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| Ángeles García
El País (Madrid, España)
Miércoles, 13 de diciembre del 2006

EN EL LABERINTO DE LOS ISMOS

Siruela publica la versión definitiva del diccionario artístico de Juan Eduardo Cirlot.


Juan Eduardo Cirlot (Barcelona, 1916-1973) fue toda su vida un gran coleccionista. Ilustraciones, postales, espadas. Todo merecía su atención, estudio y clasificación. La palabra no podía ser ajena a este prestigioso poeta y crítico y por ello dedicó gran parte de su vida a lo que se considera una de sus obras más importantes y originales: el Diccionario de los ismos.


Reeditado ahora por sus hijas Lourdes y Victoria Cirlot en Siruela, el Diccionario de los ismos fue publicado por primera vez en 1949 con unas 500 voces. En 1956, el propio autor revisó y enriqueció con dos decenas de definiciones la primera versión. Pero durante toda su vida, Cirlot siguió trabajando con nuevas voces que ahora han sido añadidas a lo que fue la segunda edición. También se han completado algunas de las voces de las anteriores ediciones.

¿En qué se diferencia este diccionario de otros que persiguen idénticos objetivos? ¿Por qué se ha convertido en un clásico de referencia para todo estudioso del arte en su sentido más amplio?

De entrada, el Diccionario de los ismos es un compendio de estética en el que al arte se le suma la música, la filosofía y la literatura. Pero también Cirlot incluye ismos relativos a enfermedades o patologías como reumatismo, alcoholismo, daltonismo. O ismos de carácter esotérico como el salamandrismo o el satanismo.

«Mi padre», explica Lourdes Cirlot, «era ante todo un coleccionista de palabras. Cuando se interesaba por una, llegaba a realizar un auténtico tratado en torno a ella. Muchas definiciones son estudios en profundidad de un tema».

Cirlot sumaba las voces sin seguir un orden preestablecido. «Su diccionario es un collage de palabras», añade Victoria Cirlot, «salpicado con un humor profundamente surrealista. Puede parecer que las palabras elegidas no tengan nada que ver entre sí, pero luego resulta que todas surgen de un cuadro determinado. Cada elemento de esa obra era un manantial de sugerencias».

Juan Eduardo Cirlot tuvo siempre una clara intención de transgredir, tal como se muestra en su obra poética y en su prosa. Ese afán rompedor le hizo sufrir el rechazo de muchos de sus contemporáneos y de algunos de sus críticos posteriores. De este Diccionario de los ismos se ha dicho que es incompleto y que faltan voces imprescindibles. «Hay voces que no están porque él decidió excluirlas», dice Lourdes Cirlot, «y otras que responden a hechos ocurridos después de que él diera por finalizado el diccionario, como es el caso del pop y todos los popismos y derivados».

El historiador y crítico Ángel González García, responsable del prólogo de esta edición, mantiene que los ismos son siempre unipersonales y que Cirlot, partícipe directo de los grandes movimientos de vanguardia del siglo y dueño de una fuerte personalidad, tenía que imprimir su sello en todo lo que hacía. «La obra de Cirlot es forzosamente personal, producto de sus gustos, amores o desprecios», añade el historiador.

Juan Eduardo Cirlot fue testigo y actor de los movimientos de vanguardia del pasado siglo. Como teórico e investigador, publicó sus artículos en revistas nacionales e internacionales. También son numerosas sus monografías sobre artistas españoles y extranjeros y sobre los movimientos de vanguardia. Estuvo especialmente vinculado al movimiento surrealista, la abstracción informalista en España tuvo especialmente seguimiento entre los artistas catalanes. Está considerado un personaje clave en el complicado panorama intelectual español de los años del franquismo, tanto por la importancia de sus trabajos de divulgación de arte y simbología como por sus trabajos de experimentación en el campo de la poesía.

'Cirlotismos'

Banalismo. No debe confundirse al arte con la temática. Por consiguiente, no se produce arte banal cuando se escoge como motivo un tema sin trascendencia, sino cuando el proceso creador, integrado por la técnica y la inspiración, resulta insuficiente (…).

Conceptismo. Forma de expresión que muestra predilección por el lenguaje impreciso. Imprecisión no es equivalente de confusión, pues, en arte, rara vez se da lo confuso como resultado de una explícita voluntad en tal sentido, mientras que lo impreciso sí es usado frecuentemente como el medio más adecuado para traducir lo que la psicología denomina «estados crepusculares de ánimo» (…).

Fideísmo. Doctrina heterodoxa que, considerando a la razón como esencialmente impotente para inteligir las verdades de la religión, presupone la existencia, en el hombre, de una facultad independiente, que es la que le otorga capacidad para la fe (…).

Salamandrismo. Ismo esotérico introducido por el tratadista de arte alemán Leon Arnaut en los cenáculos simbolistas de París. En esencia, consiste en la aportación de varias ideas de valor plástico e ideológico extraídas de las antiguas mitologías de la América precolombina, donde las almas de los difuntos eran asimiladas a la salamandra.

Sensacionalismo. La práctica de lo sensacional, como estilo, puede asimilarse a lo efectista. (…) Se busca sustituir el efecto de las extensas o profundas explicaciones por un efecto brusco, cuidadosamente elegido y preparado (…).

Sentimentalismo. (…) Se considera sentimentalista aquella posición en la cual todo otro factor expresivo o representativo queda automáticamente subordinado a la necesidad de expansión sentimental. En la música gregoriana, en la pintura de Mantegna, en la lírica de Dante o de Eliot, hay un grave y profundo sentimiento, el cual es el que enhebra toda la conductividad, la coherencia de la creación (…).

Esnobismo. Por esnobismo suele entenderse la admiración apasionada por todo lo nuevo, lo que vendría a ser la respuesta adecuada a la concepción existencialista del arte, la cual dice crear estrictamente para el presente, sin preocuparse en absoluto de dejar para épocas posteriores. Todo esto entraña una farsa, el existencialismo, aun negando valores intemporales, no puede evitar la salida a un humanismo que presupone una tabla de jerarquías y, por consiguiente, unos intereses espirituales a salvar (…).

Titanismo. En el fondo, el titanismo expresa el anhelo oculto en el hombre de invertir las posiciones respectivas de la criatura y su creador; por ello, tiende a una magnificación de lo humano elevándolo hasta ese grado de exaltación espiritual que se traduce en las puras dimensiones espaciales, dando lugar a los titanes de la mitología, de la literatura y de las artes plásticas (…).

Vibracionismo. Nombre dado a su modalidad pictórica por el artista uruguayo Rafael Barradas, publicando su primer manifiesto vibracionista en 1920. No deja de tener relación con el futurismo y con el cubismo, aun cuando su autor considere lo contrario.

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