Noticias del español

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| Manuel Iglesias
Diario de Avisos, Tenerife (España)
Domingo, 18 de enero del 2009

EL MAQUILLAJE ‘BRITISH’ DE UN TABERNARIO

Hace unos días se presentó un libro que recomiendo abiertamente, titulado Listán y hule, en el que varios escritores y periodistas toman como motivo el guachinche, para desgranar sus cuentos y relatos cortos.


En la presentación, Abrahan Barroso Martín especula con que el origen de la palabra «guachinche» proceda de la expresión inglesa I'm watching yuo!, que traduce por «te estoy observando» y supone que con ello se daba a entender que los ingleses estaban preparados para probar y negociar. Y Juan Cruz se hace eco de esta teoría, aunque reconoce que nadie en su ambiente lo suponía anglosajón.

Y es verdad que otros tampoco habíamos escuchado antes lo que parece ser un divertimento imaginativo. Porque en realidad, la palabra guachinche, a la que se quiere convertir en un Lord Greystoke encontrado en estas Islas perdidas, ya tiene un padre reconocido, aunque tan tabernario como su hijo, el «bochinche».

El vocablo guachinche no es tan desconocido como parece considerarse. No figura en el Diccionario de la Real Academia Española de la lengua, en efecto, pero la institución no lo ignora y Manuel Alvar, el que fuera durante muchos años director de la RAE, la recoge en sus exhaustivos trabajos en torno al español hablado en Canarias. También aparece en el monumental Tesoro Lexicográfico del Español de Canarias (de Corrales, Corbella y Alvarez, editado por la Real Academia Española) y en el Diccionario de Canarismos (de Lorenzo, Morera y Ortega).

Es decir, está en los diccionarios, aunque salga «en rojo» en el ordenador y el DRAE de la Academia no lo recoja, al igual que tampoco lo hace con muchos otros localismos de las Islas o en cualquier otra región. Pero eso no significa que lo desconozca o que no tenga catalogada la palabra y figure en otras publicacionesy, por supuesto, que esté bien definido su origen y raíces más allá de atractivas imaginaciones.

Los filólogos no van por la hipótesis de una raiz inglesa que ha surgido de repente con el supuesto aval de que otras palabras como guachimán sí tienen tales evoluciones, sino que todos citan sin la menor duda de que su origen está en el término «bochinche». Quizás rodearlo de una leyenda británica aparenta darle mas glamour, pero su naturaleza original está muy clara para los lingüistas y así figura en las publicaciones citadas y tampoco hay por qué desvirtuar las cosas.

El término guachinche más que un canarismo, tal vez podría llamarse un tinerfeñismo, ya que se usa sobre todo en nuestra Isla y no tanto en otras. En Gran Canaria mantiene más bien el término original, bochinche, al igual que en otras islas («aquel lugar era un bochinche», dicho despectivo). Incluso parece que es calificativo usado más bien sólo en el norte de Tenerife y en Santa Cruz, porque se encuentra vinculado a los lugares productores de vino, en el norte, y era usado por los consumidores, muchos de ellos de la capital y La Laguna.

Lo que la gente llamaba guachinche nació al socaire de los viticultores que producían vino y vendían su excedente del consumo propio en un tenderete al lado de la carretera, en una venta cercana o en un local apañado y, en cualquier caso, con un sistema más o menos improvisado y de escasos recursos. Y que se vinculaba al vino del país era tan evidente, como que, entonces, cuando se acababa la cosecha, se cerraba el tinglado… y hasta el año próximo.

Lo que seguramente divertiría a nuestros abuelos sería ver la relevancia que se le quiere dar hoy a esa definición, que si se recuerdan bien, era aplicada despectivamente por los clientes pero jamás por el mismo propietario del establecimiento. Si alguien le decía al dueño de un merendero o de una casa de comidas (que eran los nombres usados hace decenios) que su negocio era un guachinche, lo más probable es que saltase la barra a pegarle, más que recibirlo con satisfacción etnográfica intelectual. Llamarlo guachinche era un insulto, y, por supuesto, nadie se definía así a sí mismo de esa manera al hablar de su propio establecimiento.

De hecho, quizás aún queda un poso de ese sentimiento, porque aunque algunos divaguemos sobre ellos en los papeles, ¿se han dado cuenta a muy pocos o casi ninguno de los vinateros y venteros tradicionales y auténticos acaba de gustarle del todo que vengan otros y le digan que tiene un guachinche? Aunque le den una mano de encantador lacado 'british' y de Tarzán-lord Greystoke reencontrado, al verdadero descendiente del original, rudo y tabernero bochinche.

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