Noticias del español

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| Pilar Rubiera
La Nueva España, Asturias (España)
Domingo, 22 de febrero del 2009

«EL NÚMERO DE HABLANTES ES LA BASE DE LA POTENCIA ECONÓMICA DE UNA LENGUA»

JOSÉ LUIS GARCÍA DELGADO, economista, codirector del estudio Economía del español


«El español ha alcanzado un grado de cohesión altísimo gracias a la Real Academia Española».


«El gran reto de nuestra lengua es fortalecer su capacidad como idioma de ciencia y, por tanto, de la red».


José Luis García Delgado, catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Complutense, es uno de los tres directores del estudio Valor económico del español: una empresa multinacional, editado por Fundación Telefónica. En esta entrevista, realizada por cuestionario, García Delgado reflexiona sobre algunas aspectos de la obra, la primera de una serie que aspira a cuantificar la influencia en la economía de toda la actividad productiva relacionada con el español.

¿Por qué es un buen negocio el español?

-Por tres razones complementarias. Primero, porque es un bien con muy alta demanda en países que son referencia de alto desarrollo (Estados Unidos y Europa occidental) o que lideran el grupo de economías emergentes (con Brasil y China a la cabeza). Segundo, porque es materia prima de actividades productivas que tienen, a su vez, una creciente demanda, como las industrias culturales y, en particular, la industria editorial y las telecomunicaciones. Tercero, porque, en tanto que lengua de comunicación internacional, facilita procesos de internacionalización empresarial e intercambios comerciales, financieros y tecnológicos.

¿Cómo es posible dar un valor porcentual tan exacto, el 16 % del Producto Interior Bruto (PIB), a un patrimonio inmaterial como es el español?

-El procedimiento —verdaderamente original— elaborado en su día por el equipo de Martín Municio, y al que han dado continuidad —ya dentro del proyecto de la Fundación Telefónica— dos de los más destacados integrantes de aquel empeño, los profesores Girón y Cañada, tiene todas las virtudes, pero también las limitaciones, de los procedimientos estadísticos refinados que emplean grandes bases de datos, aplicados sobre realidades como la lengua, tan reacias a la cuantificación. Los resultados finales suelen ser cifras con una larga serie de decimales; pero las cifras hay que interpretarlas, más que a la luz de estos decimales, a la de los órdenes de magnitud que proporcionan. Y a la luz, sobre todo, de las premisas de partida de los cálculos. Lo que, redondeando, podemos cifrar en un 16 % del PIB es el resultado de cuantificar el valor material de la lengua, a través de los productos compuestos por ella que se venden en el mercado o que entran como insumos en la producción de otros bienes y servicios. Que la lengua sea un bien inmaterial —y generador de otros muchos beneficios de más difícil cuantificación— no significa que no tenga también valores materiales, tangibles, que es lo que con estos procedimientos estadísticos se trata de medir.

¿En qué sectores resulta relevante la lengua desde el punto de vista económico?

-La relevancia económica del español se concentra sobre todo en las actividades especializadas en los productos más relacionados con la lengua española. La importancia concreta dentro del total depende luego del peso que tengan esas actividades dentro de la estructura productiva española. No debe de extrañar, por ello, que el sector servicios —con alguna excepción «industrial», como la edición— concentre la mayor parte del «valor económico de la lengua» en España. Según este criterio, sobresalen algunos grupos de actividades: en primer lugar, las educativas; luego, las de correos y telecomunicaciones; también, todo el entramado de industrias culturales, comenzando por la industria editorial, pero incluyendo igualmente los demás servicios culturales; finalmente, hay todo un conjunto de actividades empresariales un tanto diversas, desde la publicidad a los centros de llamadas y los servicios de información, en los que la lengua destaca por su importancia.

¿Qué garantiza el número de hablantes?

-El número de hablantes es la base de la potencia económica de una lengua. La lengua es, ante todo, un vehículo de comunicación, de interrelación —también económica— entre las personas. Genera lo que en Economía se llaman «externalidades de red», cuantos más hablan una lengua, mayor es su efecto potencial abaratando los costes —y multiplicando los beneficios— de cualquier relación. Pero no debe olvidarse que tan importante o más que el número de hablantes —y de relaciones— es la intensidad potencial de esas interacciones. Cuando se habla de potencia económica de una lengua, es la renta, la capacidad de compra de esos hablantes, lo que puede multiplicar el valor de esos intercambios. Aquí el español tiene aún márgenes importantes, sobre todo en el continente americano, para ampliar su potencial.

