Noticias del español

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| Julio César Castiglione, Santiago del Estero
lagaceta.com.ar, Argentina
Miércoles, 30 de julio del 2008

EL LENGUAJE Y LA MENTE

Alina Diaconú (en su artículo «El lenguaje zarpado», La Gaceta Literaria, 13 de julio próximo pasado) afirma siguiendo a Wittgenstein «los límites de mi lenguaje son los límites de mi mente» y sostiene que «la pobreza del lenguaje actual nos impacta»... porque «cuanto más limitada sea nuestra habla, más limitados serán nuestro poder de reflexión, nuestra profundidad de pensamiento y, también la elevación de nuestro espíritu».


Se opone a Noam Chomsky, quien sostiene que «el lenguaje de hoy no es peor que el de ayer. Es más práctico. Como el mundo en que vivimos.» Concluye Alina pidiendo al lector que opine sobre la cuestión, dado que ello sería de interés, para dilucidar el dilema.

Me permito, en consecuencia, suministrar mi humilde punto de vista. Creo que Alina tiene toda la razón del mundo. He sostenido en un libro que está en prensa (Breve historia del poder) que «…es prácticamente imposible el pensamiento abstracto sin palabras que expresen los conceptos. Esta necesidad de las palabras para el pensamiento abstracto explica que nuestro Código Civil de fines del siglo XIX estableciera que es incapaz el sordomudo que no puede darse a entender por escrito» (art. 54, inc. 4). Al no poder oír, al sordo de nacimiento le era imposible comprender el significado de las palabras abstractas y desarrollar su inteligencia». Quedaba, en consecuencia, convertido en una especie de menor de edad.

Estimo que con esta explicación queda fundamentada la afirmación de Alina.

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