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| Abelardo Ospina López
elmundo.com, Colombia
Lunes, 12 de julio del 2010

EL LENGUAJE, REFLEJO DE LA VIDA SOCIAL

El colega (columnista y letrado) Jaime Jaramillo Panesso nos ha retrollevado en el tiempo y el lenguaje, hasta la recordación del dr. Jaime Sierra G, padre del Diccionario Folklórico de Antioquia.


Con su trabajo del 25/IV/2010 Las palabras, trae a la memoria: «existen palabras que identifican a unas generaciones o a los habitantes de una región, palabras que a veces se quedan en las alacenas del recuerdo porque solo las usan los mayores muy adultos. Tampoco los escritores nuevos las recuperan por falta de investigación o interés. Es una tarea muy satisfactoria en las tertulias de familia recoger las olvidadas no solo por un goce comunicacional, sino por la riqueza estética o fonética de ellas».

Ni nuestras juventudes (aunque «recochas y amigas de la rochela») las sacan a relucir, pues las descartan o desconocen. Ya no están en el magín de los vocablos de uso actual: universidades, colegios y demás establecimientos de educación pública o privada, confirman que el lenguaje sigue siendo fiel reflejo de la vida social que a cada quien o quienes corresponde vivir.

Efraín Gaitán Orjuela en el libro, Biografía de las palabras corrobora cuando escribe: «Una sola palabra puede ser la cristalización de una larga época de la Historia. A ésta se debe en gran parte la aparición de los vocablos.

Un cambio en los sentimientos humanos, un acontecimiento nacional, las situaciones que deprimen y exaltan a los pueblos, hacen brotar la nueva palabra que con el tiempo, entrará en la corriente del idioma y acrecentará su caudal». Y complementa su pensamiento sobre el tema, de esta guisa: «Mas sobretodo, lo que marca rumbo nuevo en el lenguaje, son los aciertos e iniciativas de las inteligencias privilegiadas y la invectiva y sagacidad del pueblo que posee, por naturaleza, fino tacto para discernir las nuevas formas y agudeza para comunicar vida y amenidad, a las cosas más áridas».

De entre «el mundo que se fue», y merecieron honores de la historia, son estas voces: abracadabra, algarabía, amilanarse, ateneo, averno, azorado, barrabasada, begonia, behetría, bicoca, bisoño, bodrio, bledo, busilis, caco, cafre, camandulero, campechano, celosía, coloso, cancerbero, cornudo, cuelga, chal, dalia, descalabrar, debacle, diantre, don, eccehomo, egregio, esperanto, fiasco, filípica, flirteo, frac, francachela, gagá, geringonza, go-go, himeneo, inri, liceo, liliputiense, majo, mamarracho, mentor, mequetrefe, óbolo, ogro, onces, pacotilla, parca, perillán, poltrón, potpourrí, quintacolumnista, ruana, saco, saltimbanqui, sambenito, sarao, simonía, tartufo, tiovivo, tul, trifulca, zafarrancho, zascandil

Pero van llegando otras, «cada día», cual se las siente en la calle… Los idiomas (esos modos particulares de hablar de algunos o en algunas ocasiones) son dinámicos y se nutren de las exigencias que el cotidiano hacer y pensar implican, en todas las fronteras del esfuerzo humano.

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