Noticias del español

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| Ángel Matilla, miembro de la Junta Directiva de la Asociación de Internautas
www.internautas.org, España
Martes, 9 de febrero del 2010

EN EL DICCIONARIO DE LA REAL ACADEMIA ESPAÑOLA —DRAE—

¡No existimos!


¿Han probado a buscar internauta en el diccionario de la Real Academia Española (RAE)? La próxima edición que aparecerá en el mercado, la 23ª, sigue sin contemplar la voz internauta; sí podemos encontrar son las voces cibernauta, ciberespacio… ¡Internet!

De la misma forma que la sociedad siempre va por delante de la ley, tres cuartos de lo mismo ocurre con el idioma y el lenguaje. Es lógico: una ley o una norma tarda en asumir como habitual algo que la sociedad lleva tiempo utilizando y si la voz internauta es ya de uso habitual en todos los ámbitos de la vida diaria, todavía es lo bastante moderna como para que la RAE sea reticente a incluirla en su Diccionario (DRAE).

Pero si llamativa es la ausencia de la voz internauta, no lo es menos la inclusión de cibernauta; una voz que, pese a su juventud, está prácticamente desaparecida. Es esta una voz que no ha llegado a calar en la sociedad española, aunque no sé si es de uso habitual en Iberoamérica, lo que explicaría su aparición en la última edición publicada.

También es sorprendente, o al menos para mí lo es, tanto que no aparezca internauta como que sí lo haga internet. Desconozco si automóvil y automovilista entraron de la mano en el DRAE; no sé si avión y aviador fueron consideradas aceptadas y publicadas en la misma edición de esta obra.

Con la agilidad que hoy se modifica y adapta el idioma se hace extraño que la definición de la red de redes sí tenga el visto bueno en la próxima edición de este compendio y sin embargo el nombre con que nos conocen a los que la usamos a esta red informática mundial y descentralizada no sea aceptable para tan insigne organización. Acaso consideren que como internet es una parte del ciberespacio, atendiendo a las definiciones de ambas palabras, no es necesario añadir una nueva expresión, la de internauta, ya que puede considerarse englobada en cibernauta.

¡Líbreme Dios de poner en duda la corrección de esta decisión! Las personas que ocupan los sillones de tan docta institución son, indudablemente, personas mucho más cultas que yo y con miras mucho más altas que incluir o no una simple palabra en este gran manual de nuestro idioma que es su Diccionario. A la vista de la velocidad con aparecen las sucesivas ediciones del DRAE probablemente en la 24ª edición, allá por el año 2020 más o menos, veremos que el nombre que da sentido a nuestra Asociación es aceptable para aquellos que velan para que el lema «Limpia, fija y da esplendor» se cumpla.

Quizás no sea el mejor momento para pedir que una voz de uso habitual, más o menos desde hace diez años, en los medios de comunicación y el lenguaje cotidiano se incluya en el DRAE, pero creo que sí lo es de pedirles a los doctos componentes de la Real Academia Española que sea un poco más ágiles en aceptar como correcto el uso de determinadas voces y expresiones que han calado de forma notable en la sociedad.

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