¿Adquiere más proyección con los defensores de su rentabilidad o con los filólogos que la estudian?

-La labor de los filólogos me parece fundamental también a efectos de la rentabilidad de nuestra lengua común mayoritaria. Gracias a la labor de la Real Academia Española y, bajo su liderazgo, de la Asociación de Academias de la Lengua Española (22 en total), el español ha alcanzado un grado de cohesión altísimo, consensuando diccionario, gramática y ortografía, lo que no sólo hace más fácil su aprendizaje para quienes lo adquieren como segunda o tercera lengua, sino que también facilita los intercambios económicos y sociales de todo tipo entre quienes lo hablan. Filólogos y economistas, académicos y empresarios están, en este sentido, en el mismo frente.

El español es la cuarta lengua hablada del mundo, pero no es una lengua científica como el inglés y tampoco tiene un gran número de usuarios en internet. ¿No son estos elementos fundamentales para su proyección en este siglo?

-El gran reto que tiene ante sí el español es fortalecer su capacidad como idioma de ciencia y, por tanto, de la red. La hegemonía planetaria del inglés se la otorgan hoy no el número de hablantes sino las pantallas «de las máquinas de raza audiovisual», ha escrito con acierto Juan Cueto. Y esas pantallas son el resultado de desarrollo científico, adelanto tecnológico y, por tanto, también de calidad educativa y modernización económica y social.

Estados Unidos tiene 44 millones de hispanohablantes, pero esta comunidad no tiene demasiada influencia en sectores fundamentales, como pueden ser la educación, la cultura, la economía y la política. ¿En qué medida perjudica esto al español?

-Es una situación que está rápidamente cambiando a mejor, por lo que el futuro es esperanzador. La presencia de hispanos es todavía, en efecto, minoritaria en centros decisorios y círculos influyentes, pero con signos evidentes de mejora. Su voto ya es decisivo en el mapa electoral, y esto se cobra. Y los jóvenes de segunda y tercera generación de inmigrantes acceden mayoritariamente a los escalones superiores del sistema educativo, lo que tendrá ya a corto y medio plazo efectos positivos importantes. El futuro lo veo, en este sentido, estimulante, pues además la hispana es la única minoría poblacional de Estados Unidos que conserva en alto porcentaje la lengua materna en sucesivas generaciones.

Desde la óptica del español como negocio, ¿qué está haciendo bien España y qué mal?

-Estamos haciendo bien, sobre todo, una cosa: tomar conciencia de la importancia del tema, creando opinión favorable en círculos cada vez más amplios de nuestra sociedad. La creación del Instituto Cervantes ha sido en este sentido fundamental, aunque debe potenciarse su labor, aportándole más recursos y ampliando sus actividades. Mal, cuestionando dentro de nuestras fronteras el valor enorme de este privilegio que es tener como primera o segunda lengua propia de todos los españoles una lengua de comunicación internacional, de hecho, la más importante en cuanto tal después del inglés.

¿Es razonable, como plantea algún presidente autónomico, que las comunidades con lengua propia reciban dinero del Estado por ello?

-En épocas de vacas flacas, como en la que estamos, creo que hay otras prioridades. No me he formado aún, en todo caso, opinión definitiva sobre el tema. Lo que sí tengo claro es que toda acción que suponga mermar el dominio del español es recortarle a éste posibilidades de promoción profesional y de desarrollo cultural. Puede haber políticas lingüísticas de efectos antisociales.

¿Todas las lenguas, incluidas la minoritarias, tienen un valor económico?

-Desde luego, pero su valor está en función del número de sus hablantes y de su condición de lengua de comunicación internacional.

José Luis García Delgado (Madrid, 1944)

Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Complutense. Estrechamente vinculado a Asturias, García Delgado fue profesor en la Facultad de Económicas de la Universidad de Oviedo entre los años 1976 y 1981. Colaboró, asimismo, como articulista en el diario Asturias y en la revista Los Cuadernos del Norte. En la actualidad preside la Fundación Archivo de Indianos. Es autor, junto a José Antonio Alonso y Juan Carlos Jiménez, del estudio Economía del español, primera obra de una serie de diez que bajo el título Valor económico del español: una empresa multinacional, financiado por Telefónica, que aspira a cuantificar toda la actividad productiva del español en la economía española.

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