Noticias del español

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| Hugo Gregorutti
El Diario de Paraná (Paraná, Entre Ríos, Argentina)
Martes, 21 de Marzo del 2006

EL LUNFARDO, SIEMPRE ACTUAL

Nuevos términos y acepciones figuran en actualizados diccionarios que recopilan palabras del vocabulario popular conocido como lunfardo, lenguaje históricamente ligado al tango.


Jerga originariamente empleada en Buenos Aires y sus alrededores —de raíces inmigratorias— por los estratos bajos de la sociedad, el lunfardo se instaló definitivamente en la lengua popular ciudadana por casi todo el país. Más de mil nuevos vocablos se han sumado al habla cotidiana, reflejados en actualizados diccionarios.

«Vocabulario compuesto por voces de diverso origen, empleado en oposición al habla general, usando la gramática castellana luego reemplazada por sinónimos lunfardos. Por ejemplo, la palabra mujer por mina; o dinero por guita, pero resulta imposible hablar en lunfardo; sí en cambio, hablar con lunfardo», definió José Gobello, presidente de la Academia Porteña del Lunfardo y máximo referente en la materia. Esas miles de palabras que se fueron sumando son insuficientes para expresar una cantidad de ideas, en gran proporción referidas al sexo, a partes del cuerpo, la comida, la bebida, el dinero, la ropa, el delito.

PARALELISMO. El lunfardo y el tango nacieron en la misma época y en el mismo ámbito (arrabales o conventillos). El mayor flujo de inmigrantes extranjeros provenía de Italia y España. Las condiciones en que les tocó convivir con los criollos fueron inmejorables para el auge de la prostitución. En los prostíbulos el inmigrante iba como cliente, y el compadrito como fiolo (proxeneta) de mujeres. Con el tiempo llegaron de otros países europeos, que incursionaron en el sórdido negocio, como franceses y polacos.

En esos sitios comenzó a tocarse y bailarse el tango. Allí, ciertas expresiones de los inmigrantes pasaron a ser utilizadas, o adaptadas, al lenguaje porteño, asimiladas a la jerga oscura de la delincuencia. Otras correspondían a la vida cotidiana. Así, de la parla de quienes venían a hacer la América, se destacan los dialectos italianos (especialmente el genovés), de donde salieron palabras como amurar o biaba. También algunas francesas, referidas a la vida nocturna, como garÿonnière (vivienda de soltero), o papirusa (del polaco) y bondi (del portugués).

APORTE AUTÓCTONO. A través del lenguaje gauchesco llegaron indigenismos (cancha, pucho); afronegrismos (quilombo, mandinga); arcaísmos españoles (aguaitar, espichar) o del dialecto gitano (araca, mangar, runfla, taita), como así el aporte de los negros, un porcentaje importante de la población en la primera mitad del siglo XIX. Además, integra el vocabulario lunfardo el intercambio de la posición de las sílabas (ortiba, feca), procedimiento conocido como alberre ó vesre, y palabras de origen incierto, como mandanga o trolo.

Al afirmar que el lunfardo es sólo un vocabulario, un conjunto de sinónimos, se valora en enorme medida a la escuela pública. El alud inmigratorio fácilmente pudo hacer surgir un nuevo idioma, o, al menos, un dialecto, producto del cruce de tantas lenguas y registros, sobre todo ante la falta de medios de comunicación masivos que ayudaran al castellano, y los escasos conocimientos alfabéticos de los inmigrantes. Pero fue la escuela pública la que fijó el castellano como lengua de la Argentina. Entonces, el cocoliche quedó reducido a lenguaje de transición.

EN EL TANGO. Con los años, el lunfardo fue extendiéndose por todas las clases sociales, a partir de la difusión que le dieron las letras de tango, el teatro sainetero, cierto periodismo popular y el avance de los pobres a los estratos medios y altos de la sociedad. En la década del ‘30, el tango, a través de la radio, llevó masivamente estas palabras a hogares y ayudó a darles cierta legitimación. Pero luego surgieron autores de letras que prescindían del lunfardo al cambiar la temática. Las historias del bajo fondo fueron reemplazándose por la nostalgia (Manzi) o la moral (Discépolo).

Además, por los años ‘40 la presión de los puristas se hizo sentir, y el lunfardo fue prohibido en la radio por el organismo que regulaba las comunicaciones. Esto originó variantes desnaturalizadoras en títulos y letras de tangos que contenían palabras lunfardas, o la resignación de sus autores a no difundirlos. Luego, el gobierno de Perón levantó la veda a fines de esa década.

LA JUVENTUD. A mediados de los años ‘50, el tango comenzó a decaer, y junto con él todo lo referido a la cultura popular. Hay quienes resaltan la coincidencia temporal entre esta decadencia y el derrocamiento del gobierno peronista. Como fuere, los nuevos productos culturales difundidos por la radio y la novedosa televisión desplazaron los lugares y las costumbres aludidas en los tangos.

