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Martes, 18 de mayo del 2010

EL LENGUAJE Y LA EDUCACIÓN

La relación del hombre con el habla generó diversidad de opiniones desde que existe la sociedad organizada.


El viejo refrán «dime cómo hablas y te diré cómo eres», podría ser aplicado en el escenario público de hoy sin ninguna dificultad ya que hay lenguajes específicos, profesionales, cotidianos y políticos. Quienes utilizan un lenguaje muy específico por su formación y actividades, son poco entendidos por el público al menos que el expositor baje al entendimiento general con un vocabulario apropiado, lo cual los lleva a un vocabulario casi elemental.

Por lo general, los profesionales, en particular los médicos, abogados e ingenieros, utilizan acepciones específicas pero lo mismo se los entiende bien, porque por sus actividades se acercan más a la gente. Es diferente con los los políticos, que tienen como eje del discurso aquello que la gente quiere escuchar y por lo tanto se los entiende bien, aunque se los observa cambiantes según los lugares y fechas de actuación en el mensaje que transmiten.

Es de esta manera en que en la vida cotidiana convergen las conductas del hombre y la palabra, a veces bien aplicada y a veces desvirtuada, y cuando se establecen puntos de comunicación cuya calidad varía según los intereses en juego. Entonces surge el interrogante: ¿y cómo habla el hombre promedio en la calle? Esto es lo más fácil de calificar y entender, porque es parte de la vida cotidiana. El hombre habla según su educación familiar, la instrucción que ha recibido y las experiencias de su trabajo, además de su pasar en general.

Por otra parte, el hecho de que esté cambiando el lenguaje de los más jóvenes por imperio de la irrupción de las tecnologías de moda, no debe impedir que se hagan esfuerzos desde el sistema educativo para mejorar el habla y sus expresiones. Esto hay que reiterarlo porque se advierte, desde los últimos años, cierta desvinculación de la educación como sistema con las instituciones y con el público en general. Hay muchas quejas sobre la pobreza de expresión que se observa en sectores de la juventud, pero no se sabe si tuvieron la educación adecuada y cuál es el uso que hacen de la lectura.

Se sabe que la lectura es la actividad ideal para recuperar informaciones e ideas que han sido vertidas con una finalidad determinada, por ello además de leer en la escuela hay que leer en el hogar. El joven de hoy puede utilizar múltiples instrumentos para mejorar el nivel educativo. Sólo que tiene que decidirse a hacerlo.

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