Noticias del español

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| Patricia Cáceres, Cárol Muñoz y Mabel Olalde
cubahora.co.cu, Cuba
Jueves, 7 de febrero del 2008

EL LENGUAJE POPULAR DE LOS CUBANOS

Dentro del idioma, la pugna entre las corrientes culta y popular surgió desde que en los primeros grupos humanos emergió una clase privilegiada que intentó imponer su manera de comportarse, vestirse, conducirse o comunicarse.


La manera en que se hace uso de determinado lenguaje puede convertirse en un campo de batalla velado, en el cual entran en juego la hegemonía y la resistencia. En la España medieval, por ejemplo, las personas «ilustradas» solían hablar en verso mientras el pueblo lo hacía en prosa, lo que dio lugar al término peyorativo prosaico. Finalmente la prosa triunfó en el idioma de Cervantes.

El pueblo de Cuba —primero colonia española y luego neocolonia de Estados Unidos— ha buscado las más diversas maneras de oponerse a los poderes que lo oprimen. Esto influyó en la manera de hablar de las masas, quienes poco a poco fueron conformando una forma de expresarse paralela y, en ocasiones, opuesta o enfrentada a la de las clases explotadoras.

Grupos marginados como los negros esclavos, defendieron sus vocablos y sonidos celosamente, los que llegarían a formar parte del habla cotidiana. El legado indígena, aunque en otros aspectos no es tan evidente, en el habla sí está bastante presente y podemos argumentar con numerosos términos de ese origen contenidos en la norma cubana.

Entre las voces amerindias y los afronegrismos que todavía hoy se utilizan, están las palabras de origen indígena: batey, bibijagua, bijirita, bohío, Cuba, guasasa, guayo, güije, jutía, yagua; y las de origen africano: ampanga, bemba, babalao, bilongo, cumbancha, ecobio y moropo.

Pero los vocablos y frases provenientes de estos grupos fueron sometidos al castellano traído de la península ibérica.

De Europa llegaron también voces de grupos populares, como las germanías o los gitanos, junto con sonidos y signos de otros idiomas como el inglés, el francés o el italiano. Estas fuentes, unidas con otros elementos, fueron conformando los primeros vestigios de un lenguaje popular en Cuba.

Según el escritor y periodista cubano, Argelio Santiesteban, en su libro El habla popular de hoy, una tonga de cubichismos que le oí a mi pueblo, los primeros rastros de una forma de hablar cubana con personalidad definida, se encuentran en las décimas y seguidillas Al sitio y toma, en ocasión del ataque y la conquista de la capital por los ingleses.

Esta forma de hablar continuó conformándose durante los siglos siguientes. Influyeron en ello el devenir histórico, social y cultural de Cuba. Con el triunfo de la Revolución en enero de 1959, se delinearon y reforzaron aún más características que han continuado renovándose durante las últimas décadas.

«Aquí, junto al español —de los mejor hablados dentro o fuera de la península— florece paralelamente una riquísima lengua popular, dotada de completa autonomía de vuelo», asegura Santiesteban.

Numerosos son los ejemplos de las «creaciones» que han nutrido la forma de hablar de los nacionales. Entre cubanos, necesidad de ver a una persona «tinta en sangre» no significa que existan sentimientos homicidas hacia ella, sino que urge contactarla contra viento y marea. «Estar trabajando para el inglés» no es haber sido contratado por un británico, sino esforzarse por un beneficio ajeno. Una flauta puede no emitir sonido musical alguno, teniendo en cuenta que este término se utiliza en muchas ocasiones para referirse a una barra de pan. Nereida no es una musa sino un adverbio de negación; sata es una mujer coqueta y ponina es una colecta.

Esta manera popular de hablar no es privativa solamente de las personas con menor nivel cultural. La Revolución y la renovación cultural que se produjo a partir de 1959, han marcado todos los aspectos de la vida cotidiana de los cubanos; pero a pesar del grado de conocimientos de todo tipo y la cultura general que poseen los habitantes, actualmente no se ha perdido nuestro argot popular.

Esta jerga se ha ido nutriendo de los más disímiles elementos y, en numerosos casos, algunos vocablos o modificaciones, al parecer autóctonas de Cuba, encuentran su origen en otras regiones.

Es muy usual que varios rasgos del habla popular cubana, a veces mal vistos, no sean más que arcaísmos de la lengua, presentes incluso en obras clásicas de nuestro idioma. En este caso se encuentran palabras como escuridad (por oscuridad) y naide (por nadie). También se nota la permanencia de voces añejas que luego evolucionaron con la inclusión de «consonantes cultas», de manera que se puede oír dotor por doctor y dignidá por dignidad.

La cercanía geográfica a los Estados Unidos y la condición de Cuba como neocolonia norteamericana durante la primera parte del siglo XX, contribuyó a la introducción de vocablos y sonidos de origen anglosajón, que también enriquecieron el vocabulario cubano. La importación de equipos provenientes de empresas con nombres en inglés dejó también su huella. Para los cubanos un interruptor eléctrico es un catao, trascripción fonética de cut out o switch y el refrigerador devino en frigidaire.

Entre otras expresiones, nos hemos apropiado del archiconocido OK convirtiéndolo en ¡Ocá!. Igualmente resulta curioso como la difusión de creaciones del género «Oeste» en nuestros medios, en las cuales se mencionaba frecuentemente la palabra Yuma (pueblo de Arizona), hizo que por los primeros años del siglo pasado se comenzara a llamar Yuma a los Estados Unidos de América y un yuma equivaliera a un norteamericano.

La revolución haitiana trajo a Cuba, más particularmente a la zona oriental, un número considerable de colonos franceses y, con ellos, se quedaron en nuestro español algunas voces galas: por ejemplo: bidel (bidet), creyón (lápiz labial, del francés crayon) y apellidos como Crombet, Lafitte, Lafargue.

Las germanías, hermandades de truhanes que florecieron en España hace varios siglos, y el caló, lengua de los gitanos, aportaron muchos de los vocablos que hoy se consideran creación de cubanos con nivel cultural poco elevado. Entre ellas afanar (robar), arañar (hurtar), palmar (perder el dinero), gao (casa), puro (padre), jamar (comer) y bisne (que por un lado nos recuerda el business del ingles y por otro es el infinitivo de cambiar en caló.)

A la hora de pronunciar se dan cambios de e por i en los hiatos, por lo que se puede oír pasiar y no pasear. A veces se aspiran las h y suenan como j, por lo que hocico, por ejemplo, se transforma en jocico. También en la cotidianidad suelen ocurrir cambios de género; por ejemplo, se dice comúnmente el sartén y el bombillo en vez de la sartén y la bombilla.

Todos estos elementos, unidos a otros de carácter más general y aceptados por la inmensa mayoría, conforman el glosario popular de nuestra lengua, aderezado siempre de buen humor y picardía.

Argelio Santiesteban asegura que «todo lo anteriormente dicho no atenta contra la siguiente aseveración: en Cuba se habla tan buen español como el mejor, pues las modificaciones citadas no son patrimonio exclusivo nuestro sino que, junto a otras, comprenden a gran parte del mundo hispanohablante».

FUENTES CONSULTADAS:

Argelio Santiesteban, El habla popular de hoy, una tonga de cubichismos que le oí a mi pueblo, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1985.

Sergio Valdés Bernal, Lengua nacional e identidad cultural del cubano, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 1998.

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