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| María Sáenz rioja2.com, España Jueves, 5 de marzo del 2009

El rincón del buen decir: cuando hablamos de ellas

En el Rincón de esta semana vamos a hablar de miembras, de juezas, de oficialas, de albañilas y auditoras. Pero también de zorros y zorras, de verduleros y verduleras, de brujos y brujas... Vamos a ver, en definitiva, el cambio de significado que sufre una palabra al pasar de un género a otro.

 

Esta semana se celebra el día de la mujer trabajadora y por ello hemos querido dedicar un Rincón a todas esas palabras femeninas. Unas de nueva creación, otras con connotaciones siempre negativas, y otras con un cambio sustancial de significado dependiendo de si están en masculino o en femenino. A todas ellas intentaremos acercanos en un día dedicado exclusivamente a la mujer.

Todavía está cercano en la memoria de la gente aquel «miembros y miembras de la Comisión» que ni corta ni perezosa pronunció Bibiana Aído, ministra de Igualdad, en el Congreso. Y es que, ahora que han desaparecido los estereotipos establecidos en determinadas profesiones antiguamente destinadas sólo a hombres, llega un nuevo problema, ¿cuál es su forma femenina? Se habla de sexismo en el lenguaje, de feminizar ciertos términos concebidos con el género masculino. ¿Cómo llamamos a la mujer que tiene como profesión ser juez? ¿Jueza o la juez? Y a una mujer que se dedique a la albañilería, ¿la llamamos la albañil o albañila? Como estos casos hay muchísimos más, como aprendiza, femenino de aprendiz, u oficiala, femenino de oficial.

Siguiendo esta tendencia de creación de nombres femeninos a partir de sus masculinos, volvemos al miembras, que es sólo la punta del iceberg, ya que son multitud las palabras que sufren esta transformación de género y que todavía no están recogidas en el Diccionario que siempre nos acompaña, el de la Real Academia.

Pero además de estos nuevos términos que se están creando día sí y día también, en este Rincón me quiero ocupar de esas palabras que, existiendo su femenino, cambian radicalmente de significado dependiendo del género que se utilice. Hablo, por ejemplo, del cambio que existe entre la definición del masculino zorro con el femenino zorra. Esas palabras que en femenino resultan peyorativas. Veamos algunos ejemplos.

Ya que hemos mencionado el zorro empezaremos por él. En la definición que recoge el DRAE, esta palabra se define en una de sus múltiples entradas como ‘hombre muy taimado y astuto’, sin embargo, en la definición de zorra, la cosa cambia y en su cuarta entrada encontramos: ‘prostituta’. Si seguimos con los nombres de animales, encontramos dos de ellos que hacen referencia al animal en sí, como son cerdo y perro, mientras que cuando los trasladamos al femenino adquieren un tono despectivo hacia la mujer que recibe los adjetivos. Por otro lado, tenemos el masculino gallo, que además de definir al animal que recibe este nombre, también otorga cualidades al hombre como ‘fuerte o valiente’; y por el contrario, su femenino gallina añade el complemento de ‘cobarde’ a aquel a quien se dirige.

Si giramos la mirada hacia las profesiones, existen ciertas palabras que, aunque intenten designar el mismo puesto, no son vistas de igual manera si están en femenino que si están en masculino. Observamos cómo, por ejemplo, un hombre público es aquel ‘que tiene presencia e influjo en la vida social’, mientras que una mujer pública es definida como ‘prostituta’. Este mismo ejemplo se puede adecuar a la expresión hombre de mundo, que es aquel que ha recorrido numerosas partes del mundo y tiene gran experiencia, en contraposición a mujer pública, dedicada al oficio más antiguo del mundo, la prostitución.

Además, un hombre verdulero es aquel que vende verduras, sin embargo una mujer verdulera no es ya la vendedora, sino una ‘mujer descarada y ordinaria’. Un sargento es un ‘suboficial de graduación superior al cabo mayor e inferior al sargento primero’, mientras que la sargenta aparece definida en el DRAE como ‘mujer corpulenta, hombruna y de dura condición’. La profesión de asistente está definida en el Diccionario, en su primera acepción, como ‘cada uno de los dos obispos que ayudan al que consagra en la consagración de otro’, sin embargo la de asistenta se define de una forma completamente diferente, ‘mujer que sirve como criada en una casa sin residir en ella y que cobra por horas’. El gobernante es aquel ‘que gobierna’, la gobernanta también gobierna, pero en la limpieza de las habitaciones de los grandes hoteles. Y un brujo es aquel ‘que hechiza’, mientras que una bruja es una mujer malvada.

Otras palabras que dependiendo de su género significan una cosa u otra son fulano, que en masculino sirve para ‘aludir a alguien cuyo nombre se ignora o no se quiere expresar’, y en femenino hace referencia una prostituta. Un pariente es aquel ascendiente, descendiente o colateral de una misma familia, mientras que la parienta es la forma coloquial utilizada para llamar a la esposa de un hombre. Y, por último pero no la última, tenemos la pareja de querido y querida. La forma masculina se utiliza cuando queremos expresar que alguien es amado, mientras que la femenina se utiliza más cuando hablamos de la mujer con la que un hombre tiene relaciones amorosas ilícitas.

También hemos encontrado un término que en femenino puede ser positivo mientras que en su forma masculina ha adquirido ciertas connotaciones que no lo hacen tan especial. Es el caso de cabra y cabrón, que en su primera acepción hace referencia a alguien que ‘hace malas pasadas o resulta molesto’ pero que también es el macho de la cabra.

Por otro lado y haciendo referencia a las partes pudendas tanto masculinas como femeninas, parece ser que la palabra cojonudo siempre hace referencia a algo positivo. Tenemos varios ejemplos que lo confirman al decir que «una película es cojonuda» o que «la fiesta fue cojonuda». Además, en sus múltiples variantes, la palabra cojón siempre tiene un significado positivo, como pro ejemplo la frase «descojonarse de la risa». Sin embargo, su correspondiente femenina no hace tanta gracia al que la escucha, pues decir que «la reunión fue un coñazo» no aporta nada positivo, sino todo lo contrario, muestra aburrimiento.

En el Rincón de esta semana hemos intentado acercar a nuestros lectores al mundo de lo femenino e intentar ver cuáles son los cambios de significado que tiene una palabra al estar en un género o en otro. Seguramente habremos dejado en el tintero muchos términos, si les apetece colaborar con nuestro Rincón no duden en mandar sus sugerencias. Y, sólo me queda decir, ¡felicidades a todas las mujeres!

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