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| Albina Fernández
lne.es, España
Miércoles, 1 de agosto del 2007

«EL LENGUAJE SEXISTA ES EL ORIGEN DE LA VIOLENCIA DE GÉNERO QUE PADECEMOS»

Teresa Meana Suárez: «Lo femenino no existe, está incluido en lo masculino y es la primera desigualdad».


Teresa Meana Suárez, profesora de Lengua y Literatura de la ESO en Valencia y gijonesa del mundo, es feminista «desde que soy consciente de mi existencia» y aboga por una igualdad en el uso del lenguaje como primer paso para prevenir la violencia machista. Mujer polifacética, fue una de las cofundadoras del famoso local de la Santa Sebe de Oviedo y estuvo siete años en Latinoamérica. El Ayuntamiento de Gijón la llamó para impartir un curso sobre «el sexismo en el lenguaje», dentro del programa «Educar para la igualdad», dirigido a profesionales de la educación infantil.

¿Cómo relaciona el uso del lenguaje con la violencia sexista?

-El origen del problema está en los roles asignados a cada sexo y un exponente muy claro es el sexismo lingüístico. Lo femenino es invisible, queda falsamente englobado en lo masculino y ése es el principio de la desigualdad. Una desigualdad que se manifestó el pasado año con el asesinato de 84 mujeres.

¿A qué se refiere cuando sostiene que «las palabras no se las lleva el viento»?

-Es mi forma de explicar que las palabras permanecen y que quien tiene el poder tiene las palabras. Por eso, son de los varones, que tienen la capacidad de decisión, y engloban a lo femenino, que está siempre tapado. Es la forma de perpetuar el patriarcado. Eso se puede cambiar, pero es fundamental que se lo crean en la familia, en la escuela y en algunas profesiones de gran influencia social, como el periodismo. Por ejemplo, una cadena de televisión empezó el telediario el pasado mes de enero con esta frase: «Si llega usted a casa y no encuentra a su mujer, no se preocupe: empezaron las rebajas». Otro titular que me llamó la atención hacía referencia a que «los médicos y las enfermeras llegaron pronto al lugar del accidente». Son ejemplos de a quién se dirigen los mensajes y cómo se hace.

¿Es el uso cotidiano de la «@» la solución?

-No. Para incluir a las mujeres hay soluciones más creativas. El objetivo es transformar la lengua para que pueda transmitir la realidad. Queremos nombrar el femenino porque existe, porque la diferencia sexual es real, no es la lengua quien la crea. Lo que debe hacer el lenguaje es nombrarla, reconocer esa realidad como paso fundamental en la lucha por nuestra existencia. No hacerlo es no respetar el derecho a esa existencia. Y por desgracia queda mucha misoginia que sataniza el feminismo por intereses, aunque cambiaron cosas porque hasta principios de los ochenta ni siquiera éramos conscientes de cómo la lengua nos discrimina, pero aún queda mucho por hacer.

¿Por qué rechaza los genéricos para lo femenino?

-Porque no es cierto que lo genérico sea patrimonio común. Es un hecho que los vocablos masculinos nos excluyen. Se dice que son universales porque lo masculino se ha erigido a lo largo de la historia en la medida de lo humano, por eso se confunden los genéricos con los masculinos. Los genéricos reales, como víctimas, personas, gente o vecindario, se distinguen perfectamente.

¿Qué dice la Real Academia a sus demandas?

-La Academia es un muro y el Diccionario, algo ficticio que no refleja la realidad porque, insisto, el masculino no es genérico real, sino una forma de invisibilizar a las mujeres.

¿Qué problemas hay con la palabra jueza?

-Que suena mal, que es novedoso porque hasta hace poco las mujeres no podían ejercer esa profesión, y siempre lo oímos en masculino. Sin embargo, suena bien criada, enfermera, costurera, asistenta y ahora concejala… Son trabas ideológicas, pero a medida que se usen se hará más próximo. Lo mismo pasó con otros derechos como el voto o la educación. A las mujeres siempre nos cuesta arrancar nuestros derechos y ahora toca el lenguaje.

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