Noticias del español

| | |

| Ernesto Rivas Gallont
La Prensa Gráfica, El Salvador
Lunes, 12 de junio del 2006

EL ORIGEN DEL LENGUAJE (1/2)

Una tarde, platicando un grupo de amigos y amigas, una de ellas preguntó: ¿cuándo y de dónde se habrán originado tantos idiomas distintos? Interesante pregunta sobre la que yo conjeturé que probablemente la gran diversidad de idiomas tuvo su origen en la confusión de la Torre de Babel. Sin embargo, confesé que nunca había tenido la curiosidad de investigar sobre el tema y ofrecí a mi amiga hacerlo y darle una respuesta inteligente.


Encontré dos grandes corrientes de análisis: una, científica y la otra bíblica, la Torre de Babel. En este primer artículo me referiré a la primera y, el próximo domingo hablaré sobre la segunda.

Las lenguas romances o románicas, que provienen del latín, y que incluyen los idiomas de Romania, que cubre en su mayor parte el sur europeo del antiguo imperio romano: español, italiano, francés, catalán y portugués, tienen un origen común, por compartir palabras afines. Por lo tanto se trata de la familia de lenguajes indoeuropeos. El lenguaje temprano proto-indoeuropeo se hablaba en la era prehistórica humana, tiempo antes de que se inventara la escritura.

El origen del lenguaje puede ser interpretado de dos maneras muy diferentes, que con frecuencia se confunden. Por un lado, se trata del origen de la facultad de hablar, es decir, la capacidad universal humana de aprender y utilizar el lenguaje de la cultura en la que uno crece. Mientras parece probable que nuestros ancestros humanoides, tales como Eva, hace unos 200,000 años y, mucho más antes, Lucy (un ser humano que se estima vivió hace alrededor de cuatro millones de años, cuyos restos aparecieron en Etiopía) probablemente tuvieron habilidades lingüísticas intermedias, entre aquellas de humanos modernos y los simios.

La segunda interpretación sobre el caso tiene que ver con el origen de alrededor de 5,000 idiomas que se hablan en el mundo de hoy. ¿De dónde vinieron esos idiomas? En ciertos casos, existen registros históricos de los orígenes de algunos lenguajes. Así, se puede encontrar el origen de varias lenguas romances hasta una fuente común, el latín que se hablaba en Roma, hace cerca de dos milenios.

Pero, aun sin esos registros históricos, podríamos reconocer que esos idiomas comparten un origen común, simplemente por el hecho que tienen palabras similares, que no son compartidas por otros idiomas.

Por ejemplo, la palabra mano en lenguas romances generalmente contiene man: rumano, mina; italiano, mano; francés, main; catalán, ma; portugués, mao. Todas estas formas derivan del latín manus, son similares una con otra y contrastan claramente con la palabra mano en otros idiomas, por ejemplo: hand, en inglés; ruka, en ruso; o te, en japonés.

Esta explicación evolucionista nos da una respuesta satisfactoria en cuanto al origen del español, francés o rumano; pero a la vez, hace surgir otra pregunta: ¿Cuál es el origen del latín del que surgen los varios idiomas románicos? Un jurista británico, Sir William Jones, fue el primero en responder esta interrogante en 1786, cuando observó que las similitudes entre el latín clásico, el griego y el sánscrito eran tan numerosas y precisas, que «ningún filólogo puede examinarlos (los idiomas) sin creer que los tres provienen de una fuente común, la que, probablemente, ya no exista».

Extrapolando el tiempo hacia atrás, sobre la base de la evidencia lingüística moderna, hemos, en realidad, entrado al ámbito de la prehistoria humana.

¿Pero, qué del proto-indoeuropeo? ¿De dónde vino? Hay dos respuestas para esta pregunta. Primero, de acuerdo con la mayoría de historiadores lingüísticos, especialmente los indos europeístas, indoeuropeo no tiene parientes conocidos. Después de cerca de 6,000 años de mareas en las playas de la evolución lingüística, se ha borrado cualquier evidencia que pudo haber existido de relaciones más distantes. Todo lo anterior a indoeuropeo se ha perdido para siempre.

La segunda respuesta, apoyada, principalmente, por historiadores lingüísticos rusos, y por casi todos los taxónomos, es que el indoeuropeo está obviamente emparentado con un grupo de otras familias esparcidas a través del mundo euroasiático, y se extiende hasta el norte de Norteamérica. ¿Cómo debemos interpretar todo esto? ¿Cuáles son las implicaciones de esta información?

La respuesta debe venir de campos distintos al lingüístico, por la simple razón que la lingüística es notable por no proporcionar fechas absolutas. Pero aquí es donde la arqueología y, en menor grado, la genética humana, sobresalen. Estas sí proporcionan fechas absolutas para distintas culturas y demografías. Lo que plantean, en general, es que gentes como nosotros —humanos anatómicamente modernos— surgimos hace alrededor de 100,000 años en África. Esta es la especie de homo sapiens a la que todos pertenecemos. Sin embargo, el hecho más significativo acerca de estas personas es que mientras se nos parecían, no se comportaban como nosotros.

Si identificamos el origen de la diversidad lingüística actual con el surgimiento de las personas modernas, entonces las similitudes lingüísticas que entrelazan todos los idiomas del mundo pueden haber tenido un origen común, de hace tan poco como 50,000 años. Si esta suposición es correcta —y parecería que la evidencia lingüística, genética y arqueológica la apoyan— entonces, todos los humanos modernos (y todas las culturas y lenguajes contemporáneos) comparten un origen común reciente.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: