Noticias del español

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| Magí Camps
lavanguardia.es, España
Lunes, 16 de febrero del 2009

EL PATIO (TRASERO) DE MI CASA

En la versión castellana, el sentido metafórico del backyard inglés se ha perdido


Hace ya años que se oye aquello de que América Latina es «el patio trasero de Estados Unidos». Es una expresión que los medios de comunicación han querido popularizar. ¿Popularizar? ¿Por la calle la gente va diciendo el patio trasero de tal, el de cual o el de Pascual? Más bien no. Así pues, la popularización de tal invento se ciñe a los propios medios y no pasa de ahí. Por tanto, la metáfora chirría.

En el Diccionario fraseológico documentado del español actual,—una obra de deliciosa consulta—,los autores (Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos) señalan dos locuciones para patio: cómo está el patio y el patio de Monipodio. No figura el patio trasero, lo que ya empieza a oler mal. Porque en castellano se habla de patio a secas, de jardín o de terreno, pero lo de patio trasero más bien suena a trastero, a desván o a tendedero. ¿A eso se refieren los que hablan del patio trasero de Estados Unidos? Feo sería. Latinoamérica convertida en un trastero.

La locución es una traducción del inglés backyard, que literalmente significa 'patio trasero', cierto. El diccionario Webster´s se queda aquí. Pero en el Oxford se añade una segunda definición, que traducida es: 'La zona cercana a donde uno vive, o el territorio próximo a un determinado país, considerado como de su propiedad'. Ahí está el sentido que se le quiere dar a la presunta metáfora periodística. Y salta a la vista que la versión castellana no funciona. Si en el momento en que el primer periodista que tradujo la palabra hubiera dicho algo así como que Estados Unidos considera Latinoamérica su finca, su parcela, su hacienda, su rancho, su feudo, la metáfora habría sido clara. Porque la riqueza de la metáfora es, básicamente, que se entienda. Incluso un castizo cortijo habría valido.

A partir de tal concepto, los norteamericanos han acuñado las siglas NIMBY(not in my backyard), cuya versión castellana es el síndrome SPAN (sí, pero aquí no) —conocido más críticamente como la cultura del no—,que tanto sirve para un vertedero como para una prisión o una narcosala. Esta vez, al menos, la traducción ha sido más acertada. Porque ¿cómo íbamos a manifestarnos gritando «no en mi patio trasero» cuando la mayoría vivimos en pisos que no tienen ni galería?

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