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«En EE. UU. hay que prestigiar el español como lengua de intercambio cultural y científico»

Su trayectoria como escritor ha favorecido su primer año al mando de un Instituto Cervantes, una fábrica de cultura que trabaja a pleno rendimiento para acercar el castellano a los ciudadanos de las 80 sedes repartidas por los cinco continentes.

Su primer impulso —tal y como hubiese ocurrido en el 99 % de los casos— fue acudir a internet y teclear en google Alburquerque (EE. UU.). Poco después, Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970) confirmaría a la dirección del Instituto Cervantes su deseo de trasladarse a esta ciudad del suroeste, en el Estado de Nuevo México, para dirigir una de las tres sedes que la institución posee en el país norteamericano. El escritor, crítico literario y gestor cultural tomó las riendas de este centro el pasado mes de noviembre, y, cerca ya de cumplir un año, hace un balance muy positivo, tanto a nivel humano como profesional.

¿Qué referencias tenía de Alburquerque?

-Es una ciudad poco conocida porque no entra dentro de los circuitos turísticos de EE. UU.; es decir, hay que ir allí deliberadamente. Yo conocía la ciudad exclusivamente porque en ella han estado algunos escritores españoles como profesores como es el caso de Ramón J. Sender o Ángel González, pero nada más.

¿Qué es lo que más le ha gustado de la ciudad?

-Aunque es profundamente norteamericana tiene muchísimo legado, tanto español como mexicano, y por eso me he sentido muy cómodo. Tanto en Alburquerque como en Santa Fe hay calles que se llaman Valencia, Sevilla, Córdoba o Madrid; se nota que hay una gran herencia del español como lengua… y eso me ha permitido instalarme cómodamente. No me he sentido extranjero y la mayoría de los amigos que he hecho allí son hispanos.

La ciudad, estupenda… pero ¿y su inglés?

-Ha mejorado enormemente y además creo que la inversión en los idiomas es fundamental. Recomiendo a todos los padres que puedan permitírselo que manden a sus hijos entre los 12 y los 15 años a Inglaterra o EE. UU. un tiempo porque es la única forma de aprender la lengua con buen acento y para toda la vida.

¿En EE. UU. hay tres sedes del Instituto (Nueva York, Chicago y Alburquerque), qué peculiaridades tiene esta última con respecto a las anteriores?

-En principio el tamaño. Nueva York es uno de los centros más grandes de toda la red mundial; es el segundo en número de alumnos y disfruta de un fuerte presupuesto. En cambio, el centro de Alburquerque es de los más pequeños porque entre la escasa población (unos 500.000 habitantes) y el hecho de que ya se habla español (hay un 28% de personas que saben perfectamente el idioma), el crecimiento del Cervantes es muy limitado. Sin embargo, es muy importante por razones estratégicas ya que Nuevo México es el único Estado bilingüe de Estados Unidos, y el español es lengua cooficial. En las instituciones públicas la mayoría de la gente habla español por eso es complicado ir allí y no entender.

¿Qué consideración tiene la población hacia el idioma español?

-En Nuevo México no es que el español esté denostado, pero sí podríamos decir que es una lengua secundaria. No hay que olvidar que por muy cerca que estemos de la frontera con México es un país anglosajón y la lengua mayoritaria es el inglés. Pero precisamente hay que aprovechar esos pequeños espacios en los que el español se va introduciendo para intentar prestigiarlo y utilizarlo para el intercambio cultural y científico y, por lo tanto, convertirlo en una lengua de primera división.

¿Cuál es el perfil de su alumnado?

-Nosotros tenemos alrededor de 500 matriculados y la mayoría de ellos tienen un profundo conocimiento del español oral porque lo han oído en casa, sobre todo a sus padres y abuelos, y lo que les falla son los rudimentos de sintaxis, ortografía y la escritura del idioma. El nivel de la práctica hablada suele ser brillante.

¿Esta mezcla contribuye al desarrollo del spanglish?

-Quizás el cine, la publicidad o los medios han llevado al extremo este tema del spanglish haciendo construcciones a veces artificiosas, pero es cierto que tanto en California como en Nuevo México hay gente que habla indistintamente el inglés y el español y los utiliza alternativamente en frases completas dentro de su discurso, pero no dentro de una frase, como suele aparecer en las películas.

