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Josep Rovirosa, defensor del lector

www.lavanguardia.com

Domingo, 17 de julio del 2011

EL LENGUAJE DE LAS LETRAS


La forma de los signos tipográficos pasa inadvertida a los ojos de la mayoría de lectores pero modula el relato periodístico.


Más allá del puro relato de las cosas, existen otros lenguajes que debemos cuidar. Los expertos en comunicación hablan del lenguaje corporal como de un código que matiza el discurso y que, para bien o para mal, dice muchas cosas de quien está hablando. En un periódico este lenguaje no existe, pero sí hay códigos que modulan el relato impreso. Hace unas semanas un grupo de estudiantes preguntó a este Defensor por qué en La Vanguardia hay titulares escritos en cursiva cuando no responden auna cita textual. La pregunta era pertinente ya que, en muchos textos, la cursiva, al tener una forma semejante a la letra manual, se usa para reproducir frases textuales.

 

El departamento de Diseño de La Vanguardia respondió explicando que lo que se pretende en las páginas donde hay varios titulares es diversificar la forma de las letras para evitar la monotonía gráfica y que el uso de la cursiva responde a esta voluntad. Las citas, cuando las hay, quedan perfectamente claras escribiéndolas entre comillas.

 

La mayoría de los lectores no repara en la forma de las letras. Beatrice Warde, una mujer que se adentró en el mundo de la tipografía en el primer tercio del siglo XX, dijo que las letras son como una copa de cristal. La buena copa sirve para contener y degustar un buen vino pero, aun teniéndola entre las manos, apenas nadie percibe su existencia. Así son las letras. «La tipografía bien usada es invisible», dijo esa mujer que en la Inglaterra de los años treinta tuvo el coraje de adentrarse en un mundo exclusivo de hombres. Y comparó la forma de las letras con «la perfecta voz modulada» que «es el inadvertido vehículo utilizado para la transmisión de las palabras, de las ideas».

 

Warde desarrolló su teoría de la copa de cristal en una histórica conferencia pronunciada en 1930 ante el selecto auditorio del gremio de tipógrafos ingleses, en el St. Bride Institute de Londres, lo que supuso una revolución en un mundo donde la tipografía era considerada más como un objeto de arte que de comunicación.

 

Pero aun siendo invisible o pasando inadvertida, la tipografía está ahí, modulando cada palabra. Y al igual que hay diferentes copas para diferentes vinos, también cada mensaje puede requerir una tipografía distinta. El tono reposado y suave de los titulares de esta sección de Opinión contrasta, por ejemplo, con la tipografía negra y contundente de los títulos de Deportes donde, por su naturaleza, las informaciones contienen la excitación del gol, la pasión por el esfuerzo extenuante y las emociones extremas de la victoria o la derrota. Y por esta razón, también, los títulos de la sección de Cultura son más suaves que los de las primeras secciones del diario, donde la fuerza de las negritas marca la pauta de las informaciones políticas del día

 

Un diario es el relato periodístico de un día, contado, ordenado y priorizado por un grupo de periodistas según sus propios criterios. Y en esta pretensión, la tipografía juega el mismo papel que la modulación de la voz desempeña en relato hablado. El código tipográfico funciona para el lector de forma casi inconsciente, de tal manera que lo percibe sin apenas darse cuenta, pero le chirría cuando no está bien aplicado.

 

Si Beatrice Warde dijo que la tipografía debía ser las más digna «copa cristalina» capaz de «contener la cosecha de la mente humana», en un periódico las letras deben funcionar de la forma más eficiente para modular el relato periodístico.

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