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«El vocabulario está construido desde la mirada masculina»

María Ángeles Calero, profesora en la Universidad de Lleida.


«¿Es cierto que la lengua española discrimina a las mujeres». La filóloga María Ángeles Calero así lo cree y lo fundamenta en una serie de estudios que ella mismo ha realizado, al tiempo que plantea propuestas concretas para un uso inclusivo del lenguaje. María Ángeles Calero, profesora en la Universidad de Lleida, impartió una conferencia en la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales de Huesca, organizada por el Observatorio de Igualdad de Género de la Universidad de Zaragoza dentro del ciclo «Nombrar en femenino es posible», organizado para «sensibilizar sobre la forma en que el lenguaje discrimina a las mujeres».

«El famoso género masculino genérico que nos incluye a las mujeres no existe como tal y por lo tanto hay una absoluta necesidad de utilizar el femenino cuando se habla de las mujeres», considera la filóloga María Ángeles Calero, que recientemente impartió una conferencia en Huesca sobre la discriminación de las mujeres en el lenguaje.

Calero, autora de varios libros sobre esta materia, considera que «el sexismo de la lengua no sólo se circunscribe al uso del femenino y el masculino, sino también a otra cuestión mucho más compleja y perjudicial para la mujer, que es el vocabulario que se utiliza para hablar de la mujeres». En su opinión, es un léxico que no recuerda las necesidades de la mujer, porque «es un vocabulario construido desde la mirada masculina».

«El vocabulario nos ningunea, hay muy poco vocabulario popular para referirse a los genitales femeninos, no habla de nuestras necesidades o nuestras experiencias, y cuando lo hace es para recordar que las mujeres tenemos que ser de una manera determinada. Los insultos que reciben las mujeres aluden a un comportamiento sexual, como "puta" y sinónimos, o al aspecto físico, como "loro", "vacaburra" o "ballena". Es un vocabulario en que las mujeres tenemos que tener un aspecto determinado y comportarnos de una determinada manera. No hay algo parangonable con los varones. A ellos se les insulta por guapos, "señoritos", "guaperas", y a las mujeres, por "feas"».

«Hay vocabulario —prosigue la profesora—, que en masculino significa un oficio y, en femenino, la mujer de, como "coronela" o "generala". Eso, a la inversa, no pasa».

María Ángeles Calero recomienda que se dejen de utilizar «tacos» que transmiten una visión del mundo perjudicial para la mujer, como «pasar por la piedra» o «mojar el churro», aunque sea en situaciones coloquiales y que no se le insulte por los dos aspectos ya referidos, el sexo y su aspecto. También pide que se deje de reflejar a las mujeres como un colectivo homogéneo y que se evite el masculino genérico. «Su uso resulta ambiguo, porque no se sabe cuándo incluye a las mujeres y cuándo no. En cualquier caso, no me sirve que digan que el uso de niños y niñas o padres y madres hace un texto farragoso, porque no puede ser gratuita una cosa que sirve para que la persona que te escuche, te entienda».

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