y Octavio Paz.

Usted ha dicho que su militancia política consiste en trabajar por el rescate de la historia y presencia hispánica en los EE. UU.

—La historia de la literatura de Estados Unidos escrita en español es larga, variadísima y de una gran riqueza estética y temática. Cuando digo que la poesía precede a la nación norteamericana y a los peregrinos, que fundaron en 1620 la Colonia de Plymouth en Nueva Inglaterra, me refiero a que el primer poema escrito en español en territorio estadounidense, titulado Florida, por el fraile Gregorio de Escobedo, data de finales del siglo XVI y el segundo, Historia, Pérez de Villagrá, fue escrito durante la campaña de Álvar Núñez Cabeza de Vaca en Nuevo México en el año 1598.

¿Qué importancia tiene actualmente la poesía de los Estados Unidos en español?

—Los cuerpos poéticos de la poesía en español como son: la poesía colonial, la poesía mexicano-estadounidense, la poesía puertorriqueña, la poesía cubano-americana, la poesía de los exilios españoles, suramericano, caribeño y centroamericano y, por último, la poesía actual publicada en español en este país de lengua inglesa ha sido de gran importancia para los Estados Unidos porque ha establecido un puente de unión entre dos culturas diferentes pero hermanas, y porque representa una contribución innegable a la literatura universal. Esta poesía en español deja escuchar muchas voces en una sola voz hispana estadounidense de testimonio, compromiso, rebeldía y nostalgia. La poesía en español en los Estados Unidos es un continuo cuestionamiento sobre la identidad, el derecho de expresión y supervivencia en el marco de una cultura anglosajona dominante.

¿Cómo debería considerarse esta literatura dentro de la literatura hispanoamericana?

—Esta literatura, esta poesía escrita en español en un país de habla inglesa, merece un capítulo en toda antología de poesía hispanoamericana. Mi objetivo no es sólo rescatar y dejar constancia de esa «palabra en el tiempo» que es la poesía según Antonio Machado, sino también que se la estudie y se la considere con la pasión de un análisis serio, porque la crítica —como señala el gran crítico venezolano Guillermo Sucre— es la mirada en el tiempo, creación y sucesión que se le debe a la historia, rica cultura hispana y a los más de 45 millones de hispanoparlantes que hay en los EE. UU.

¿Cuáles son los grandes poetas latinoamericanos que han sido traducidos al inglés y que son apreciados por el lector norteamericano?

—Entre los latinoamericanos, creo que los traducidos con mayor frecuencia y disponibles en las librerías más grandes, son Jorge Luis Borges, Pablo Neruda y Octavio Paz (con su fiel traductor Eliot Weinberger). Ahora están apareciendo traducciones de Rubén Darío. Entre los españoles destacan traducciones de Ángel González y algunos de la Generación del 27 como Pedro Salinas, Jorge Guillén, Luis Cernuda, que fueron profesores en los Estados Unidos; y de Juan Ramón Jiménez. Existen antologías bilingües, especializadas en un tema o género, por ejemplo poesía de mujeres poetas, o de poesía amorosa, que incluye la obra de poetas como Blanca Varela, Cristina Peri Rossi, Ana Istarú, Coral Bracho, entre otras.

¿Cómo ve el trabajo del traductor y el de las editoriales que se ocupan de publicar libros en español ahora que el mercado es más grande?

—Una buena traducción es un poema sobre el poema, un desafío para reencarnar el poema en otro lenguaje, preservando y comunicando la imaginación, la tonalidad, la riqueza de las imágenes y expresiones originales en la originalidad de otro mundo. La palabra se lastima y florece en cada lenguaje. Creo que en estos momentos en Estados Unidos existe una gran necesidad de saber lo que están expresando poetas en otras lenguas dada la asfixia en que se vive, de allí el resurgimiento del arte de la traducción para salir de esta absorción en nosotros mismos. En el campo restringido y elitista de la poesía, hay algunas editoriales, muy pocas, que publican libros en español cuya labor es meritoria. Algunas forman parte de grandes organizaciones y otras son pequeños esfuerzos casi personales. Existe una proliferación de periódicos en español, algunos de los cuales tienen columnas culturales y literarias. Ha crecido el interés por ediciones bilingües, inglés-español, en casas editoriales como Curbstone, Cross Cultural Communications, Bilingual Press de la Universidad de Arizona, Arte Público Press, por citar algunas.

¿Cuál ha sido su contacto con el ambiente literario y los poetas de Venezuela?

—Yo descubrí la poesía venezolana a través de Guillermo Sucre, con la publicación en dos tomos de su Antología de la poesía hispanoamericana moderna. La lectura de Andrés Bello, Rómulo Gallegos y otros escritores venezolanos siempre me interesó. Así como también, la obra de Vicente Gerbasi y la influencia punzante de Luis Alberto Crespo enriquecieron mi poesía. Asimismo, valoro el encuentro con poetas que aparecen en la antología de Julio Miranda, Poesía en el espejo. Igualmente, debo destacar mi respeto y amistad con el gran humanista, Premio Nacional de Literatura, el poeta Juan Liscano. He tenido el placer de compartir festivales y recitales internacionales de poesía con muchos poetas venezolanos, como son María Auxiliadora Álvarez, Arturo Gutiérrez Plaza, Ana María del Re, Edda Armas, María Antonieta Flores, Enrique Viloria Vera, María Teresa Ogliastri, Yolanda Pantin y Joaquín Marta Sosa, entre otros. Y este diálogo enriquecedor sigue en nuevos encuentros, con el recital organizado por el Centro Cultural Chacao: «Bilingüismo, dos idiomas para un asombro», en el que tuve el honor de estar al lado de un Poeta Mayor venezolano como es Rafael Cadenas, así como la posibilidad de nutrirme con la poesía de poetas como Yolanda Pantin y Alfredo Chacón.

¿Cómo le ha afectado a usted como poeta la vivencia del exilio?

—Todos los «desvalores del exilio» están presentes en mi escritura: la nostalgia, la rebeldía, los dualismos de lenguaje, de cultura, esa identidad compleja, insatisfecha, fuera de la raíz, los brotes de desarraigo y aferramiento, y a su vez esa sensación de extrañamiento al hablar con una audiencia que no es la de uno. Al mismo tiempo, no se pueden negar aspectos positivos de esta transculturización.

¿El hecho de vivir en los EE. UU. por tanto tiempo le da otra visión de Hispanoamérica?

—Definitivamente. Gracias a que he vivido gran parte de mi vida en los Estados Unidos, tengo una visión de aprecio del sentido de valor continental y, por otra parte, manejo la posibilidad de un distanciamiento crítico para sentir la complejidad social y económica de Latinoamérica, como son las fallas y desigualdades propias del subdesarrollo. Me doy cuenta del potencial y el desperdicio que hay en nuestros pueblos, así como la diferencia en los sistemas de valores entre la cultura hispana y la cultura anglosajona: el contraste entre el personalismo de la comunidad en nuestras sociedades y el impersonalismo de las sociedades industrializadas, el orden y el desorden, el respeto y la validez de las leyes y del sistema jurídico con todas sus falencias frente a las manipulaciones, atropello y falta de respeto a los mismos. Como escritor no estoy inmune al entorno político, socioeconómico, pero en el esfuerzo por ser fiel a la literatura mi empeño se concentra en contribuir al imaginario de mi pueblo que es la América hispana de los EE. UU., rescatar su historia, expresar su lenguaje y cultura y soñar en el «equilibrio del mundo» del que hablaba José Martí.

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