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| Álex Grijelmo (El País.com, España)

El prestigio de las palabras

Algunos términos del discurso político bendicen todo cuanto tocan. Y a veces nos engañan.

Una mano se alzó entre los cientos de asistentes a aquella asamblea izquierdista, en la Universidad del posfranquismo. Y el estudiante que pedía la palabra le dijo a quien acababa de intervenir desde la mesa presidencial: «Perdona, te voy a hacer una autocrítica».

Algunas expresiones han adquirido un enorme prestigio con el paso de los años, como «autocrítica». Pero la supuesta confesión se convierte en un engaño si no se trata de un acto de sinceridad y si no implica alguna rectificación a cargo del autor.

Esas palabras de prestigio se impregnan de respeto y bendicen todo cuanto tocan, pues llevan dentro connotaciones positivas, objetivas, ajenas al debate. Y que a veces nos engañan.

El término «evolución» figura también en ese grupo. Hallamos propuestas de evolución en el periodismo, en la arquitectura, en el lenguaje, en nuestra concepción de la vida. «Hay que evolucionar», «Fulano no ha sabido evolucionar», «el enfermo no evoluciona», «el coche de Vettel lleva nuevas evoluciones»… Llama la atención que el verbo y el sustantivo («evolucionar» y «evolución») se apliquen casi siempre a desarrollos positivos, cuando el Diccionario no les otorga esa virtud. Quizás al valor meliorativo de «evolución» y «evolucionar» contribuya la mera existencia de “involución” y de “involucionar”. Sin embargo, tanto «evolucionar» como «involucionar» se refieren al desarrollo de algo hacia delante o hacia atrás, no necesariamente a su mejora o empeoramiento. Tal vez un enfermo desearía involucionar, por ejemplo: retroceder al momento en que estaba sano. «El idioma evoluciona», se suele argüir como lugar común ante cualquier crítica de un neologismo. Pero, aunque casi hayamos excluido esa idea en el significado, se dan a menudo evoluciones negativas: el enfermo empeora, la ciudad se degrada, nuestro léxico se empobrece. Y ese prestigio de la palabra “evolución” hace que lo olvidemos.

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