Noticias del español

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| Juan Ramón Martínez
latribuna.hn, Honduras
Viernes, 30 de abril del 2010

ELOGIO DE LA NUEVA GRAMÁTICA

Estuve en Medellín, bella ciudad de la bella Colombia, como testigo en el momento en que los presidentes de las 21 Academias de la Lengua de todos los países en donde el español es lengua principal; o mayoritaria en crecimiento, aprobaban la nueva Gramática española. Presididos por el rey de España, Juan Carlos I y el presidente de Colombia, Álvaro Uribe Vélez, pusieron su firma en el documento que hace oficial el instrumento que nos permitirá seguir escribiendo y hablando el español, la segunda lengua occidental más hablada en el mundo.


El gozo fue inmenso y el honor, que posiblemente no me lo merecía, desproporcionado a mis modestos recursos de cultor de la lengua y la escritura en español. Sentí un calosfrío gozoso, recordando a mi padre —quien el suyo y la sociedad de su tiempo le negaron la oportunidad de ir a la escuela a aprender los secretos del alfabeto— que no teniendo duda de mi futuro y del hecho, me regaló a los diez y seis años, la primera máquina de escribir en donde empecé la aventura de navegar por el ilimitado mundo de las palabras, las voces y las expresiones.

En la distancia del tiempo y el espacio, en Medellín tomé conciencia cómo un grupo de hombres y mujeres, entre los cuales humildemente incluyo a mis padres, mis profesores y mis amigos, valoran la importancia del español, aprecian las virtudes comunicacionales de una lengua de múltiples acentos; y celebran anticipadamente su crecimiento y las consiguientes contribuciones de sus cultores. Y me hice uno, en el seno del IV Congreso de la Lengua, celebrado al día siguiente en Cartagena de Indias, con hombres y mujeres de todo el planeta, incluido el África —Senegal, Guinea Ecuatorial y Argelia— en el gozo de podernos reconocer en la medida en que nos comunicamos con las mismas palabras, pronunciadas en tono particular pero reconocible inmediatamente por todos.

Allí, Juan Gozaín me dio la gran lección: Su padre que por no haber nacido hablándolo, lo primero que hizo una vez que le entregaron su primer salario, fue comprarse un diccionario, para dejar de ser un inmigrante en un continente que como regla de identidad exige, pasaporte inevitable, el manejo y comprensión del español. Así como entendí que la práctica del buen gobierno, la vocación democrática, coincide siempre con el respeto por el idioma español y su cultivo fresco, siguiendo las reglas establecidas por los académicos de la lengua.

Álvaro Uribe Vélez, Juan María Sanguineti, Ernesto Samper, Belisario Betancourt y Martín Torrijos, este último presidente en ejercicio, son un ejemplo de cómo el culto del español, la magia de la unidad que produce la lengua en que Cervantes escribiera el Quijote, convoca y anima a la unidad por encima de los tonos y las nacionalidades.

La palabra del rey de España, fue esclarecedora, tanto del futuro del idioma, como por el papel de sus escritores que, además de producir obras para deleite de sus lectores, van construyendo el edificio de la identidad, más allá de las especificidades atrapadas en regiones y en fronteras. Y, por supuesto, no hay forma de pasar por alto, la dicción extraordinaria, la fuerza de sus expresiones y la claridad de las patrióticas metáforas, de García de la Concha, ese gran pontífice máximo de la lengua española. Al final García Márquez sin doblegarse por sus 80 años; y sin renunciar a su pasado de bailarín de «cha cha cha», lo que se nota en su andar, como si lo hiciera sobre las aguas de la vida, nos hizo comprender las sutilezas del español, que le permitieran edificar un mundo realista, con palabras que sólo el español pudo prestarle para escribir Cien años de soledad.

Ahora, exactamente dos años después, llega en forma de oloroso libro nuevo, a Tegucigalpa la Gramática española, que ya no es metropolitana sino que de todo el mundo que habla español. La recibimos, bajo el patronazgo del director de la Academia Hondureña de la Lengua, Óscar Acosta, la responsable por Honduras de esa gramática Elba María Nieto, el entusiasmo de Ignacio Rupérez, embajador de España en Tegucigalpa y la pródiga dedicación de Eugenio Roca de Planeta y Espasa Calpe, responsables de esta bella y útil obra de la erudición y el talento de los que hablamos español. La que, la semana pasada la pusimos al servicio de los hondureños. Para que sigamos con ella, iluminando los caminos del idioma, en donde tenemos todas las oportunidades del mundo, concentradas en su belleza melódica y en sus palabras imaginativas y sugerentes. ¡Bienvenida!

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