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| María Sáenz
Rioja2.com, España
Octubre 2008

EL RINCÓN DEL BUEN DECIR: CUERPOS, CUERPECITOS Y CUERPAZOS

En un mundo en el que la estética marca la marcha de la sociedad, es curioso descubrir los diversos nombres que las partes del cuerpo reciben dependiendo de la zona, la edad y la condición social de los hablantes.


Es indudable que la moda se lleva gran parte de la atención de la población mundial. Todos querríamos ser como aquella actriz o aquel actor que mueve sus caderas por la alfombra roja de Hollywood. Sin embargo, muy pocos se interesan por saber los diversos nombres que determinadas partes de la anatomía humana reciben en determinados lugares. Desde Rioja2 queremos indagar en alguno de esos términos y ver cómo en dos zonas diferentes pueden adquirir significados completamente distintos.

Desde hace bastante tiempo, se ha tomado la voz inglesa «body» para hacer referencia al cuerpo, en todo su conjunto. El DRAE recoge esta voz con el significado de 'prenda interior femenina, elástica y ajustada, de una sola pieza, que cubre el tronco'. La sociedad, ha sido mucho más práctica y no ha querido hacer distinciones entre cabeza, tronco y extremidades, englobándolo todo en una misma palabra. Sin embargo, a la hora de bautizar partes como los brazos, las piernas o la cabeza, no se escatiman términos que nos sirvan como sinónimos.

Para las piernas, por ejemplo, existen diferentes palabras que nos ayudan a visualizar las características de las mismas. El Diccionario de la Real Academia recoge el término canilla con el significado de 'pierna especialmente delgada'. Si portamos la palabra hasta La Rioja (España), vemos que, además de conservar este significado, se nos ofrece el de 'grifo', atribuyéndola al léxico riojano, propio de zonas como Albelda, Lardero, Logroño o San Millán de la Cogolla, que se recoge en el Tesoro Léxico de las hablas riojanas, de José María Pastor.

El final de estas canillas pueden desembocar en los pinreles, aceptado por el DRAE como palabra vulgar, proveniente del caló «pinré»; también pueden terminar en unas lanchas, unas barcas o en unos quesos, término aceptado en nuestro Diccionario favorito como coloquial, quizá haciendo referencia al olor que muchos desprenden y que bien se asemeja al fuerte aroma del queso de cabrales.

En cuanto a las extremidades superiores, una de las denominaciones más comunes que reciben es zarpas, haciendo referencia a la mano de ciertos animales cuyos dedos no se mueven con independencia unos de otros. Y de esta forma, adquiere cierto tono despectivo que hace referencia a alguien torpe por naturaleza y que se deja «caer todo de las zarpas».

Centrándonos en el tronco de la anatomía humana, encontramos cierta curva, apreciada por algunos y odiada por muchos, la barriga, o la bien llamada «curva de la felicidad», por aquello de que la felicidad engorda. La palabra panza nos trae el recuerdo de aquel acompañante bajito de Don Quijote, que llevaba este sustantivo como apellido, y que nos hace imaginarnos un 'vientre especialmente abultado', como así se define en el Diccionario de la Real Academia. La palabra tripa también hace referencia a un abdomen más bien prominente.

La zona del pecho recibe mil y un nombres, sobre todo cuando al de mujer se refiere, a riesgo de parecer soeces, hemos decidido nombrar en esta ocasión los más comunes y recatados que hemos encontrado, así como delantera, pechuga, o peras, por su símil con la forma de su homónima fruta. Este último término se encuentra también en zonas argentinas con el significado de mentón o barbilla.

En cuanto a la zona donde la espalda pierde su humilde nombre, los apelativos también son numerosos, unas veces haciendo referencia al tamaño del susodicho «pandero», otras simulando las líneas de defensa de la zona trasera o «retaguardia», o indicando que es la zona del cuerpo donde posa o reposa todo el peso cuando estamos sentados en las «posaderas».

Llegamos a la parte pensante, la cabeza. El DRAE ha recogido en sus páginas diversos términos con los que comúnmente se hace referencia a esta parte del cuerpo, así como azotea, coco o chaveta, procedente del italiano dialectal ciavetta, término recogido por primera vez por Pedro Montengrón allá por el año 1786. Con un significado diferente al que nosotros queremos darle en este Rincón, aparecen en el DRAE términos como tarro, melón, chola o mollera, palabras que también utilizamos habitualmente para describir la parte más inteligente del cuerpo.

Utilizando alguno de estos términos, hay numerosas frases coloquiales que hacen referencia a la locura transitoria que algunos sufren o al estado mental de algún individuo. Tenemos, por ejemplo, «comerse el tarro», «comerse el coco» o «estrujarse el melón», que nos dicen que estamos pensando demasiado en un tema al que no encontramos sentido o solución. Cuando «se nos va la bola» es que se nos ha olvidado algo de repente. Si nos llaman «duros de mollera» nos están diciendo que nos obcecamos demasiado con un tema y no salimos de nuestras trece. Y cuidado cuando nos digan que «estamos mal de la azotea o de la chaveta» porque no estarán llamando locos de remate.

Como sinónimo de cara encontramos en el Diccionario de la Real Academia el término jeta, que proviene del árabe jatm 'hocico, pico, nariz'. Y con esta palabra decimos frases como «vaya jeta que tienes», haciendo referencia al desparpajo de alguien ante una situación determinada. La jeta pasa a «careto» cuando nos levantamos de la cama un día de resaca, tratando de forma despectiva a quien así lo haga y haciendo referencia a la mala cara que se luce.

En un lenguaje poético, según indica el DRAE, nuestro amor nos dirá que tenemos luceros por ojos; aunque si estamos en México o Cuba serán faroles. Utilizando otro elemento iluminador, también podemos decir que los ojos son dos faros.

Las mejillas que todas las abuelas y tías nos retorcían cuando éramos pequeños reciben nombres como cachete, moflete o papo, recogido en el DRAE con este significado pero que en determinadas zonas españolas, como Madrid, sirve para llamar a una parte algo más pudenda de la anatomía femenina.

El orificio nasal es llamado de muchas formas, sobre todo si pretende hacer referencia al tamaño o característica física de la nariz en cuestión. La palabra napia, por ejemplo, proviene del genovés nappia, con el mismo significado que en español, es tomada por el vocabulario lunfardo de argentina y, además, se ha extendido por todo el mundo hispánico. El término «tocha» aparece en el Diccionario con el significado de 'tosco', por lo cual podemos intuir que se le ha atribuido este sustantivo a una nariz de dimensiones desproporcionadas.

Por último, hacemos referencia a los diferentes nombres que recibe zona de la boca o los labios. Como si de un animal se tratase, se puede decir de alguien que tiene un hocico muy grande. A veces queremos mostrar tan amplia sonrisa que simulamos con nuestra boca un buzón de correos. Y el DRAE recoge el término morro con el significado de 'labios grandes'; gracias a este término quizás, en la zona de La Rioja, se han decidido por utilizar el sustantivo «morrete» como un apelativo cariñoso.

En este Rincón hemos intentado hacer un breve recorrido por las palabras que utilizamos para llamar a las diferentes partes del cuerpo humano, intentando ser lo más comedidos posibles con ciertas zonas de la anatomía. Si conocen otros sinónimos y quieren compartirlos con Rioja2 no duden en enviarnos un comentario y dejarnos su opinión.

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