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| Cristina F. Pereda
elpais.com, EE. UU.
Miércoles, 14 de julio del 2010

EL SPANGLISH ES COSA DE BILINGÜES

Hay términos como marquetear —hacer marketing— o rufo —adaptación al español de roof, techo—. Y expresiones que sorprenden a expertos y recién llegados. Como vacumear la carpeta. La frase viene de vacuum —aspirar— y carpet —alfombra—. Es una de las expresiones más famosas del spanglish, una práctica lingüística de los hispanos en Estados Unidos que no deja a nadie indiferente.


La mezcla del español y el inglés es tan antigua como los dos idiomas han estado en contacto en Estados Unidos. El fenómeno no es exclusivo. Según nos cuenta el sociolingüista David Divita, los bilingües de francés e inglés han hecho que surja el franglais. Divita, como muchos otros expertos, se da prisa en especificar qué es el spanglish. No es inventar palabras como rufo ni adaptar malas traducciones por no conocer el término original. Cada vez cobra más fuerza el argumento de que el spanglish viene del bilingüismo, del conocimiento de dos lenguas, y no de la falta de dominio de una de ellas.

«Defino el spanglish como la fusión perfecta de dos idiomas que se hablan con fluidez», explica Ana Flores, periodista y coautora del blog Spanglish Baby para padres con niños bilingües. «Poder acceder a cualquier idioma en un instante exige mucha flexibilidad mental».

Susana Chavez-Silverman, profesora en California, define el spanglish como un término de marketing, sólo para referirse a un fenómeno oral cuando dos bilingües hablan y tienden a mezclar o intercambiar códigos. «Lo que publico y escribo se marquetea —publicita— como spanglish, pero es puro márketing», afirma la escritora. Sus libros llevan los títulos de Killer Crónicas y Scenes from la cuenca de Los Ángeles y otros natural disasters. Han sido calificados como memorias spanglish o escritura bilingüe.

El spanglish no es un idioma estandarizado. Divita insiste en que ni siquiera la Real Academia Española recoge el término spanglish. Sin embargo, la práctica de intercambiar términos entre dos idiomas contribuye a la participación social de los hispanohablantes en Estados Unidos, como le ha ocurrido a Ana Flores y a Roxana Soto, también periodista bilingüe y con quien comparte SpanglishBaby.

«Usar spanglish me permite expresarme con mayor fluidez ya que puedo usar la frase o palabra que mejor ilustre lo que quiero decir. Además, me crea una conexión automática cuando conozco a alguién más que tambien lo domina y lo prefiere». Flores explica que en cuanto conoce a una persona que también practica spanglish, se produce una conexión automática con ella: «Los bilingües conocemos el mundo en muchas dimensiones porque sabemos que todo tiene más de una manera para expresarse, todo tiene más de un nombre».

Los términos empleados en el spanglish, como los pertenecientes a cualquier idioma, conllevan determinados significados culturales. Estos significados se corresponden con los grupos o las comunidades que los utilizan, por lo que ni siquiera el vocabulario del spanglish se puede extender a una comunidad tan heterogénea como los hispanohablantes de Estados Unidos. Flores es de origen salvadoreño, nacida en Texas y está casada con un mexicano. Todavía no han encontrado la palabra exacta para definir el pelo de su primera hija. En México se dice que es chino. En Salvador le dirían colocho.

A pesar de la dificultad para decidir qué es el spanglish, muchos se han puesto de acuerdo en que no es bueno ni para el español ni para el inglés.

Se escucha además en tono despectivo hacia los latinos de Estados Unidos. «Dicen que no podemos hablar los dos idiomas», se queja Chavez-Silverman. «Esa idea de que los bilingües cambiamos de idioma donde no tenemos la palabra correcta es una herencia de las actitudes negativas hacia el bilingüismo».

«Es verdad que el término spanglish se ha vuelto muy ambiguo, no está claro a qué se refiere, pero sí es seguro que sirve para hacer una afirmación muy conveniente cuando se trata de acusar a las personas que lo utilizan», afirma Divita, para quien elegir el mismo término spanglish ya es una afirmación ideológica más.

«Siempre va a haber puristas del idioma que se niegan a admitir que todo lenguage está constantemente en evolución. El spanglish es un fenómeno de Estados Unidos que se ha generado por la cantidad de hispanohablantes que habitamos aquí. Por inercia hemos adoptado ambos idiomas y culturas y el spanglish ha sido el resultado», concluye Flores.

Chavez-Silverman, como muchos estudiantes de su asignatura sobre literatura latina en Estados Unidos, apuesta por el spanglish como una opción más creativa. El bilingüismo le permite romper los límites impuestos por cada idioma. «Es una práctica artística porque puedo, porque tengo ventaja», afirma. Una conversación con ella se convierte en muestra de esa capacidad. Salta del español al inglés en un baile de idiomas que requiere práctica y mucho dominio. Su apuesta es elegir el término que mejor funciona en cada frase, no el que mejor se entienda.

El juego de Chavez-Silverman suena a veces al acto de rebeldía de muchos jóvenes que con cada nueva palabra inventada reivindican una idea. Divita atribuye a la capacidad de innovación de los jóvenes latinos muchos de los nuevos términos que enriquecen el spanglish. «Siempre son los más innovadores en el lenguaje», afirma. Las campañas publicitarias que elijan estos nuevos códigos para atraer a los jóvenes, contribuirán a reforzar el uso del spanglish, según Divita.

El empuje de los hispanohablantes en Estados Unidos, el crecimiento demográfico de la comunidad hispana, el interés de los académicos en este fenómeno lingüístico y la respuesta de estudiantes universitarios ante asignaturas sobre literatura de autores latinos en Estados Unidos hacen que el spanglish, ya sea como una marca o como el arte de colar palabras de otro idioma en una frase, esté aquí para quedarse.

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