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| Antonio Machín (www.abra.es)
Oficina de Corrección del Español -ABRA Lunes, 9 de marzo del 2009

EN EL LARGO PLAZO TODOS ESTAREMOS MUERTOS

Son ya habituales las expresiones en el corto plazo, en el medio plazo o en el largo plazo con las que personajes de la economía o las finanzas y adláteres respectivos se despachan con soltura al hablar de lo suyo.


Es una monserga que viene ya de antiguo y que, como quien no quiere la cosa, parece haber calado en nuestro idioma per saecula saeculorum, me temo. Ese ridículo afán, tan nuestro, de pensar que quien habla de forma diferente o emplea términos novedosos tiene mayor conocimiento del idioma, supone un notable riesgo de hacernos caer en el ridículo. Si nos tomásemos la molestia de acudir al diccionario o de consultar la duda, podríamos parecer menos chics o menos glamurosos, pero estaríamos hablando mejor en español.

Sospechosamente, tales expresiones parecen una traducción literal del inglés («on the short-term», «on the medium-term» u «on the long-term») que se han traducido alegremente al español de forma literal, no se sabe si por negligencia en el uso de las preposiciones o porque a algunos les aburre utilizarlas como Dios manda: a corto plazo, a medio plazo o a largo plazo; es decir, con la preposición 'a' en lugar de 'en'.

La documentación de estas expresiones con la preposición 'en' es cada día más amplia; de forma especial, en Hispanoamérica, donde se documentan desde hace una década:

    «…no habrá devaluación en el corto plazo». (Venezuela).

«…que generan capacidad de crecer tanto en el corto como en el largo plazo». (México)

«…RFID se implementará masivamente en el corto plazo en Argentina». (Argentina).

«…promover inversiones en generación hidráulica porque en el largo plazo asegura energía más barata». (Guatemala)

«…debería de tener un impacto positivo, al menos en el medio plazo…». (Panamá).

«…las empresas precisan ser rentables en el corto plazo». (España).

«…en el corto plazo no podremos cultivar nuestros alimentos». (Nicaragua).

«…nuestra reforma de salud apunta a objetivos sanitarios que solo son posibles de alcanzar en el largo plazo». (Chile).

«…en el largo plazo puede ceder en su posición a favor de los países andinos». (Colombia).

«…con apoyos puntuales no ayudamos al desarrollo de comunidades en el largo plazo». (Uruguay).

« …el número de parados se incrementará en el medio plazo». (España).Ya puestos, por qué no aplicar también estas expresiones anglicadas a la política («…habrá de llevarnos, en el corto o medio plazo, hacia la unificación de los dos partidos». [España]); al mundillo artístico («En el corto plazo, el Perú será plaza fija de las giras de artistas internacionales». [Perú]); a la industria del turismo («… estiman que en el corto plazo aumentarán a un millón de visitantes anuales a las Cataratas del Iguazú». [Argentina]); o a la alimentación infantil («…poner en marcha en el corto plazo un banco de leche materna».

Verdaderamente ocurren cosas terribles alrededor de estos plazos. «Para muchos, no habrá casas en el corto plazo»; para otros, «vivir en el corto plazo genera un escenario de expectativas nocivo». Sombrío panorama. A los españoles, que «en el medio plazo podrían sufrir mayores impuestos de alcohol y tabaco para financiar la sanidad», ese plazo se nos ha hecho demasiado corto.

De lo que no hay duda es de que «en el largo plazo, todos estaremos muertos», según la célebre sentencia atribuida a Keynes.

Otra cosa sería si el sustantivo 'plazo' tuviera un complemento. Como explica Leonardo Gómez Torrego, debe quedar claro que las expresiones con 'en' y el artículo son válidas y no admiten sustitutos cuando el sustantivo 'plazo' lleva un complemento. En estos casos no valen las formas con 'a': «En el corto plazo de un mes» ( y no 'a' corto plazo de un mes); «En el corto plazo que nos dimos» (no 'a' corto plazo que nos dimos), etc.

Volviendo a nuestro Keynes, tan correcto sería decir «a largo plazo todos estaremos muertos (sin complemento)» como «en el largo plazo que nos queda por delante todos estaremos muertos (con complemento: la oración de relativo)».

Y tanta es la velocidad y el afán que estos tiempos imprimen a nuestras vidas que no ha tardado en aparecer un término específico para designar la brevedad intrínseca de nuestro mundo: cortoplacismo.

Un sustantivo que, en opinión de Leonardo Gómez Torrego, aunque no figura en los diccionarios académicos ni en otros como el de Manuel Seco o el de María Moliner, está bien formado gramaticalmente. «No cabe, por tanto, censura (de hecho, se documenta en Hispanoamérica), si bien, nuestro consejo es que se use el compuesto 'corto plazo' como sustantivo: el corto plazo».

Quizá fuera interesante que financieros y políticos de toda laya fueran inventando el «medioplacismo» y hasta el «largoplacismo» para afrontar los problemas de cambio climático y degradación medioambiental que nos acechan a la vuelta de la esquina.

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