Noticias del español

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| Silvia Hopenhayn
lanacion.com.ar, Argentina
Miércoles, 9 de enero del 2008

EL VIRUS DEL LENGUAJE

¿Cada vez se habla peor o las lenguas están cambiando?


Las expresiones abreviadas en los mensajes de textos, el prestigio de las malas palabras en los congresos de literatura, los eufemismos a la orden del día, las onomatopeyas registradas, la difusión del espanglish, las respuestas monosilábicas de los jóvenes, la hipertrofia de los gestos en televisión… En fin, parecería que el océano del lenguaje se agita y que no hay diccionario que lo contenga ni lo redefina.

Sin duda, la era digital, más allá de la referencia a los dígitos, también afecta a las letras.

La infiltración de nuevos hábitos comunicativos en el lenguaje propiamente dicho genera —o degenera— palabras montículos (que condensan varios conceptos) o letras reunidas y animadas, como la reducción del «te quiero mucho» al tkm de los teléfonos celulares.

Pero como dice el sociolingüista de La Sorbona Louis-Jean Calvet, «raros son los cambios repentinos».

La lengua es como un órgano vivo, quizás el de más larga duración. Ha mutado, se ha multiplicado, ha enriquecido, se ha dañado, pero jamás ha enmudecido. La nueva edición de bolsillo del libro de Calvet Historia de la escritura. De Mesopotamia hasta nuestros días (Paidós) permite discernir los momentos más creativos y renovadores de la comunicación humana a través del lenguaje escrito.

El ensayista francés da cuenta de las más diversas formas de expresión. Desde los signos cuneiformes hasta los jeroglíficos, desde los caracteres chinos hasta los glifos mayas, cada época y cada cultura ha incentivado nuevas formas de representación.

La escritura, en su versión moderna, apareció alrededor del año 4.500 antes de nuestra era, en la Mesopotamia, al tiempo que surgían las ciudades y las necesidades administrativas, dos de las principales condiciones necesarias para su emergencia.

El libro de Calvet recorre las distintas civilizaciones a través de sus gestos y sus trazos, para brindar un nuevo mapa cultural de nuestro planeta. Primero se adentra en la selva semántica anterior a la expansión del alfabeto. Indaga en distintas fuentes: los alfabetos itálicos, el alfabeto copto, el godo, el alfabeto armenio y georgiano, el glagolítico y el cirílico, los primeros silabarios hindúes, las escrituras del Asia Central, los trazados orientales, la escritura coreana y la japonesa. Busca desentrañar el misterio etrusco y el desciframiento de los calendarios mayas. Quizá lo más atractivo del libro es que se transcriben gráficamente ejemplos de escrituras antiguas, lo que nos permite visualizar modos de designación. En los ideogramas hititas, por ejemplo, la palabra madre consiste en el trazado de un círculo. ¡Vaya síntesis!

El libro termina con una miniguía de métodos de desciframiento, en la que aparecen escrituras que aún no han sido descifradas, algo así como secretos en criptas.

¿Tendría William Burroughs, el escritor beatnik, algo de razón al pregonar que el lenguaje es un virus que viene del espacio?

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