Noticias del español

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Alberto Gómez Font, Fundación del Español Urgente (Madrid)
El Tiempo (Colombia)
Lunes, 5 de marzo del 2007

EL USO DE LA EXPRESIÓN ‘VUELOS REGULARES’ DESPIERTA UN DEBATE QUE INVOLUCRA A ‘LOS TOLIMENSES’


Equívoco de un adjetivo que formará parte de los diálogos del próximo Congreso de la Lengua.



Tras leer el título de este artículo ningún hispanohablante pensaría que los congresistas de la Lengua llegarán a Cartagena en vuelos de dudosa fiabilidad, en aviones que no serán buenos del todo.


Sin embargo, quien así lo entendiese estaría dándole a 'regular' uno de sus significados más comunes: el de 'no muy bien' o 'medianamente'; pero esa palabra tiene más acepciones, y una de ellas nos ha llegado desde los Estados Unidos de América: la que le da el mismo valor que 'normal'. Y quien aquí les habla le siguió la pista desde allí hasta Madrid.

Todo empezó en Los Ángeles un domingo. Siempre que estoy en esa ciudad me gusta ir a desayunar a la terraza de alguno de los cafés-restaurante que hay en Larchmont Village, y aprovecho para visitar alguno de los anticuarios que hay en esa calle. También hay, allí, todos los domingos por la mañana, un pequeño mercadillo de frutas y verduras en el que los agricultores venden su género sin intermediarios.

Aquel domingo, después de desayunar en Larchmont con un amigo mexicano, me di una vuelta por los puestos de verduras y en uno de ellos me quedé mirando unas frutitas de color amarillo pálido, de poco más de dos centímetros, con forma de pera y la piel muy brillante. Le pregunté al vendedor qué era eso y me respondió que eran tomates. Y, tras comprobar mi cara de estupefacción, añadió casi de inmediato: «También tengo tomates regulares, señor».

Tardé algunos segundos en reaccionar ante lo que para mí era una extraña confesión, pues, según mi dialecto del español, lo que me dijo era que tenía tomates de calidad media, es decir, tomates no muy buenos… Miré a mi amigo y vi que estaba a punto de estallar de la risa, y riéndose me aclaró el misterio, que terminó de develarse cuando el vendedor me mostró los tomates regulares: eran tomates rojos, grandes, hermosos, y lo que allí sucedió fue que aquel señor, hispanohablante estadounidense, usaba el adjetivo regular con el mismo significado que tiene el inglés regular, que equivale a lo que en el español de los demás países es normal; se trataba, pues, de 'tomates normales'.

Pasó algo más de un año antes de que aquel adjetivo se cruzara de nuevo en mi camino, y fue también en Los Ángeles, en otro barrio, en el downtown, en los alrededores de la calle Broadway, muy cerca del mercado central. Mientras paseaba por las calles contiguas me detuve a leer la carta de un sitio llamado El Pollo Loco, y vi que tenían «pollo regular» y «pollo picante». De inmediato recordé los tomates de aquel domingo por la mañana, y también pensé en la gripe aviaria, conocida como gripe del pollo. ¿Tendrían ese mal los pollos regulares?

La tercera escena en la que apareció aquel regular en mi vida sucedió en Nueva York, también en la calle Broadway. Entré a comprar una botellita de agua en un pequeño supermercado y cuando iba a pagar oí cómo dos obreros le pedían en español al empleado del mostrador un café descafeinado y un café regular. Me acerqué y le pregunté al que había usado ese adjetivo: «Perdón, señor, ¿usted quiere que su café no esté bueno?» Puso cara de no entender nada y decidí seguir con mi discurso: «Usted y yo hablamos la misma lengua, y en nuestra lengua regular significa 'que no está bien', 'que no es bueno'; por eso le pregunté cómo quería su café». Y añadí: «Si su mamá ha estado enferma y alguien le pregunta a usted por ella, ¿no contestaría algo así como: 'anda regularcita, aún no está bien del todo'?» Se miraron los cuatro: los dos obreros, el empleado del mostrador y el cajero, sonrieron, asintieron y uno de ellos dijo: «El caballero tiene razón».

Un año más tarde me tocó viajar al lado de esa palabra. Era un vuelo de Iberia de Miami a Madrid y a mi lado iba sentado un joven salvadoreño. Llegó la hora del almuerzo y cuando la azafata nos preguntó qué queríamos beber él respondió: «Coca Cola regular». Ella no dudó ni un instante y le dio una lata de Coca Cola. Y eso, el hecho de que aquella azafata española no dudara ante ese uso del adjetivo regular, me hizo pensar que estaba ante algo mucho más extendido de lo que yo pudiera imaginar. Mi vecino de asiento tampoco dudó de que ella lo entendería, pues para él había dos tipos de Coca Cola: la regular y la diet.

La penúltima vez que oí esa palabra con ese significado (el de nuestro normal), fue también aplicada a la Coca Cola. Ocurrió en Madrid, en una pequeña pizzería. Cuando en camarero nos preguntó a los comensales qué queríamos beber, mi hija respondió que quería una Coca Cola, ante lo que el joven, que hablaba con acento cubano miamense, volvió a preguntar: «¿La quiere regular?» Yo le dije que sí y mi hija me miró extrañada y me preguntó, preocupada: «Papi, ¿qué has pedido para mí?».

Y la última ocasión, de momento, en la que apareció ante mí ese uso del adjetivo regular fue en boca del lingüista Humberto López, secretario general de la Asociación de Academias de la Lengua Española. Sucedió el lunes 8 de enero del 2007 en la reunión quincenal del Consejo Asesor de Estilo de la Fundación del Español Urgente. Discutíamos los presentes (filólogos y periodistas) sobre la necesidad o no de poner tilde en la palabra solo; Leonardo Gómez Torrego, gramático del Consejo Superior de Investigaciones Científicas defendía que esa tilde era útil en los casos de ambigüedad, y Humberto López Morales dijo: «Eso (la ambigüedad) en la lengua regular no pasa nunca». Lo importante fue que ninguno de los allí reunidos, todos españoles menos Humberto, se extrañó de ese uso de regular con el significado de 'normal'.

Yo viajé sentado junto a una palabra, junto al adjetivo regular, y lo hice en un vuelo regular, no porque el viaje no fuera bueno, sino porque volaba en una compañía regular ¿Iberia?, que no es que sea mediocre, sino que no es chárter. Y ese uso de regular con el significado de 'normal' no es un uso equivocado, pues es nuestra lengua lo irregular es lo que no ocurre con normalidad. Y si miramos en el diccionario veremos que regular es, entre otras cosas, 'ajustado y conforme a regla'.

Nota: Al escribir esta historia he recordado un viejo chiste, que yo conocí en la versión de Emeterio y Felipe, Los Tolimenses, el dúo de cantantes cómicos colombianos de la década de los 60 del siglo pasado: ¿¡Quihubo, compadr'Emeterio, qué tal la familia? Pos bien. ¿La mamá? Bien. ¿Los guámbitos? Bien. ¿Y la mujerrr? Pos regular. ¿Y eso es que ha'stao enferma u qué? ¡Nooo, es qu'hay mejores!

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