Noticias del español

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| Los Andes (www.diariolosandes.com.ec), Ecuador
Lunes, 12 de octubre del 2009

EL IDIOMA ESPAÑOL

El español o castellano es una lengua romance del grupo ibérico.


Es uno de los seis idiomas oficiales de la ONU y, tras el Chino mandarín, es la lengua más hablada del mundo por el número de personas que la tienen como lengua materna. Es también idioma oficial en varias de las principales organizaciones político-económicas internacionales (UE, UA, OEA, OEI, TLC, CAN, Unasur, Caricom y el Tratado Antártico, entre otras).

Lo hablan como primera y segunda lengua entre 450 y 500 millones de personas, pudiendo ser la tercera lengua más hablada considerando los que lo hablan como primera y segunda lengua. Por otro lado, el español es el segundo idioma más estudiado en el mundo tras el inglés, con al menos 17,8 millones de estudiantes, si bien otras fuentes indican que se superan los 46 millones de estudiantes distribuidos en 90 países, y la tercera lengua más usada en Internet (8,2 % del total); se espera que para el 2050 lo hable el 10 % de la población mundial, con Estados Unidos como primer país hispanohablante.

Como las otras lenguas romances, es una continuación moderna del latín hablado (denominado latín vulgar), desde el siglo III, que tras el desmembramiento del Imperio Romano fue divergiendo de las otras variantes del latín que se hablaban en las distintas provincias del antiguo Imperio, dando lugar mediante una lenta evolución a las distintas Lenguas romances. Debido a su propagación por América, el español es, con diferencia, la lengua romance que ha logrado mayor difusión.

Etimología

El castellano se originó como un dialecto del latín en las zonas limítrofes entre Cantabria, Burgos, Álava y La Rioja, provincias del actual norte de España, entonces integradas o limítrofes con el condado, posteriormente reino de Castilla. Aunque el idioma oficial siguió siendo el latín, pronto la nueva lengua se convirtió en la lengua más hablada en el reino de Castilla y de ahí su nombre original de idioma castellano, en referencia a la zona geográfica donde se originó.

La otra denominación del idioma, español, procede del latín medieval hispaniolus, procedente de la denominación latina de la Península Ibérica: Hispania o, más bien, de su forma ultracorrecta. Cabe recordar que en latín tardío no se pronunciaba la h pero, por motivos eufónicos, se añadía una e- a las palabras que empezaban con s + consonante. En consecuencia, se creía que la forma escrita correcta de hispaniolus era spaniolus (Cf. italiano: storia por historia).

Otra teoría afirma que spaniolus (literalmente hispanito, españolito) procede del occitano espaignol. Menéndez Pidal ofrece otra explicación etimológica: el clásico hispanus o hispánicus tomó en latín vulgar el sufijo «-one (como en bretón, borgoñón, sajón, frisón, lapón…) y de hispanione se pasó en castellano antiguo a españón, luego disimilando las dos nasales se llegó a español, con la terminación -ol, que no se usa para significar naciones».

Historia

La historia del idioma comienza con el latín vulgar del Imperio Romano, precisamente de la zona central del norte de Hispania. Tras la caída del Imperio Romano en el siglo V, la influencia del latín culto en la gente común fue disminuyendo paulatinamente. El latín hablado de entonces fue el fermento de las variedades romances hispánicas, entre ellas el castellano antiguo, origen a su vez (al menos en la proporción mayor) de las variedades que constituyen la lengua española. En el siglo VIII, la invasión musulmana de la Península Ibérica hace que se formen dos zonas bien diferenciadas. En Al-Ándalus se hablarán los dialectos romances englobados con el término mozárabe (no árabe), además de las lenguas de la minoría extranjera-invasora alóctona (árabe y bereber). Mientras, en la zona en que se forman los reinos cristianos desde pocos años después del inicio de la dominación musulmana, comenzará una evolución divergente, en la que surgen varias modalidades romances; la catalana, la aragonesa, la astur-leonesa y la gallego-portuguesa, además de la castellana, que resultaría dominante entre la población de la península.

La lengua originaria castellana nació en el condado medieval de Castilla (sur de Cantabria y norte de Burgos), con influencias vascas y de los germanos visigodos. Los textos más antiguos que se conocen en castellano son los Cartularios de Valpuesta, conservados en la Iglesia de Santa María de Valpuesta (Burgos), un conjunto de textos que constituye copias de documentos, algunos escritos en fecha tan temprana como el siglo X, seguidos de las Glosas Emilianenses, que datan de finales del siglo X o principios del XI, que se conservan en el Monasterio de Yuso, en San Millán de la Cogolla (La Rioja), localidad considerada centro medieval de cultura.

