Noticias del español

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| Róger Matus Lazo
El Nuevo Diario, Nicaragua
Viernes, 19 de septiembre del 2008

EL NICA Y SU VOCABULARIO SECRETO

En todas las culturas existen conceptos, hechos y objetos de la realidad que son considerados tabúes y por lo tanto prohibidos en cualquier circunstancia o en una situación específica por un grupo social determinado. Por ejemplo, la blasfemia y el sacrilegio son rechazados por todas las culturas; incluso, las ofensas públicas son censuradas por la sociedad, sobre todo si se producen en ambientes de cierta formalidad.


Los tabúes lingüísticos

Existen pues, en todo idioma, ciertas palabras cuyo empleo se haya restringido o impedido porque la sociedad considera prohibido, por razones varias, «nombrar» la cosa directamente.

Como se sabe, tabú es un vocablo de la Polinesia, en donde tiene una connotación religiosa. Se define como la prohibición impuesta a sus adeptos por algunas religiones, de «comer o tocar algún objeto». En sentido general, significa «prohibición». Las áreas prohibidas o tabuizadas son, generalmente, el sexo, las excreciones corporales, las deformaciones físicas, las carencias mentales, las debilidades morales, la edad avanzada, las enfermedades incurables, la muerte, etc.

El tabú y su circunstancia

Una palabra considerada tabú en un país o región, no lo es en otra parte. Incluso, el significado de los términos varía no sólo a través del tiempo, sino de país a país, dentro de una misma región y hasta en los mismos grupos de distinta categoría (social, profesional, etc.). Los ejemplos abundan. El Premio Nobel de Literatura, don Camilo José Cela, explica en su Diccionario secreto que el verbo coger es impronunciable en Argentina, por lo que los caballeros no cogen del brazo a una dama, sino que se ven obligados a agarrarla. En Chile los pájaros no tienen pico, porque significa 'pene', y en Puerto Rico los bichos (el pico chileno) son maripositas y palomitas; en México, los huevos de gallina son blanquillos, y en Cuba prefieren llamar fruta bomba al fruto del papayo. Concha, en el Cono Sur, alude a la parte externa del aparato genital femenino; en cambio, en Nicaragua empleamos la frase interjectiva ¡Que concha! o el derivado conchudo para referirnos al descarado o sinvergüenza.

Clasificación de los tabúes

La prohibición responde al conjunto de convenciones sociales (superstición, pudor, intencionalidad política, educación, etc.) que existe en toda comunidad. He aquí una clasificación.

Tabú del miedo, que responde al pavor reverencial en que son mantenidos los seres y fenómenos sobrenaturales. La palabra Diablo, por ejemplo, no se menciona en muchos países y grupos sociales, por lo que se le sustituye por el Cachudo, el Cornudo, el Malo, el Maligno, el Uñudo, etc.

Ernesto Miranda Garay, en su Folklore médico nicaragüense, nos explica que —por superstición— se pronuncia «machalá» en lugar de culebra.

Tabú de la delicadeza, que consiste en eludir —como tendencia humana general— la referencia directa a los asuntos desagradables. En este grupo se incluyen los nombres de los defectos físicos y mentales, las enfermedades, las debilidades humanas, las acciones criminales, etc. Un sorbete casi no oye, un cegueta casi no ve, la mujer que se insinúa descaradamente a un hombre es ofrecida, quien padece de sarna o comezón tiene rasquín o rasquiña, y quien camina dificultosamente es punto y coma, el alocado es lucas o, como dicen los jóvenes, creisi; el tacaño es el codo, el tipo de poca cordura es renco de la cabeza, el homosexual es cocheche, patuleco, o el mariflor de los pandilleros; y el individuo poco agraciado físicamente es —como dicen los adolescentes— federal o federico.

Tabú de la decencia, que comprende dos esferas principalmente: el sexo y ciertas partes y funciones del cuerpo. Por tabú, los padres casi nunca hablan con sus hijos sobre la sexualidad, sobre todo a enseñarles a «respetar su cuerpo, fomentar la autoestima y brindar la información necesaria y oportuna». En general, los hablantes sustituyen el término directo por otro que consideran más disimulado y discreto. Al órgano sexual femenino se le dice pan, pancracio, pancho, pupusa o el generalizado «chunche». El cunnilingus lo sustituyen por el mameluco. Los senos de la mujer es la poronga, la pichinga, la pacha, la pacharaca o —como dicen los pandilleros— las maracas, los melones y los amortiguadores. Los testículos son los aguacates, los compañeros, los coyoles o —como dice José Román en Cosmapa— los cotiledones. El ano es el cupertino, el joyo, o el chispero de nuestros jóvenes. El pene es la popular pirinola o las sonoras pinga y purrunga; una persona sexualmente excitada está quiquisque, el coito es la melodiosa chuchandinga, pupusear es tan aceptado que se dice sin ruborizarse hasta en las oficinas y practicar el coito es —como dicen los adolescentes— medir el aceite.

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