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Redacción

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 Lunes, 16 de enero del 2012

El ‘nuevo’ lunfardo, una forma más efímera de comunicación


Las formas idiomáticas originadas en el vocabulario popular muestran en la actualidad una duración mucho más efímera y ligada a las modas que imponen los medios de comunicación, a diferencia del lenguaje callejero de principios del siglo XX, algunas de cuyas palabras aún perduran en el habla cotidiana.


Así, el lunfardo —forma idiomática originada en el lenguaje popular y marginal de principios del siglo pasado— que servía para identificar a los distintos grupos de esa época como los guapos, los gardelianos, los petiteros o los milongueros, adquiere también hoy la misma trascendencia para diferenciar a las llamadas «tribus urbanas».

«Si hoy existiera la barra de la esquina, sería una tribu urbana más», dijo a Télam Marcelo Oliveri, periodista e integrante de la Academia del Lunfardo, una entidad dedicada a rescatar y poner en valor el habla popular y estudiar su evolución a través de los años.

El escritor, quien desde hace diez años investiga y escribe sobre la evolución de las formas idiomáticas populares, precisó que «la historia se va repitiendo todo el tiempo; los grupos de jóvenes de antes se identificaban con la música, el habla y la vestimenta; la diferencia es que los cambios, en esa época, eran muy lentos al no existir la masividad de los medios de comunicación».

«Palabras como guita o laburo, originadas en la inmigración italiana de principios del siglo, aún perduran y en esa época estaban vistas como algo marginal, propio de los conventillos, donde los italianos tenían sus propios códigos», dijo Oliveri.

Pero destacó que otros vocablos como grela —que cuando surgió se refería a las mujeres de los italianos-—fue adquiriendo el significado de mugre con el paso del tiempo.

«Morfar o manducar por comer, afanar por robar, también son términos originados en la inmigración italiana que aún perduran, mientras que los medios de comunicación hoy impusieron la palabra motochorros, instalados por los comunicadores para una forma de robo», destacó el escritor.

Oliveri explicó que «antes los cambios llevaban tiempos más largos, los procesos eran más largos; de la televisión blanco y negro a la de color pasaron muchísimos años, lo mismo de la tele a la computadora».

«Los jóvenes ahora inventan vocabularios todo el tiempo, al ritmo de los cambios tecnológicos», afirmó.

El periodista consideró sin embargo que las tribus urbanas actuales como los floggers, los emos o los kin head «no tienen puntos en común» con los guapos y petiteros pese a que ambas tiene sus propios códigos y maneras de vestirse.

«Los actuales viven el momento y sus modas están marcadas por los medios de comunicación y la tecnología», dijo Oliveri y puso como ejemplo «a los wachiturros, quienes intentan crear un nuevo código o tendencia al hablar y vestirse. Son modas más efímeras y se renuevan en forma constante».

«De los compadritos del siglo pasado salió un estilo de música llamado tango. Los cambios de aquella época crearon un estilo de vida a diferencia con los actuales que se mueven como guetos, mientras que con el tema del consumo se marca la diferencia entre las clases sociales», precisó el escritor.

En este sentido precisó que «antes teníamos sólo una marca de zapatillas, las Flecha blancas, o una sola variedad de alfajor, los Jorgito; no había mucho más».

Oliveri remarcó que muchas palabras que se utilizan en el habla popular hoy «provienen de mundos que ni sospechamos como bajón o pálida como sinónimo de depresión que era lo que decían los drogadictos en la década del `60, mientras que muchos vocablos como rescatate, son modas que impusieron los grupos de cumbia villera».

«También hay palabras que nacieron en lo popular y que variaron su significado —dijo Oliveri— como la palabra chabón que era un vocablo muy del bajo fondo que se originó para referirse a alguien tonto y hoy se lo utiliza para referenciar a una persona». El integrante de la Academia del Lunfardo remarcó que el lenguaje de las cárceles «dejó de ser un vocabulario oculto para ser uno popular y masivo a partir de la difusión de programas que reflejaron la vida en las prisiones o de series específicas como Tumberos».

Opinó que los códigos de los jóvenes de ahora “son más fugaces, todo el tiempo surgen nuevas palabras y nuevas modas y aparecen en cualquier circunstancia como dar el pronóstico del tiempo con la palabra «sensación térmica» o para calificar una situación económica con el vocablo riesgo país que surgió a partir de la crisis del 2001, como las palabras corralito, lecop o patacones».

Oliveri aseguró que la televisión y los comunicadores tienen mucho que ver en estos cambios vertiginosos y añadió: «Nadie hasta la aparición de (Marcelo) Tinelli podía pensar en los términos goma o gomazo en el habla popular».

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