Noticias del español

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| Amelia Castilla
elpais.com, España
Sábado, 5 de septiembre del 2009

EN BUSCA DE PRONOMBRES

En algunas aldeas todavía dicen agora por ahora; o procuro de venir, se les dije o andé.


El español vulgar lo mantienen vivo las personas mayores. Muchos de esos rasgos dialectales, propios de las diferentes zonas rurales de España, pueden desaparecer con el paso del tiempo y, en especial, por el efecto contaminante del habla que ejercen la televisión o la radio. «Los medios proponen la universalidad de la lengua», asegura Inés Fernández Ordóñez, catedrática de Lengua Española en el departamento de Filología Española de la Universidad Autónoma de Madrid y directora del Corpus Oral y Sonoro del Español Rural (COSER), un proyecto en el que lleva embarcada desde 1990 y cuya finalidad es documentar el uso del léxico para su estudio pero, en ningún caso, para reflejarlo en la gramática. Fernández Ordóñez dispone de más de 900 horas de grabación realizadas en 700 enclaves de diferentes zonas, hasta ahora en el centro y norte peninsular. Más de treinta pueblos se encuentran colgados en la red con archi historia oral que da pie también a la vo sonoro y texto (www.uam.es/coser). Los testimonios —a disposición del que quiera escucharlos— documentan una antropología social y a aspectos etnográficos.

«Más que una lengua monolítica, el español es una lengua estandarizada y con muchas complejidades, pero la mejor manera de documentar la variación lingüística es a través de una grabación». Fernández Ordóñez (Madrid, 1961) y cuatro de los miembros de su equipo, estudiantes de diferentes carreras, se encuentran en la provincia de Albacete en una de esas excursiones, financiadas por la Universidad Autónoma de Madrid y dedicadas a la captura de rasgos dialectales que hayan penetrado en el habla. Con ellos han viajado desde Madrid otros 25 alumnos que se han repartido en los distintos coches por la provincia. Cada grupo busca a los informantes al azar. Se miran sobre todo aldeas pequeñas y se recurre a un cuestionario que abarca temas como la matanza del cerdo, las fiestas populares, los partos en casa o las celebraciones de despedida de los mozos que partían para la mili.

El equipo, que acompaña a Fernández Ordóñez en esta tarde de sábado, da cuenta de los postres, en un bar de carretera, con un atlas encima de la mesa en el que trazan la ruta hasta Zulema, una aldea albaceteña de unos cincuenta vecinos. Se les nota práctica. No resulta complicado llegar hasta Virginia, una octogenaria de pelo corto, sentada en el porche de su casa, con una de esas batas veraniegas que se ponen en La Mancha encima de la ropa. Apenas unas frases para justificar el proyecto y el equipo ya está sentado en el salón-comedor de la vivienda con la grabadora digital en marcha: «¿Y cómo preparan aquí la morcilla?», pregunta con naturalidad la futura académica. En este caso, la informante da un uso perfecto a los pronombres átonos y se ajusta al modelo de la zona donde no existe el todavía, sólo usan el aún, y en la conversación ha salido el uso del adverbio agora en vez de ahora.

La penetración sociolingüística nunca es uniforme. La catedrática sitúa la base del español moderno en Castilla oriental, en zonas como Soria o Guadalajara y no en Valladolid como creen muchos. De entre los rasgos subestándares que se introducen en el habla, unos se mantienen y otros se extinguen por la influencia de las personas cultas. Como en otras cuestiones de la vida, el prestigio y el rango social también condicionan el uso de la lengua. «Las clases con mayor poder adquisitivo fijan el universo lingüístico. Ellas controlan los modelos al uso; las de alto nivel utilizan el español más académico, mientras que las clases medias encajan entre los que recurren cotidianamente a diminutivos, acabados en ico o en ino, pero borran usos como caersen».

Fernández Ordóñez comenzó a buscar pronombres tras leer un artículo de la profesora norteamericana Flora Klein sobre el uso del español en el que se consideraba el laísmo y el leísmo como una desviación. Aquello picó su curiosidad hasta el extremo de que decidió empezar con las grabaciones buscando la respuesta en su origen. «Perseguíamos el límite lingüístico y empezamos por delimitar el área donde se daba. Buscamos en Cantabria, Asturias, Castilla y País Vasco y, en medio de toda esa complejidad de sistemas dialectales, comprobamos que donde aparecían los pronombres existía el movimiento de matices». Se dicen cosas como «la madera está seco» o «la lana lo lavas bien». Otro de los fenómenos identificados en los encuestados de la zona de Castilla la Vieja es la sustitución

del imperfecto del subjuntivo por el condicional: «Si tendría dinero me compro un coche». Los mayores siguen usando términos como dijon, puson, vinon o se les dije y se les di. Cada zona posee su sesgo geográfico, aunque hay rasgos muy extendidos como el uso del infinitivo con oraciones subordinadas —procuro de venir—, así como el famoso dequeísmo —le dije de que viniera—. Con todo, Fernández Ordóñez cree que se debe ser tolerante con todas las formas de hablar. «No se debe imponer un estándar. En muchos casos, más que de fallos se puede hablar de cosas mal comprendidas incluso en la propia gramática, puesto que se basan en la lengua escrita y no en la oral. Muchas de estas cuestiones sólo afloran si partes de la versión genuina que es el lenguaje rural».

De las grabaciones se desprende también que, además de las constantes por áreas geográficas, se dan las propias de cada individuo y que la sensibilidad lingüística depende de la movilidad. «A más contactos mayor movilidad en el uso y la adopción de rasgos externos y de uniformidad». Las mujeres son más sensibles a los cambios lingüísticos que los hombres y, de entre las hipótesis posibles, una de las respuestas es que suelen ser las encargadas de transmitir valores, pero también que ellas se encuentran menos focalizadas en una actividad concreta, lo que les permite tener mayores contactos y relaciones. Al margen de otras hipótesis biológicas, algunas feministas lo consideran como el intento de conseguir mayor poder, para compensar otras desigualdades. Claro que esto sólo sucede en las sociedades occidentales.

Fernández Ordóñez ocupará en la Real Academia la silla P, vacante tras el fallecimiento del poeta Ángel González. Su trayectoria de saber filológico se mueve entre el habla rural y el medievalismo, en el que destaca como una especialista en la figura de Alfonso X el Sabio. Todavía anda dándole vueltas al discurso de ingreso, pero baraja la posibilidad de montar una historia didactológica sobre la historia de la lengua, documentando la formación del español. La tendencia más importante defiende que el español es el castellano, pero, a su juicio, se trata de una idea no totalmente cierta, basada en el deseo de Menéndez Pidal de convertir Castilla en España. Su tesis sostiene que el español es una suma de influencias y una lengua de convergencia y confluencia. Lo cuenta mientras el equipo se retira hacia el hostal de carretera donde se alojan.

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