Noticias del español

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| Ismael Garzón
La Auténtica Defensa (Buenos Aires, Argentina)
Sabado, 11 de marzo del 2006

EL LENGUAJE DE LOS ADOLESCENTES

Los adolescentes viven buena proporción de las horas de cada día inmersos en la televisión, las computadoras e Internet. No todos; hay excepciones, pero hemos comprobado que en la mayoría de nuestros jóvenes la lectura es mínima.


Dice la lingüista, poeta y ensayista Ivonne Bordelois, en su reciente galardonado libro por el diario La Nación y Editorial Sudamericana El país que nos habla: «Un adolescente reprimido en sus posibilidades de expresión es una bomba de tiempo y en nuestro país hemos visto ya, lamentablemente, terribles ilustraciones en este sentido. Por eso es necesario dar palabras al adolescente y escuchar a tiempo sus propias palabras».

El vocabulario juvenil, ante la admiración sexual y estética, fue modificando su léxico en forma gradual y de 'churros' y 'budines' de otrora- como señala Bordelois- llega a los 'lomos' y 'bombones' del presente. Es sin duda, de contexto gastronómico.

Dentro de ese lenguaje, las mujeres pasan a ser 'reinas', 'diosas', 'genias' e 'ídolas'. Antes era común que se las llamara 'monas', con el claro deseo de exaltar la belleza femenina, con otros derivados como 'muy mona' o 'monísima'. Tal vez hoy sean vocablos anacrónicos.

Décadas atrás, las mujeres eran solo 'bonitas', pero en la actualidad se dice que están 'buenas'. Por etimología, 'bello' viene de un diminutivo de 'bueno', ya que en latín 'bellum' proviene de 'bemulus', diminutivo de 'bonos'. De allí la legitimidad de lo 'bonito' y lingüísticamente se entiende que 'bello' es un pequeño cambio de 'lo bueno'.

Por eso, hoy día decimos que una película, un libro, una comida 'están buenos', para decir que nos gustan, que nos hacen bien.

Insistimos constantemente en nuestras columnas orales y escritas, por distintos medios, con la necesidad de tener en cuenta pensamientos como los expresados alguna vez por el escritor alemán Thomas Mann (1875-1955): «Grande es el misterio del lenguaje; la responsabilidad ante un idioma y su pureza es de cualidad simbólica y espiritual; responsabilidad que no lo es meramente en sentido estético. La responsabilidad ante el idioma es, en esencia, responsabilidad humana».

Deducimos entonces que la palabra es nuestro medio fundamental de comunicación humana, la sustancia misma de nuestras ideas, aceptando la sentencia de Mann.

Lo destacó sabiamente un gran poeta, Pablo Neruda, cuya prosa relacionada con la lengua hemos citado infinidad de veces: «Los conquistadores se llevaron el oro, pero nos dejaron la lengua».

Creemos que los maestros, los padres y cuantos tienen responsabilidad en la educación de nuestros jóvenes, deberán orientarlos inteligentemente, para generarles el hábito cotidiano de la lectura y el cuidado saludable del lenguaje.

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