Pero, a fines de los ‘60 surgió el llamado rock nacional, y por medio de grupos de jóvenes, que no participaban de la masificación, comenzaron a surgir de esa cultura palabras como pálida o copar. El avance masivo del rock fue lento pero incesante en los ‘70, y exponencial a partir de la guerra por las Malvinas, entrando en las clases bajas, junto con una revalorización de lo popular, por medio de los grupos punks de la época.

A partir de allí —profundizado en los años ‘90— el lenguaje rockero circuló junto con el lunfardo tradicional del tango, nombrando una misma realidad, pese a los cien años de diferencia. Así convivieron yuta y fumanchero, faso (adaptada a cigarrillo de marihuana). Paralelamente, la música tropical desarrollaba en sus letras una temática distinta de la habitual, expandida como cumbia villera, con canciones que describen ambientes de la clase baja, marginales, con crudeza y de un modo explícito, empleando términos del lunfardo viejo y nuevo.

REFLEXIÓN. Como en todo idioma, dialecto o vocabulario, con el paso de los años hay palabras que han desaparecido (afnaf), o permanecen (cana), o han surgido (masa), otras se han resignificado (grela) y hasta hay admitidas (pibe) en el Diccionario de la Real Academia Española.

La desaparición en el uso cotidiano de 'amurar', 'embrocar' o 'fesa', por ejemplo, en absoluto implica una merma en el uso del lunfardo. Se lo reconoce como una parte insoslayable de la cultura popular argentina. Sin embargo, debe soportar prejuicios similares a los de hace décadas, resabios de discriminación, vinculándolo con la deformación del idioma. Esta aseveración parte de un supuesto equivocado: si el uso del lunfardo es consciente, debe saberse que hay una palabra correcta como alternativa. «Es llamativo que quienes se preocupan por esas supuestas deformaciones —asevera la investigadora Nora López— no noten la avalancha de extranjerismos, especialmente anglicismos, ajenos a la fonética española y que reemplazan palabras ya existentes, o agregan significados que tienen sus parónimas inglesas, modifican construcciones e incorporan incluso variantes sintácticas impropias».

Para destacar

Vocablos nuevos: Términos tácitamente incorporados al lunfardo, adaptados a los tiempos, han surgido sin solución de continuidad y se reflejan en nuevos diccionarios elaborados por José Gobello, Marcelo Olivieri y Oscar Conde. Mencionamos algunos.

Anestesiado: drogado.

Bajar un cambio: calmarse, tranquilizarse.

Bala-Balín: varón homosexual.

Banelquizar: disponer pagos en cajeros automáticos.

Birra: cerveza.

Blu: agente de policía.

Botón-Botonardo: formal, apegado a las reglas.

Cabeza: loco a causa de la droga.

Cacerolazo: protesta callejera.

Caño: cigarro-aguja de marihuana o robar armado.

Careta: simulador de buen pasar concurriendo a lugares caros.

Chapita: estar loco.

Chatear: conversar con otra persona a través de computadoras.

Chichí: mujer joven.

Coima: comisión ilegal, soborno.

Corralito: retención de depósitos en bancos.

Escrache: protesta frente a la casa de represor ilegal.

Fumanchar: fumar marihuana.

Geniol: cocaína.

Globo: patovica.

Jamón: en buenas condiciones.

Limado: mentalmente arruinado por droga o alcohol.

Mascanuca: homosexual activo.

Motoquero: empleado de mensajería.

Partusa: orgía.

Piquetero: integrante de protesta callejera.

Roqui: puñetazo o trompada.

Talibán: fundamentalista.

Trapo: bandera en canchas y marchas.

Trava-Travesaño: travesti.

Trulla: vehículo policial.

Viaje: acto y efecto de drogarse.

PIPISTRELA

El botón de la esquina de casa,

cuando salgo a barrer la vedera,

se me acerca el canalla y me dice:

«¡Pts! ¡Pipistrela! ¡Pts! ¡Pipistrela!».

Tengo un coso ar mercao que me mira,

que es un tano engrupido e’crioyo;

yo le pongo lo ojo pa’arriba

y endemientra le pianto un repollo.

Me llaman la Pipistrela

y yo me dejo llamar;

es mejor pasar por gila

si una es viva de verdá.

Soy una piba con clase,

manyen qué linda mujer…

¡La pinta que Dios me ha dado,

la tengo que hacer valer!

Ya estoy seca de tantos mucamos,

cocineros, botones y guardas;

yo me paso la vida esperando

y no llega… el otario…

Yo quisiera tener mucho vento

pa’comprarme o sombrero y zapato,

añaparme algún coso del centro,

pa’dejar esta manga de patos…

Datos: La letra es del famoso recitador gauchesco Fernando Ochoa, éxito radial de los años ‘40/‘50 con Don Bildigerno, gracioso personaje que satirizaba costumbres autóctonas. Ochoa falleció hace 36 años, el 23 de marzo de 1970. La música pertenece a Juan Canaro. De este tango hizo toda una creación Tita Merello, quien lo estrenó en el teatro París en julio de 1933 y después registró en el disco.

Glosario

Pipistrelo: del italiano, murciélago. En lunfardo, pobre tipo.

Manyen: vea. Seca: cansada.

Otario: tonto. Manga: conjunto.

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