Se extendió por la península durante la Baja Edad Media debido a la continua expansión del reino de Castilla en este período: expansión militar en la llamada Reconquista y expansión político-diplomática con la incorporación a la Corona de Castilla de los reinos de León y Galicia con Fernando III de Castilla. La hegemonía política y militar de Castilla creció con la introducción de una dinastía castellana en la Corona de Aragón con Fernando I, que llevaría a la unión final peninsular con los Reyes Católicos. Esta hegemonía unida a la pujanza económica y social de Castilla hicieron del Castellano una lengua franca en la Península Ibérica.

En el siglo XV el castellano se introdujo en casi toda España y era ampliamente mayoritaria en regiones que no pertenecían originariamente a la Corona de Castilla como las actuales provincias de Teruel, Zaragoza o sur de Navarra. En 1492 el sevillano Antonio de Nebrija publicó en Salamanca su Grammatica, primer tratado de gramática de la lengua española, y también primero de una lengua neolatina europea.

Se estima que a mediados del siglo XVI el 80 % de los españoles hablaba castellano. En esa época ya había comenzado el reajuste consonántico, que significó la reducción del sistema fonémico al pasar de 6 consonantes sibilantes a sólo una o dos según la variedad.

La colonización, iniciada en el siglo XVI, expandió el español por la mayor parte del continente americano. Esta colonización fue una empresa exclusivamente castellana y los territorios americanos colonizados se integraban en la Corona de Castilla, por lo que fue la lengua de Castilla la que se usó desde el principio en la administración colonial. Tras conseguir la independencia los nuevos estados americanos iniciaron procesos de unificación lingüística que extendieron el idioma a través de todo el continente, desde California hasta el Estrecho de Magallanes.

En España, la política de castellanización y consiguiente minorización del resto de lenguas vernáculas, inició en el siglo XVIII con Felipe V, dentro del proceso de construcción de un estado nación centralizado y unificado. Ya en 1792 aparece con éxito un periódico privado en castellano en Cataluña, el Diario de Barcelona y en 1807 en Gerona (Diario de Gerona) y aún antes en ciudades bilingües como Vigo o Bilbao.

El idioma español siempre tuvo numerosas variantes que, si bien respetan el tronco principal latino, tienen diferencias de pronunciación y vocabulario, como sucede con cualquier otra lengua. A esto hay que agregar el contacto con los idiomas de las poblaciones nativas, como el aimara, chibcha, guaraní, mapudungun, maya, náhuatl, quechua, taíno y tagalo, entre otros, que hicieron también contribuciones al léxico del idioma, no sólo en sus zonas de influencia, sino —en algunos casos— en el léxico global.

Polémica sobre español o castellano

La polémica en torno a los términos estriba en si resulta más apropiado denominar a la lengua hablada en Hispanoamérica, en España y en otras zonas hispanoparlantes «español» o «castellano», o bien si ambas son formas perfectamente sinónimas y aceptables, que es actualmente el criterio académico.

Como muchas de las controversias relacionadas con la denominación de una lengua identificable con un determinado territorio (español con España, y castellano con Castilla), o que lleva aparejada una ideología o un pasado histórico que provoca rechazo, o que implica una lucha en favor de una denominación única para facilitar su identificación internacional y la localización de las producciones en dicha lengua (por ejemplo, en redes informáticas), la controversia es de raíz ideológica, política y económica.

Desde el punto de vista estrictamente lingüístico, no hay preferencias por una denominación u otra. La ciencia lingüística, siempre que no actúe ideológicamente, se limita a estudiar y caracterizar la complejidad de los sistemas lingüísticos interrelacionados que componen un diasistema o lengua histórica (como conjunto más o menos complejo de variedades geolectales, sociolectales y funcionales, variables a su vez en el tiempo), y, terminológicamente, a recoger los diversos usos denominativos de una lengua o familia de variedades. Para la lingüística, pues, ambos términos son válidos a la hora de designar el diasistema de la lengua histórica llamada popular y oficialmente castellana o española.

En el ámbito normativo prescriptivo, según la normativa establecida por los principales organismos de política lingüística del área hispanohablante en lo relativo a la codificación del estándar idiomático (Real Academia Española y Asociación de Academias de la Lengua Española), castellano y español son términos sinónimos, aunque el Diccionario panhispánico de dudas, obra de carácter normativo actualmente vigente, recomienda no obstante la denominación de «idioma español» por ser la utilizada generalmente en otros idiomas nacionales (spanish, espanhol, espagnol, spanisch, spaans, spagnolo, etc.).

Lenguas Derivadas

Se derivan:

Chaban, lengua criolla hablada en Filipinas y Sabah

Chamorro, lengua malayo-polinesia hablada en zonas del Pacífico, con mucha influencia del español;

Judeo-español, sefardí o ladino, hablado por los judíos sefardíes y su dialecto marroquí, llamado haquetía o haketiyya;

Papiamento, lengua criolla mezcla de español, portugués y otras lenguas, hablada en el sur del Caribe y que tiene diferentes variantes: papiamento de Aruba, papiamento de Bonaire y papiamento de Curazao.

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