Parece muy complejo.

-Aunque lo parezca es fácil de seguir. La gente utiliza el vehículo lingüístico más corto. Si una frase es más corta en español, la dice en español, y si la siguiente es más corta en inglés, se cambia de lengua.

¿Existe en EE. UU. interés por la literatura española?

-Sinceramente tengo que decir que no mucho. La situación de la literatura española en Norteamérica se sostiene por la preocupación constante de importantes departamentos universitarios repartidos por todo el país. En realidad, la que está más pujante es la latinoamericana. Hay muchos motivos que explican esto, como la gran presencia de profesores hispanoamericanos en esas universidades. La literatura española está pasando un momento de crisis de reconocimiento en los EE. UU. que esperemos que cambie. Precisamente, parte de nuestro cometido es colocar la literatura española a la misma altura que la hispanoamericana.

Quizás la repercusión política de los autores del exilio dio más alas a la literatura española de posguerra que a la actual.

-Esos escritores del exilio como Cernuda, Bergamín o Tomás Segovia se fueron a vivir a México y entonces ocuparon el espacio central en un país que luego acabó siendo el eje de referencia dentro de la herencia en la literatura hispanoamericana en los EE. UU. La llegada de la democracia a España provocó un retorno en algunos casos, y sobre todo provocó un efecto que considero pernicioso que es la tendencia de los escritores a quedarse en España, a no salir demasiado y a no tener la experiencia de la extranjería durante un tiempo, que ayuda mucho y da una perspectiva muy diferente sobre la propia cultura. Y esa mirada, para cualquier escritor, creo que es muy necesaria.

Su condición de ciudad fronteriza y con una fuerte carga inmigratoria, ¿acarrea problemas en la sociedad?

-Los Estados Unidos tiene un grave problema de inmigración y efectivamente Nuevo México, California y Texas, que son los tres Estados que limitan con México, son especialmente problemáticos. Se calcula que hay cerca de 9 millones de inmigrantes ilegales y efectivamente hay un problema humano, social y humanitario, ya que estas personas no pueden optar a papeles y por lo tanto hacen trabajos muy marginales; el poco dinero que consiguen lo envían rápidamente a su país.

Cuál es la posición del Instituto Cervantes frente a esta población.

-Digamos que el Instituto Cervantes no discrimina, en el sentido de que nuestras actividades culturales son libres y gratuitas y no le pedimos a nadie los papeles para entrar a ellas. No es nuestro objetivo.

¿España puede considerarse un país conocido en Alburquerque?

-Una de las cosas que me ha llamado la atención de la ciudad es la cantidad de gente que ha estado en España y conoce perfectamente el país, incluso Córdoba. Muchas veces me ha pasado que se ha acercado a mí un anglosajón, la típica persona rubicunda, y me ha dicho que conoce Córdoba y le encanta la Mezquita. A lo mejor en Estados del norte puede haber cierto desconocimiento de España como singularidad, pero tampoco en España muchas veces se conoce la diversidad estadounidense. El mundo es muy grande y es muy difícil conocerlo. Para los EE. UU. España es un país muy chiquitito que forma parte de Europa.

¿Qué estereotipos de la cultura española se ha encontrado allí?

-Evidentemente, los tópicos españoles de siempre funcionan. Es curioso que por ejemplo en Alburquerque hay un gran legado flamenco. Existe una fundación que se dedica al estudio del flamenco y allí se organiza un festival todos los años, incluso con artistas flamencos norteamericanos, de familias españolas que emigraron allí y que después de muchas generaciones siguen tocando la guitarra o haciendo cante y baile flamenco.

¿Cuál es su objetivo más inmediato como director del centro?

-Me gustaría trabajar en el desarrollo de la expansión del centro. Ahora, por circunstancias evidentemente económicas, el crecimiento del Instituto Cervantes se va a ver un poco limitado. Por eso creo que hay que sustituir el dinero con imaginación para ver de qué forma podemos captar nuevos alumnos. Además, el año que viene cambiamos de edificio a un lugar más amplio y allí tendremos nuestro propio espacio para poder hacer exposiciones propias.

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