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| Wolfgang Vogt
oem.com.mx, México
Miércoles, 10 de junio del 2009

EL LATÍN COMO LENGUA UNIVERSAL

Actualmente las lenguas clásicas como el latín o el griego tienen cada vez menos presencia en nuestra cultura moderna, porque son lenguas muertas.


Las lenguas clásicas tienen un valor cultural, porque nos permiten el acceso a las literaturas antiguas, pero cada vez menos son medios de comunicación. En los concilios el latín sigue siendo la lengua que permite la comunicación entre los Cardenales de todo el mundo, pero en los seminarios mexicanos ya no se les enseña mucho latín a los alumnos, porque la lengua de culto hoy día es el español ya no el latín como hasta el Concilio Vaticano II. Las encíclicas papales se publican todavía en latín así como otros documentos de la burocracia vaticana.

El uso de las lenguas clásicas en la vida moderna es poco práctico, porque no tienen vocabulario para expresar muchos aspectos modernos, sobre todo tecnológicos de nuestra vida. En la época romana no existían motores, pilas o computadoras. Se puede modernizar una lengua clásica. Eso lo hicieron los fundadores del estado de Israel adaptando el hebreo bíblico a las necesidades de la vida moderna y creando de esta manera una lengua nacional común para los judíos que llegaron a Israel desde diferentes partes del mundo. Hasta la primera mitad del siglo XX, el hebreo había sido igual que el latín, una lengua para los sabios que leían la Sagrada Escritura y otros libros antiguos. Estos escribían también tratados eruditos en hebreo o latín, pero sólo una pequeña minoría de sabios podía leer estos libros.

Otras lenguas clásicas de importancia son el sánscrito, el griego, el árabe y el náhuatl. Las primeras tres lenguas nos permiten el acceso a los libros sagrados de la India, a la Biblia y al Corán. El náhuatl se estudia para leer a Netzhualcóyotl y otros autores aztecas. El griego antiguo de Platón y de los evangelios así como el árabe del Corán son muy diferentes del griego y árabe moderno, así como el latín de Julio César se diferencia bastante del italiano o castellano actual.

En la época de Cristo el griego y el latín eran idiomas vivos. En la península itálica y toda la parte occidental del Mediterráneo se hablaba el latín, pero en la parte oriental el griego, que debido a su gran tradición cultural, era más importante que el latín. Por eso los evangelios se escribieron en griego y no en latín. El latín era el idioma de Roma y el griego el de Bizancio o Constantinopla. La lengua de la iglesia romana es el latín y de la de Bizancio el griego. Con el tiempo Roma se impone y el latín se convierte en la lengua oficial del cristianismo católico.

En la Edad Media que abarca casi mil años desde el siglo V hasta el siglo XV se lee la Biblia en traducción latina, porque casi nadie sabe griego. No existen traducciones de la Biblia a las lenguas nacionales. Los libros se escriben en latín y en las universidades se dan las clases en el mismo idioma. En la novela "El nombre de la rosa" de Umberto Eco se describe la vida intelectual en un convento del norte de Italia, donde hay frailes de Inglaterra, España, Italia y otros países europeos que todos se entienden en latín. En la Edad Media el latín es una lengua universal de los intelectuales. Da mucho más prestigio escribir una obra literaria en latín y que la lengua vulgar. De esta literatura latina medieval apreciamos hoy día sobre todo los "Carmina Burana" que son canciones cantadas por estudiantes en las tabernas. Estas canciones o carmina en latín, fueron descubiertos en el convento bávaro de Ottobeuren. La mayor parte de las obras literarias medievales escritas en latín pasaron al olvido y sólo algunos pocos especialistas se interesan por ellas. Más importante que la literatura medieval en latín es la filosofía. Suma teológica de Santo Tomás de Aquino es un ejemplo importante del pensamiento de esta época.

Poco a poco las lenguas populares como el italiano, castellano, francés o alemán desplazan como lenguas vivas al latín en le campo literario. Erasmo de Rótterdam, uno de los grandes escritores del siglo XVI, escribe todavía Laus stultitiae (El elogio de la locura) en latín, pero más adelante el latín pierde importancia como lengua literaria, aunque los tratados científicos se siguen escribiendo en este idioma. En el siglo XVII René Descartes ya escribe obras filosóficas en francés, su lengua materna que también se está convirtiendo en la lengua más importante de Europa, pero en las universidades de Europa occidental y de la Nueva España el latín sigue siendo la lengua en la cual se imparten las clases.

Esta situación cambia cuando se impone la ciencia moderna en el siglo XIX y la Iglesia pierde su monopolio de educación. Sor Juana, en el siglo XVII, para tener acceso a la cultura universitaria de su tiempo, tenía que estudiar el latín por su cuenta, porque en su época no se enseñaba latín a las mujeres que no tenían acceso a las aulas universitarias. De allí viene el dicho de que la «mujer que sabe latín, no tiene marido, ni buen fin.»

El dramaturgo Fernando Calderón quien en 1805 nació en la calle Liceo de Guadalajara, describe a una mujer que sabe latín en su comedia «A ninguna de las tres». Un pretendiente la rechaza, porque no aguantaría a una esposa que, cada rato soltara citas en latín. Para Calderón y sus contemporáneos la erudición y la sabiduría es asunto de hombres que le quitaría gracia a las mujeres. En el siglo XIX ya no son muy necesarios los conocimientos de latín para tener acceso a las ciencias y la filosofía, pero los jóvenes siguen estudiando el latín en los cursos de bachillerato para adquirir una sólida cultura literaria basada en los autores latinos. Los alumnos no sólo traducen poetas como Horacio, sino que aprenden también a versificar en latín. El seminario de Guadalajara estaba orgulloso de los grandes latinistas que produjo. En las biografías de Carlos Marx se puede leer que tenía un talento especial para escribir versos latinos y en las Flores del mal de Baudelaire encontramos algunos poemas escritos en latín.

Pero en las universidades el latín es cada vez menos importante. Aún hoy día la zona de París donde se encuentra la Sorbona se llama «barrio latino», porque hasta el siglo XVIII la lengua universitaria era el latín. Pero ya no se publican obras científicas importantes en esta lengua. En el siglo XX los libros escritos y publicados en latín son la gran excepción. En el siglo XIX aún había personas cultas que se escribían cartas en latín, pero hoy día las lenguas modernas desplazan, esta lengua muerta. Los licenciados en letras clásicas formados en la UNAM se dedican a traducir obras escritas en latín, pero ya no escriben en este idioma como los grandes latinistas de la Colonia, entre los cuales encontramos varios a indígenas. Rafael Landívar, un jesuita del siglo XVIII, describe en los versos latinos de su Rusticatio mexicana la agricultura de México.

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