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| Agencia Efe

El ladino renace de sus cenizas y cautiva a las generaciones jóvenes

La Autoridad Nacional del Ladino ha despertado en Israel un creciente interés por la cultura de los judíos de la España medieval y periódicamente miles de personas se reúnen para practicar en la calle una lengua casi extinguida.

Más de 1.500 personas participarán entre febrero y marzo en unas jornadas que se celebrarán en el Mar Muerto para impulsar esta cultura, y conocer a otros descendientes de las juderías que inundaron la península Ibérica hasta finales del siglo XV.

«Es el séptimo año que lo organizamos, la gente necesita la nostalgia de la casa de su padre o de su madre, nuestra comida tradicional, nuestras canciones, se han contagiado de este virus», dice a Efe Batia Kendel, una de las convocantes del evento.

Kendel pertenece al «Círculo de Ladino» de Haifa, uno de los tantos grupos de estudio y propagación alentados por la llamada «Autoridad Nasionala del Ladino y su Kultura», creada en 1996 por el Parlamento israelí (Knéset).

Se trata de grupos que periódicamente se reúnen para mantener vivo un idioma, el español antiguo, y una cultura, la sefardí, que sus padres se llevaron de España con el Edicto de Expulsión de los Reyes Católicos en 1492.

«El ladino es un español antiguo con muchas palabras hebreas y otras de idiomas que se hablaban en los países a los que llegaron los expulsados», explica a Efe el presidente de la Autoridad, Isaac Navón, jefe del Estado de Israel entre 1978 y 1983.

Pero después de quinientos años deambulando por el Mediterráneo Oriental, esta herencia, sobre todo el idioma, corre peligro de extinción, porque cada vez son menos los que lo hablan.

«Es muy difícil saber cuántos hay, pero en una u otra medida conocen el ladino unas 200.000 personas», afirma el ex presidente israelí.

En la protección de este castellano antiguo, que se escribe con hasta cuatro alfabetos distintos —hebreo y latino entre ellos—, participa también el Instituto Cervantes, que incluye un programa dedicado a esta cultura en los currículum de aquellos países donde quedan aún ladinohablantes: Israel y Turquía principalmente.

Al ser consultada sobre el futuro de este idioma, la directora del instituto en Tel Aviv, Rosa Moro, asegura que «no es una lengua muerta, todo lo contrario».

«En las calles (israelíes) yo he oído ladino y me he encontrado a gente que lo habla en su casa», afirma sobre un fenómeno que ella califica de «muestra de lealtad sin precedente» hacia un pasado estrechamente vinculado a la historia de España.

Aún así, tanto ella como Navón son conscientes de la incertidumbre que rodea a esta valiosa herencia.

«Ahora mismo está viva, no sé qué pasará cuando desaparezcan las generaciones más adultas, puede ser que deje de estar vivo en el día día, pero no su cultura», afirma Moro.

Y echa mano de una famosa cita del escritor Isaac Bashevis Singer para expresar su incondicional optimismo: «Hace 500 años que el judeoespañol está agonizando, yo le deseo otros 500 de agonía».

Por su parte, Navón está convencido de que el ladino sobrevivirá si bien no sabe de qué manera o cuántas personas lo hablarán.

«Quizás tenga otro aspecto, otro énfasis, depende de que la gente tenga interés en esto», insiste.

El optimismo de ambos se origina en el despertar que está teniendo esta lengua entre las nuevas generaciones, y en las incontables actividades convocadas en Israel, España y otros países.

«El ladino se habla cada día más. Estamos viendo que la gente está regresando al ladino, quieren hablar el ladino, quiere cantar en ladino», explica Lea Alaluf, coordinadora del curso de conversación que el Cervantes de Tel Aviv organiza todos los años.

Según Alaluf, los hijos e incluso nietos de la última generación de ladinohablantes están mostrando interés por razones de todo tipo, sobre todo sentimentales y religiosas, y es en ellos en los que la Autoridad del Ladino deposita su esperanza para que no desaparezca esta kultura.

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